La cubana Lilibet López superó un cáncer nada más llegar a Estados Unidos. Foto © CiberCuba

Rostros de Cuba: Lili, la madre decoradora

Lilibet López rara vez se acuesta antes de las dos de la madrugada. “A esa hora es cuando más adelanto”. Lo mismo aprovecha para limpiar la casa que para darle los últimos retoques a un arreglo floral pendiente. La cervical y la vista la castigan a ratos, pero está clara de que en Estados Unidos “hay que trabajar muy duro”.   

Cuando salió de Cuba con su hija y su esposo en 2015 (algo que deseaba “hacía mucho tiempo”), sabía que les esperaba una aventura difícil. Pero era la mejor aventura posible para darle a su niña un futuro decente.

De poco le había servido a Lili lo que aprendió de Informática en un politécnico de Cuba. Su sostén económico provino siempre de distintas fuentes en la Isla y en Miami ocurrió lo mismo. Fue dependiente en un ‘Goodwill’ (empresa que da trabajo a personas vulnerables) y en un restaurant.

Lilibet López, en Miami. Foto: CiberCuba

Limpió para una compañía a pesar de que su madre se lo reprochara. “Ella lo veía mal, pero para mí era un trabajo tan digno como otro cualquiera”. Después coordinó las ventas en una clínica de cirugía plástica.

Pero nada de eso la motivó lo suficiente. “Creo que me faltaba tiempo porque yo no tenía una familia que me apoyara aquí y mi niña era muy pequeña. Me parecía que si estudiaba una carrera larga me iba a perder muchas cosas de su vida”.

Lilibet López, con su hija, en Miami. Foto: Cedida a CiberCuba.

Aunque a sus 34 años esta habanera defiende con absoluta certeza que “en Estados Unidos logras alcanzar todo lo que te propones”, jamás pensó que acabaría haciendo arte con flores. “Aquí me hice de herramientas que desarrollaron una faceta de mí que ni yo misma sabía que existía”. Así fue a parar comprando accesorios para hacer decoraciones que hoy están distribuidas en media Florida. 

No obstante, el más grande tropiezo de su aventura no demoró en llegar. Apenas le había empezado a coger el gusto al sueño americano cuando le diagnosticaron cáncer de tiroides.

“Seguí adelante en el peor momento de mi vida porque mi hija me necesitaba”. Después de su cara a cara con la muerte, quiso exprimir al máximo cada respiro. “Siento que este país me salvó, que me dio las fuerzas para crear. No ha sido fácil, pero ha valido la pena”. 

Lilibet López decidió que con la pandemia había llegado el momento de abrir su negocio: "Es ahora o nunca". Foto: CiberCuba

Las decoraciones las empezó a hacer en las horas que no le ocupaba su empleo “oficial”. “Era imposible entonces pensar en trabajar por mi cuenta porque solo con eso no podía cubrir todos mis gastos”. Sin embargo, el coronavirus la obligó a quedarse en casa para cuidar de su hija.

“Verme desempleada hizo que me decidiera. Me dije: ‘Es ahora o nunca’”. Tuvo que sacar “de donde no tenía, como decimos los cubanos” para montar “en un dos por tres” un showroom en su garage de 10x10 pies, con la idea de abrir una tienda más adelante. 

“Verme desempleada hizo que me decidiera. Me dije: ‘Es ahora o nunca’”.

Así pasó de ser la empleada de alguien a ser alguien dueño de un negocio. “Lleva más trabajo algo que es tuyo, horas sin dormir y poco tiempo con la familia, pero es un sacrificio del que obtienes frutos si eres perseverante. Desde que decidí emprender algo privado, cada día es un reto y un paso de superación. Cada vez quiero ser mejor”. 

Lilibet López, trabajando en su negocio. Foto: CiberCuba

Como asalariada siempre iba a tener que responder ante alguien y atenerse a ciertas normas y horarios que normalmente no son cómodos, “más si eres inmigrante como somos muchos y no tienes con quién contar para cuidar de tus hijos en tu ausencia”. Contaba con la tranquilidad que ofrece un salario fijo, aunque sabía que más que eso no podía ganar. “Si eres tu propio jefe administras el tiempo a tu conveniencia y tienes la posibilidad de generar mejores ingresos”. 

Su cuenta en Instagram supera ya los diez mil seguidores y en el último año sus arreglos han llegado a clientes que van desde amas de casa hasta las más grandes celebridades radicadas en la Ciudad del Sol. Asegura que en Cuba nunca hubiera podido tener algo así. Ni siquiera se le ocurrió imaginarlo. “Mis padres eran cuentapropistas y yo veía lo difícil que se les hacía salir adelante”. 

“Mis padres eran cuentapropistas y yo veía lo difícil que se les hacía salir adelante”.

- ¿En qué se diferencia comenzar un negocio en Cuba de hacerlo en Estados Unidos? (se imponía preguntarle).  

- Que aquí tienes todo al alcance de tu mano. Allá se dificulta mucho encontrar cualquier cosa que necesites, más si se trata de materias primas. Aquí no tienes que preocuparte por eso porque sabes que hay para todos. No es sencillo, insisto, pero sí menos engorroso reunir todo lo que requiere tu emprendimiento. 

Con su esposo “como bastón”, Lili tiene definidos objetivos. Ser madre es lo que más sentido le ha dado a su existencia. “Mi familia es un punto clave porque su apoyo ha hecho todo mucho más fácil. Les debo parte de lo que he podido lograr. Son lo primero para mí”. 

Luego está la posibilidad de escribir su propio destino. Y lo va haciendo bien. Tanto, que afirma que “lo mejor está por venir”.

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Katheryn Felipe

(La Habana, 1991) Licenciada en Periodismo por la Universidad de La Habana en 2014. Ha trabajado en diversos medios impresos, digitales y televisivos.

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