Balseros cubanos en Guantánamo, en 1994. Al lado, una balsa usada en la crisis de los balseros. Foto © Cortesía para CiberCuba

¿Qué hay de malo en ser balsero?

Yolaine Herrera Valdés (Yoly) se subió a una balsa en agosto de 1994 con 22 años. En Cuba no tenía casa. Vivía en el Bahía (Habana del Este) con su abuelita, sus tíos, su marido Alfredo y Jordano, su único hijo en aquel momento. El anuncio de Fidel Castro de que no iba a impedir que los cubanos se tiraran al mar, la pilló en Lawton. Hasta allá fue a buscarla su esposo y la llevó para el Mariel.

Yoly subió a una lancha con Alfredo, dejando a su hijo en Cuba. Hizo la travesía junto a otras 14 personas. Fue difícil porque los cogió una tormenta en alta mar y estuvieron deambulando por el Golfo de México. Había muchos cadáveres en el agua. "Las olas eran inmensas. Aquello subía y bajaba. La noche era negra. El mar era negro y violeta. Yo me vi muerta. El cielo se unía con el mar y tú no sabías ni para dónde ibas. Ya no teníamos agua. La pasamos bien mal, sin comida y sin nada. Salimos a lo loco. Pero si tuviera que volver a hacerlo, lo haría. Por estar en libertad, claro que sí", dice a CiberCuba.

Yolaine Herrera Valdés (d), con su esposo Alfredo (c), en la Base Naval de Guantánamo. Foto: CiberCuba

Yoly es balsera y no se ha sentido discriminada en Estados Unidos por ello. "Nunca nos rechazaron, que si tú eres cubano, que si eres balsero. Nos dieron muchísimas oportunidades. Es un honor lanzarte al mar por tus sueños. Somos balseros y súper orgullosos de serlo".

Sin embargo, la palabra "balsero" tiene en Miami una connotación peyorativa. CiberCuba ha preguntado a emigrantes, escritores, expertos y periodistas qué hay detrás del tono despectivo que acompaña a este término.

La connotación peyorativa de la palabra "balsero"

La Real Academia de la Lengua (RAE), consultada por CiberCuba, aclara que el término "balsero" se refiere única y exclusivamente "al modo de entrada de esa persona al país de llegada con independencia de si su peripecia fue o no exitosa". Para la RAE, balsero es la persona encargada de conducir una balsa y no hay en ello ninguna connotación negativa.

Respuesta de la RAE a CiberCuba. Foto: CiberCuba

Van un poco más allá los expertos en aclarar dudas de Fundéu, la Fundación de la agencia EFE, que a preguntas de CiberCuba sobre si "balsero" es o no un término peyorativo contestan: "Las connotaciones de las palabras pueden depender de diversos factores, a menudo extralingüísticos, que no siempre está en las palabras sino en las circunstancias que rodean a lo que estas expresan. Que un determinado uso se pueda considerar peyorativo puede depender del contexto y de otros factores, aunque la palabra en sí, en principio, no lo sea".

Ahonda en esta línea la cubana Martha Montejo Pizarro, profesora de Español en la Universidad de Arkansas, en Fayetteville, que relaciona el descrédito a los balseros dentro de Cuba con las políticas de estigmatización del gobierno cubano. "Parece increíble que la vieja técnica del descrédito aún funcione en una sociedad con más de 60 años de dictadura, y donde supuestamente sus ciudadanos ya deberían estar alertas ante sus métodos. Pero no, continúa vigente. Según el discurso oficial, solo los traidores al régimen cubano son los que abandonan el país. Y un traidor, en la etimología castrista, ha sido sinónimo de burgués, gusano, balsero, lacra, vende patria, desafecto, mercenario… por solo mencionar algunos términos".

A Montejo Pizarro no le parece casual que las dos grandes olas migratorias de Cuba (Mariel, en 1980, y crisis de los balseros, en 1994) emparenten dos términos que han ganado una connotación peyorativa: "marielitos y balseros". "Lamentablemente, hasta fuera de las fronteras de Cuba funciona la estigmatización negativa que cubre con su mismo manto a cualquier cubano que no tuvo la suerte de salir del país por el sorteo de visas, oportunidades profesionales o de estudio, reunificaciones familiares o cualquier otra vía posible".

Para el escritor cubano Enrique del Risco, el uso despectivo de la palabra "balsero" es "la tendencia natural de cada oleada migratoria a despreciar un poco a las anteriores. Pasó antes con los 'marielitos'. También deja notar diferencias generacionales, marcadas por los hábitos, la economía, la extracción social o la raza".

En su opinión "el éxodo de los balseros es el más democrático: fueron los que estaban lo bastante desesperados para montar en una balsa. En oleadas anteriores se iban los que tenían posibilidades económicas para hacerlo, parientes en el exterior etc o los que el gobierno permitía".

"Para mí es la humanidad en funciones: buscando una manera de diferenciarse y despreciar al que está más abajo", dijo en declaraciones a CiberCuba.

El actor y presentador cubano Jorge Federcaz, residente en Miami, confiesa que no le gusta el término "balsero". "A mí no me agrada para nada. No lo uso. ¿De dónde viene y por qué? Del Mariel y del manto de ciudadanos de tercera que el régimen cubano se encargó de lanzar sobre los que cruzaron el charco en aquel momento y que, en esta orilla, replicaron lo que habían hecho en Cuba. Ahí está hasta el día de hoy. Es algo que ni mínimamente se advierte, pero lo cierto es que el régimen cubano a conciencia o no, coló el término en el imaginario de esta ciudad".

Coincide con Federcaz, un veterano periodista cubano que ahora reside en España. "Pienso que la connotación peyorativa del término sea por los líos en que se metieron muchos de los que llegaron (a EE.UU.) cuando el Mariel, que creo es cuando se les empieza a llamar balseros. La crisis de los 90 le dio fama al término. De esos viajes hay gente que se merece un monumento grandísimo pues viajaron en cosas increíbles y arriesgaron su vida y la de sus familias".

El escritor cubano Michael H. Miranda, radicado en Estados Unidos, tiene un hermano balsero y cree que la connotación peyorativa del término es "un proceso típico de uso del lenguaje que opera en dos direcciones: por un lado es cierto que tiene una connotación negativa en dependencia del contexto en que se usa, pero por otro termina siendo asumido y expresado por un grupo mayor de personas ya sea como burla o como estigmatización. Lo mismo que con la llamada "generación riquera o reguetonera" o con los que cruzaron por Centroamérica", asegura a este portal.

"Creo que no se puede desligar de la posición de zona de confort de los que ya están aquí, que suelen hablar desde ciertas posiciones de privilegio (el de haber llegado antes) y quieren desligarse de todos los desafíos que trae la gente nueva que llega", añadió.

Para la traductora e intérprete, Mariely Amaro, que vive en Miami, la palabra "balseros" tiene un toque despectivo dependiendo de quién lo utilice. "El término balsero es una ofensa cuando se usa para estereotipar a los cubanos que han llegado a Miami, particularmente del evento Mariel en adelante, por las vías que sean. Comúnmente, el balsero no es solo el que llegó a los Estados Unidos por mar, sino los cubanos que se expresan de cierta forma o se visten de manera llamativa o los que llevan poco tiempo en el país o los que no hablan inglés. El balsero se ha convertido en una caricatura del cubano que emigra a Estados Unidos y a veces se torna como burla, pero burla permitida y aceptada entre los que somos amigos, no entre alguien más que te diga que porque no naciste aquí, eres balsero, incluso aunque hayas venido en avión y legalmente. El término balsero es una ofensa dependiendo de cómo se dice y quién lo dice".

Limay González, periodista cubana también radicada en Miami, cree que el tono peyorativo de la palabra "balsero" depende mucho del contexto en que se usa. "Puede ser que en un grupo pueda verse un balsero como alguien que hizo un acto casi heroico para salir de Cuba. Las historias de vida o muerte de los balseros son reales y siguen impactando. Sin embargo, el término también es usado de manera muy peyorativa. Un balsero puede relacionarse a un cubano de poca educación, malos modales, agresivo, con una estética muy particular (forma de vestir, cadenas etc), gritones, vulgares, materialistas. Bajo ese término se ha definido una manera de comportarse, vestir y ver la vida. Pero piensa que antes de eso, el término 'marielito' sufrió lo mismo".

Desde Europa no se ve igual

Cuenta Ana (nombre ficticio), cubana que ha echado raíces en España, que le sorprendió llegar a Miami de visita y ver que para una amiga suya era un problema que su hijo, que nació en Cuba, tuviera una novia, nacida en Estados Unidos, pero hija de balseros. "A mí me parece que los cubanos siempre hemos sido muy clasistas. Ahora los hay que se han vuelto votantes de Trump para diferenciarse del resto de inmigrantes. Creen que nosotros emigramos bien, que somos buenos, pero que los que cruzan el muro son malos. Hay un doble rasero. Nos hemos creído lo mejor del mundo. Los habaneros más todavía”, explica a CiberCuba.

Concuerda con ella su esposo, Antonio (nombre ficticio), también residente en España. Él recuerda que en esa visita a Miami se compró una camisa cara y un amigo le reprochó que eligiera una marca de "balseros".  "Me sorprendió porque los padres de su novia son balseros". Por eso, cree que el toque despectivo del término responde a que "en diferentes décadas y en cada momento ha sido denostada la última oleada de inmigrantes por diferentes motivos. Cuando el Mariel, los 'marielitos' eran lo peor porque como el gobierno cubano dejó salir presos, también había un componente social jodido. Llegó mucha gente en barco y muchos delincuentes. Como los últimos que llegaron de esa manera fueron los balseros del 94, entre los propios cubanos hay discriminación sobre cómo se visten o dónde compran".

Para el refugiado político cubano Franklyn Delgado, residente en los Países Bajos, la connotación peyorativa del término balsero surge de un contexto económico, político y social determinado. "Para mí son personas valientes, desesperadas por el hambre y la miseria, que son empujados a arriesgar sus vidas en el mar por un gobierno opresor y dictatorial que no ha sabido resolver su crisis económica en 61 años. El propio gobierno de Cuba es el que más se ha beneficiado de ese éxodo masivo de cubanos".

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Tania Costa

(La Habana, 1973) vive en España. Ha dirigido el periódico español El Faro de Melilla y FaroTV Melilla. Fue jefa de la edición murciana de 20 minutos y asesora de Comunicación de la Vicepresidencia del Gobierno de Murcia (España)

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