Sale de la selva del Darién y sigue a pie hacia EE.UU: "La deportación a Cuba sería mi muerte"

Yosmel Barrios, de Santa Felicia (Marianao, La Habana), intentó entrar ilegalmente a Nicaragua para evitar pagar los 150 dólares que se exigen en Emigración, pero no lo consiguió. En la selva cuenta que la guerrilla panameña violó a tres mujeres que iban en su grupo.

Yosmel Barrios, este domingo 14 de febrero, en su viaje a pie por Costa Rica, de camino a EE.UU. Foto © Yosmel Barrios / Facebook

Yosmel Barrios es habanero, del barrio de Santa Felicia, en Marianao, y en estos momentos narra a través de vídeos cortos y live colgados en su muro de Facebook su aventura migratoria, cruzando a pie las fronteras de América Latina hasta llegar a su objetivo: los Estados Unidos.

Desde un centro del ICE (Servicio de Control de Inmigración de Aduanas) podría ser enviado de vuelta a Cuba. "La deportación sería mi muerte", confiesa vía telefónica.

Barrios salió de Uruguay con un grupo de diez cubanos con los que atravesó Brasil, Perú, Ecuador y Colombia. Allí, en un pueblo costero, subieron a la lancha de un coyote, que los llevó hasta Capurganá, en la frontera de Panamá.

En ese punto les estaba esperando un guía que supuestamente iba a llevarlos a un campamento en la selva del Darién. Pero el primer día los abandonó.

Al segundo día, Yosmel Barrios y los diez migrantes que le acompañaban fueron asaltados en la selva. Los bandidos les quitaron los teléfonos, el dinero que no pudieron ocultar y casi toda la comida que llevaban.

"Ahí empezó la pesadilla para nosotros. Sin guía y sin conocer la ruta hasta Panamá, tuvimos que abrirnos camino en la selva del Darién", cuenta a CiberCuba.

Barrios asegura que fue el primero en encontrar el campamento de la selva, después de seis días deambulando por el monte. Cuatro de ellos, sin comida. El grupo se dispersó y en el campamento, el cubano se juntó con haitianos y africanos con los que comparte objetivo: llegar a los Estados Unidos.

Cada vez que llegaba alguien nuevo al campamento de la selva del Darién, Yosmel Barios preguntaba por los cubanos que iban en su grupo, incluso con niños, y que había perdido en la selva. Casi siempre recibía la misma respuesta, que estaban a tres días de camino del campamento.

Finalmente llegaron, tras 10 días perdidos en la selva. El reencuentro fue compartido en Facebook con la alegría de saberse vivo en condiciones extremas.

"Llegaron bien, aunque fueron asaltados y tres de las mujeres que iban en el grupo fueron violadas por la guerrilla panameña. Es algo que suele pasar en la selva", comenta.

También se dio el caso de un matrimonio que viajaban con su niña de dos años y estuvieron 20 días en la selva. "Gracias a Dios, a ellos no les pasó nada", dice a CiberCuba.

Finalmente, todos salieron con vida de la selva. Yosmel Barrios pasó unos días en un campamento de la ONU en Panamá, pero se marchó. "Nos tratan como a presos. Nos maltratan. Las condiciones son muy malas", denuncia.

En lo que va de año 834 cubanos han llegado a Panamá y 433 han abandonado el país, según las estadísticas oficiales de Migración. Quedan en los campamentos 401 personas.

En todo el año pasado 42.326 cubanos fueron registrados en Panamá. De ellos, 20.949 en tránsito y 21.377 seguían en territorio panameño al cierre de 2020.

Nicaragua: lo peor después del Darién

Como en toda aventura migratoria, lo peor siempre está por llegar. Al arribar a la frontera de Nicaragua, el grupo se dividió de nuevo. Los que tenían los 150 dólares que se exigen para entrar al país, los pagaron y los que no, se quedaron a las puertas.

Yosmel Barrios llevaba poco dinero encima. Pagar esos 150 dólares era asumir que se quedaba sin nada. Por eso intentó entrar ilegalmente en Nicaragua, pero no hubo suerte.

"Me fui por la trocha y me agarró Emigración", cuenta a CiberCuba, en un alto a mitad del camino que recorría a pie junto a seis haitianos y seis africanos. "El único cubano soy yo", comenta.

"Ahora estoy a la espera de ver cómo cruzo el cerco migratorio sin ser detectado", añade durante la primera conversación con este diario, el fin de semana. Pero no hubo suerte. Lo volvieron a sorprender y tuvo que pagar los 150 dólares.

"Me quedan diez dólares para seguir camino. Hemos estado tres días intentando cruzar la frontera de Nicaragua y no pudimos. Después de la selva del Darién, ésta es la más mala".

Sabe que ahora le toca hacer un alto en el camino para trabajar y conseguir dinero con el que seguir su aventura migratoria. Por delante le quedan El Salvador, Honduras y México.

Cuando mira para atrás tiene la selva del Darién y más atrás, Cuba, un infierno del que salió el 8 de agosto de 2019, a las 7:30 am.

"De mi parte te digo que si vuelvo a nacer y tengo que volver a pasar el Darién en busca de la libertad y fuera del régimen castrista o del díazcanelismo, yo vuelvo a pasar el Darién 1.000 veces más, solo por estar lejos de esa represión. Les aconsejo a aquellas personas que se quieran repetir esta aventura que el Darién no es cosa de juego. Ahí se demuestra de qué estamos hechos. Lo que sí les pido que no sometan a menores de edad a hacer esa travesía porque si uno que es adulto pasa trabajo, imagínate esos niños inocentes y mujeres que piensan que el Darién es fácil", señala.

Según explica, muchos migrantes esperaban que tras pasar el proceso migratorio en cualquiera de los cuatro campamentos de Panamá, los montaran en un bus para llevarlos a la frontera de Costa Rica con un salvoconducto. Supuestamente, de esta forma les permitirían continuar viaje hasta llegar a la frontera de México.

En la práctica eso no funciona así. "Nos sacan de los campamentos y nos dejan a la deriva en la frontera de Nicaragua", aclara.

Yosmel Barrios sabe que el camino hasta los EE.UU. es largo y, además, duro. Sabe también que en ese camino e incluso en su destino puede encontrarse con la deportación. En mayo de 2020 41.339 que tenían una orden de repatriación vigente. En sus cuatro años de mandato, Trump deportó a Cuba a 3.385 personas. Es la cifra más alta de los últimos 40 años.

"Sí, corremos el riesgo de ser deportados, pero te digo que prefiero morir en el intento de ser libre, fuera de ese régimen. En ese país solo me quedan algunas personas que amo, las cuales dependen de mí ya que ellos me dieron la fuerza para desempeñar esta dura tarea y mi mayor objetivo es luchar por mi hijo. Creo que una deportación a Cuba seria mi muerte", señala.

Cuenta además que abandonó la Isla después de que la Policía se le tirara con un registro a las 4:00 am, acusándolo de contrarrevolucionario. "No les importó que estuviera mi hijo viendo todo eso", lamenta.

Ahora toca encontrar un trabajo y reunir algo de dinero para seguir camino hacia los Estados Unidos. El viaje continúa.

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Tania Costa

(La Habana, 1973) vive en España. Ha dirigido el periódico español El Faro de Melilla y FaroTV Melilla. Fue jefa de la edición murciana de 20 minutos y asesora de Comunicación de la Vicepresidencia del Gobierno de Murcia (España)

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