Calle 8, Miami (Imagen de Archivo) Foto © CiberCuba

Recargas, remesas y 'viajeteo': en Miami siempre es 26

No puedo evitar reírme cuando veo memes sobre la supuesta complicidad de cubanos de Miami con el Gobierno de la Isla. Los hay que poco menos que insinúan que “por las recargas, por las remesas, por el ‘viajeteo’ y por su apoyo vital a la economía cubana”, están luchando la sede del 26 de julio para la ciudad.

Seguiría riéndome si no fuera porque el tema es serio. Aquí en Europa, los emigrantes cubanos no tenemos ese ‘gardeo’, que tampoco tiene nada de original porque lo hemos vivido todos a través del ojo avizor y la lengua flácida de los Comités de Defensa de la Revolución.

Me pregunto ¿qué se supone que deben hacer los cubanos con familiares que están en la Isla a la espera de un Parole o de cualquier otra figura migratoria para reunirse en la Florida? ¿Condenarlos de hambre; castigarlos con la incomunicación y dejarlos sin saldo en el celular? No se le puede dar una patada al Gobierno en el culo de nuestras familias.

Los cubanos no somos los únicos emigrantes que en vacaciones nos escapamos al terruño. Bueno, los que pueden. Lo hacen millones de marroquíes todos los años en la famosa Operación Paso del Estrecho, que atraviesa toda Europa hasta los puertos españoles de Ceuta y Melilla, en el norte de África. ¿Eso significa que le dan oxígeno al Reino de Mohamed VI? Digamos que es un daño colateral. Significa que vuelven a casa.

No estamos en los años 60, cuando las diferencias ideológicas rompieron familias enteras en Cuba. Padres, hijos y hermanos dejaron de hablarse durante décadas. Esa, en mi opinión, es la gran batalla perdida de los colegios católicos cubanos. No consiguieron enseñar lo que el comunismo, sin quererlo, nos ha enseñado a las siguientes generaciones: con cada golpe que nos dan, aprendemos que la familia es sagrada. Mátame, machácame, aplástame, húndeme, pero no toques a mi gente porque me tendrás enfrente.

No concuerdo con quienes critican a los cubanos que aseguran haber sido perseguidos en la Isla para conseguir la residencia en Estados Unidos y luego regresan y se dejan allí todo el dinero. Digamos que es un tema complejo. El problema no es tanto de quién lo hace sino de quién lo permite. Con esta jugada ganan todos. El dinero no va a parar solo a Cuba. También ganan las tiendas y agencias de Miami donde los viajeros cargan las maletas, compran teléfonos, billetes de avión y arreglan la documentación necesaria para levantar el vuelo. Muchos puestos de trabajo dependen en la Florida del ‘viajeteo’.

Estos, gracias a Dios, son otros tiempos. La generación dividida en los 60 sabe que esa ruptura con los suyos no consiguió derrocar al castrismo. Para las siguientes generaciones, los hermanos y hasta los primos de los primos de los primos que nunca hubiéramos conocido en Cuba, son importantes.

¿Y saben por qué? Porque de este lado del mundo todos, el que más y el que menos, ha pasado una Navidad añorando estar en casa. Ese es un privilegio que no tenemos muchos cubanos: los que no podemos viajar para pasar en familia el día 24 de diciembre. Somos muchos los que no podemos abrazar a nuestras madres el día de fin de año. Y sí, nuestro dinero da oxígeno al régimen. Pero, sobre todo, da oxígeno a nuestras familias.

Muchos de los que vivimos en España llevamos años sin pisar nuestra tierra. Cuando llegan los hijos, se complican las cosas y no es fácil pagar 1.000 euros por cabeza para subir todos a un avión en las fechas señaladas o en temporada alta.

Miami, mucho me temo, solo ha conseguido ser candidata a esa irónica sede del 26 por su cercanía geográfica a Cuba. Porque si la Florida estuviera en Siberia, no viajaba ni Dios. Miami, sede del 26. Si no fuera tan triste, me reiría.

Es increíble cómo el castrismo ha conseguido marcarnos con fechas como el 26 de julio y hasta el 17 de mayo (Día del campesino). Nos han adoctrinado tanto que más de uno se habrá sorprendido algún 28 de septiembre con ganas de hacer una caldosa en el extranjero.

Que en Miami muchos cuestionen a quienes viajan a Cuba a dejarse el dinero especulando o no es un éxito del castrismo. Es la constatación de que su propaganda funciona. Quienes vigilaban en Cuba, ahora son vigilados de este otro lado. Deberíamos montar academias de vigilantes de seguridad con denominación de origen cubano. Se nos da de escándalo.

Conozco a cubanos de Miami que, a estas alturas, no se atreven a poner fotos en Facebook no sea que les salga alguien por ahí y les denuncie por haber sido cabeza de pancarta en alguna marcha del pueblo combatiente. No tiene sentido. Señores, vivan y dejen vivir.

Nadie nos va a decir, a estas alturas, lo que podemos o no hacer con nuestras vidas y con nuestro dinero. Quienes vigilan, tienen total libertad para seguir haciéndolo. Yo no soy nadie para censurar su afición a escarbar y a la ‘miradera’ de hueco. Dejémosles que se les vaya la vida en eso. Los días que pasan no se recuperan. Nadie nos va a devolver los besos que no dimos o los abrazos que no sentimos. Nadie nos devuelve los años perdidos lejos de nuestras familias. Los entierros a los que no hemos podido ir o los cumpleaños que no hemos podido celebrar.

Hoy, un grupo de cubanos, los que forman la guardia pretoriana del régimen, añorará la celebración del acto central por el 26 de julio, suspendido por la pandemia. No habrá marchas ni moloteras ni fotos de manifestaciones multitudinarias que legitiman al Gobierno. Es importante que advirtamos a los nuestros de que no pueden avalar con su presencia ese tipo de concentraciones; que al que cojamos haciendo el paripé, de fiesta y parranda miliciana, le cortamos el agua y la luz. Para que lo entiendan clarito, se acaba el subsidio. Si tenemos la mala suerte de tener un familiar que cree en aquello, no hay nada que hacer. Pero si están montando un espectáculo pirotécnico, haciendo como que sí, pero no, entonces hay que hablarles en letra de molde: si quieren más comunismo, tendrán que lavarse la boca con el dedo.

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Tania Costa

(La Habana, 1973) vive en España. Ha dirigido el periódico español El Faro de Melilla y FaroTV Melilla. Fue jefa de la edición murciana de 20 minutos y asesora de Comunicación de la Vicepresidencia del Gobierno de Murcia (España)

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