Junior, Laura y Angelo, en su casa de Montevideo, Uruguay, dos años después de cruzar la selva de Guyana. Foto © Cortesía CiberCuba

Emigrante cubano cruza la selva con su mujer y su hijo de 9 años: “Tenemos planes, pero no tenemos plata”

Junior Penabad Hernández es de Marianao (La Habana), tiene 39 años y vive en Uruguay. Montevideo no es su fin de trayecto. Tiene en mente seguir camino hacia Nicaragua, después pasar a Guatemala y de ahí, intentar llegar a México, para en algún momento cruzar a Estados Unidos. “Tenemos planes de viajar, pero no tenemos plata y sin plata no podemos hacer nada”, comenta a CiberCuba por teléfono.

Él no viaja solo. Va con su mujer, Laura, de 30 años, y su hijo, Angelo. En La Habana dejaron a otro niño, que ahora tiene 7. Con su esposa y el mayor de sus hijos cruzó la selva que separa Guyana de Brasil en julio de 2018, tres días después de salir de La Habana. El niño tenía entonces 9 años. Les habían dicho que era fácil.

Junior está al tanto de que en Uruguay hay cubanos pidiendo vuelos humanitarios para regresar a la Isla. Sólo los que tienen familiares en Estados Unidos y reciben remesas, quieren seguir hacia México.

“Muchos cubanos se decepcionan (de emigrar) porque salimos sin conocimiento, como es mi caso. No teníamos información de nada y pensábamos que llegábamos a cualquier país y salíamos adelante. Uruguay es un país muy caro, con los salarios muy bajos y ahora con esto del coronavirus, todo es un problema. No nos da para pagar renta, luz, agua”, explica a CiberCuba.

La familia residió en Brasil unos meses hasta que reanudó su viaje migratorio. A las dificultades habituales para encontrar trabajo, se sumó la barrera del idioma. Ni él ni su mujer hablan portugués. Aún así, Angelo, su hijo, estuvo escolarizado en este país, como lo está también ahora en Uruguay.

La crisis del coronavirus hoy mantiene a Junior varado en la capital uruguaya. Consiguió trabajo y casa, con ayuda de otro cubano que ya se ha marchado a Perú, pero en estos momentos la familia lo está pasando mal, porque la pandemia lo tiene todo cerrado y no hay cómo hacer dinero. No tienen para pagar la renta y la cosa se está poniendo fea.

A pesar de lo que está viviendo, él dice que no se arrepiente de haber dado el paso de salir de Cuba, pero envía un consejo a quienes aspiran a emprender el mismo camino. “Si alguien quiere salir, que salga con plata para que no pase lo que yo he pasado”.

Ésta es la historia que este emigrante cubano ha contado a CiberCuba.

La salida de Cuba: Con 6 000 CUC

Junior vendió su apartamento en Marianao en 6000 CUC, un dinero que él cambió a dólares. “Eran 5000 y algo” y con eso emprendió su aventura migratoria la medianoche del 13 de julio de 2018. Cinco horas después aterrizaban en Guyana. “Casi estaba amaneciendo”.

Guyana: “Cuando sales es como que la vida está en riesgo”

Ni Junior ni su esposa ni su hijo habían viajado nunca. “No sabíamos esos riesgos”, reconoce este emigrante a CiberCuba. En Guyana estuvieron tres días porque no tenían información de nada. La primera noche durmieron en el hotel que les daban con la reservación del viaje. La segunda, en la casa de un cubano, que Junior conocía de Cuba. Él les consiguió el transporte para salir hacia Brasil.

La primera sorpresa se la llevó Junior cuando empezó a ver los precios de las avionetas. Todo era muy caro y finalmente se decantó por viajar por carretera. “Pensábamos que era tomar el auto y ya, llegábamos”. Pero su realidad fue bien distinta. Un camino que normalmente se puede hacer en 14 horas, él y su familia lo hicieron en 72 y pagando 350 dólares por cabeza.

Junior y su hijo de 9 años, en el camino a Brasil Foto: CiberCuba

Cruzando la selva de Guyana, en la zona pantanosa, se les hundió el transporte en el que viajaban junto a otros cubanos y venezolanos. “Tuvimos que dormir toda la noche en el auto hundido hasta que pasó una rastra y nos sacó de ese primer hueco, cobrándonos 100 dólares a cada uno de los que íbamos para Brasil”, señala a CiberCuba.

Sus sobresaltos no acabaron ahí. El auto volvió a hundirse, pero en esta segunda ocasión corrieron mejor suerte. Una familia francesa que iba en un 4x4 los remolcó durante kilómetros hasta sacarlos del pantano y no les cobró nada. El hijo de Junior y el niño de los franceses hicieron amistad. Eran de la misma edad. Uno hacía turismo y el otro estaba emigrando.

Al tercer día de viaje Junior y su familia llegaron, el 18 de julio de 2018 a la ciudad de Lethem, en la frontera de Guyana con Brasil.

Echando la vista atrás, este emigrante cubano confiesa que sintió miedo la noche que pasaron en selva. “Había carteles de leopardos, monos… Mi esposa pasó el viaje llorando. Yo no podía. Tenía que ser fuerte por el niño. Uno no conoce y cuando sales es como que la vida está en riesgo. En esa travesía prácticamente no existíamos. Gracias a Dios no nos sucedió nada y logramos llegar a la frontera”.

Junior, Laura y su hijo, Angelo. Foto: CiberCuba.

Brasil: "Muchas personas de la iglesia nos ayudaron"

En Lethem, Junior y su familia tuvieron que pagar otro auto para llegar a Boa Vista (Brasil). Allí un brasileño les insistió para llevarlos a un hotel, pero ellos no aceptaron. Creyeron prudente desconfiar de desconocidos. En esa ciudad durmieron dos noches en un hotel. Al tercer día se dieron cuenta de que enfrente tenían una terminal y sacaron un boleto para Manaos, donde cogieron un avión de madrugada hasta Río de Janeiro. Les quedaban cerca de 1000 dólares que tuvieron que cambiar a reales.

El 23 de julio de 2018 finalmente arribaron a Volta Redonda, un municipio de Río, en el que pese a no hablar portugués, Junior y su familia consiguieron vivir nueve meses, trabajar, reunir algo de dinero y regularizar su situación en el país, con cartera de trabajo y CPF, que es el documento de identificación fiscal sin el cual no se puede hacer ningún tipo de transacción financiera en Brasil.

Pero los inicios fueron difíciles. Los tres primeros meses en Volta Redonda no encontraban trabajo. Estaban solos, no conocían el idioma y el dinero que sacaron de Cuba se les acabó. Fue entonces cuando consiguieron un empleo particular que les permitió volver a soñar con reanudar el viaje a México.

“En Brasil encontramos buena gente. Muchas personas de la iglesia nos ayudaron, pero sabíamos que el futuro que buscamos no lo íbamos a encontrar ahí”. A Junior le pudo también la presión de saber que tiene otro niño de 7 años en Cuba al que tiene que enviarle dinero y desde Brasil es imposible hacerlo a través de Western Union. Eso también le empujó a marcharse.

Estaban decididos a emprender de nuevo el viaje. Esta vez sí eran conscientes de que llevaban poco dinero y ningunas ganas de volver a correr el riesgo de cruzar fronteras.

Uruguay: “Estamos en cero otra vez”

Junior y su familia entraron en Uruguay por Rivera, en la frontera con Santana do Livramento, el 28 de abril de 2019. El viaje duró dos días en bus. El último tramo, desde Porto Alegre, lo hicieron en taxi hasta Rivera. Allí se quedaron, a dos o tres cuadras de Brasil, durante cuatro meses, pensando que al tener documentación legal brasileña iban a conseguir algún trabajo, pero no. La ciudad era pequeña y no tenían la cédula de residencia en Uruguay. Él encontró trabajo de ayudante en un restaurante y su esposa, limpiando y cocinando para algunas familias. Al final tuvieron que irse, dejando detrás 14.000 pesos de deuda por dos meses de renta. Antes habían tenido que vender un televisor y lo poco que tenían.

Pudieron viajar a Montevideo porque un señor mayor uruguayo, familia de un niño al que Junior le daba clases de guitarra, les cogió aprecio y les pagó el pasaje cuando él le contó sus sueños.

En la capital uruguaya un cubano los recogió en su casa, los ayudó y luego continuó su camino hacia Perú. Junior y su esposa pasaron dos meses sin trabajar hasta que les llegó la cédula. A partir de eso momento, la situación empezó a mejorar a las afueras de Montevideo.

Ahora, con el coronavirus, ninguna empresa acepta currículos. Vuelven a tener una deuda de 9000 pesos de la renta y como dice él: “Se complican las cosas”. Están a la espera de saber si el dueño de la casa donde viven les rescinde el contrato y tienen que irse a vivir a la calle.

La familia ahora sólo aspira a que alguien o alguna asociación les ayude a continuar su camino. No se arrepiente de haberse marchado de la Isla porque "en Cuba no hay vida", dice Junior convencido.

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Tania Costa

(La Habana, 1973) vive en España. Ha dirigido el periódico español El Faro de Melilla y FaroTV Melilla. Fue jefa de la edición murciana de 20 minutos y asesora de Comunicación de la Vicepresidencia del Gobierno de Murcia (España)

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