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Negligencia en el Hospital Nacional de Cuba: mujer denuncia entrega de un cadáver que no era el de su padre

Autoridades funerarias del Hospital Nacional en La Habana entregaron un cuerpo equivocado a una hija que había perdido a su padre.

Miriam García Sánchez, hija cubana afectada por la negligencia médica © Miriam García Sánchez / Facebook
Miriam García Sánchez, hija cubana afectada por la negligencia médica Foto © Miriam García Sánchez / Facebook

Este artículo es de hace 3 años

Una cubana identificada en Facebook como Miriam García Sánchez denunció que las autoridades del Hospital Nacional en La Habana cometieron una negligencia médica muy grave al entregarle un cadáver que no era el de su fallecido padre.

De acuerdo a la publicación de García Sánchez en redes sociales, una trabajadora social le informó el 25 de enero que su papá había fallecido a causa de una insuficiencia respiratoria el día 21 de enero.

La hija se apresuró al hospital para reconocer el cuerpo ese mismo día, pues su padre se encontraba indocumentado en el hospital. Ahí le comunicaron que debía esperar a ver el cadáver en la funeraria, y observó que el acta de defunción de su padre, encima de la mesa, informaba que este había fallecido el día 23 de enero y no el 21, por lo que empezó a sospechar.

Después de hacer todos los trámites y esperar por horas en la funeraria, Miriam García pudo comprobar que el cuerpo que le habían entregado no era el de su padre, sino que se trataba de otro señor fallecido por esas mismas fechas.

Según la hija, sus familiares regresaron inmediatamente al Hospital Nacional para devolver el cadáver ajeno y por fin obtener el de su padre, pero cuando llegaron ya no había ningún cuerpo. Las autoridades funerarias cambiaron el cuerpo de su padre por otro, el de una familia que, irresponsablemente, observó García Sanchez, le había dado sepultura al primero desde las 4:35 pm de ese mismo día.

Sanchez se encontró a si misma desesperada, y el 26 de enero se dirigió junto a su familia al Hospital Nacional nuevamente. Una vez en el lugar, varias funcionarias le dijeron que la responsabilidad había sido de la morgue.

Una de ellas, la jefa del Departamento de Admisión identificada como María, “quería que en el cementerio de Calabazar, donde fue enterrado mi papá con el nombre de Ovidio (el otro muerto), le entregara el cadáver para que yo no hiciera la denuncia legal, cosa que es un delito, pues el cuerpo no se puede desenterrar sin una orden de exhumación” escribió la hija, quien señaló la insensibilidad de las personas involucradas en este caso.

“Intentaron persuadirme para que lo dejara todo así y no causarles problemas. Jamás se detuvieron a pensar en mi dolor, que ni siquiera pude despedirme de él”, se lamentó.

Como si esto no fuera poco, un policía del hospital le comunicó que su padre los habían bajado el día 25 a la morgue y que él había pedido que identificaran bien el cadáver con una marca, pero que, al parecer, nadie lo había hecho.

Entonces llamaron a los familiares de Ovidio, un señor de más de 80 años, quienes no quisieron ocuparse de su entierro y que por cargo de conciencia, terminaron enterrando a su papá de modo equivocado.

“Son unos irresponsable”, dijo Miriam García, quien además tuvo entró en un careo con la familia de Ovidio cuando estos le dijeron que los dos hombres se parecían. Sin embargo, esta afirmó tajantemente que era todo lo contrario.

Según la hija,” Ovidio era calvo, de tez entre blanco y mulato, 1.60 de estatura, nariz ancha, orejas grandes, sin dientes, ojos oscuros”, mientras que su padre “medía más de 1.80, era rubio de ojos verdes, pelo canoso, piel blanca, barba y bigotes, y de 62 años”.

Cuando Miriam García decidió hacer la denuncia el mismo día, se enfrentó a un proceso burocrático en el que después de ir a más de una estación de policías y volver al hospital para aclarar el problema y recuperar a su padre, una mayor de Santiago de las Vegas le gritó que su caso se trataba de un error y que eso no era un delito.

La hija se lamentó, indignada, de que “la capitana Yanet”, quien comenzó a atender su caso aún no le diera respuesta y no contesta sus llamadas, y afirmó que al menos pudo cambiarle el nombre a la tumba de su padre, “un pedazo de tierra colorada” con una cruz llena de tachones de pintura.

“Luego de tantos días de carrera, de sentimientos encontrados, de dolor, ya sé donde está mi papá, pero también sé que no está descansando en paz como merece” escribió afligida la hija, quien concluyó afirmando que acusaría al Hospital Nacional por daños, perjuicios y negligencia médica.

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