Alberto Navarro, embajador de Cuba en Estados Unidos, en una imagen de archivo. Foto © Cubadebate.

Alberto Navarro, embajador de Europa en Cuba: De charco en charco

El embajador de la Unión Europea (UE) en La Habana, Alberto Navarro, ha tirado por la borda 40 años de experiencia diplomática, y en un arrebato de locuacidad ha mostrado por escrito su apoyo a una carta promovida desde La Joven Cuba, que pide al Gobierno de Biden el levantamiento unilateral del embargo a la Isla, lo que le ha valido que su jefe, el canciller europeo Josep Borrell, le llame a consultas a Bruselas, luego de que 16 europarlamentarios pidieran su cabeza.

No contento con eso, Navarro también ha confesado a la periodista Camila Acosta, de Cubanet, que Cuba no es una dictadura. El hombre está en racha, va chapoteando de charco en charco y lo sabe.

Evidentemente, esa benevolencia del embajador de la UE hacia el Gobierno cubano contrasta con la mano dura con que la Unión Europea mantiene a raya a Polonia y Hungría. De hecho, en noviembre pasado condicionó las ayudas económicas al respeto del Estado de Derecho. Fue la manera sutil europea de pararle los pies a la deriva autoritaria de ambos países. Les dio donde más les duele: en el bolsillo.

De esta forma, Europa reforzó su apuesta por la defensa y protección de los valores democráticos, que son además, valores europeos, porque la UE no es ni puede ser sólo un mercado de 500 millones de consumidores. Es ante todo una alianza política única en el mundo, que funge como garante del respeto a la diversidad, pero, sobre todo, a los derechos humanos.

Por eso ha escocido tanto en España como en Bruselas saber que el embajador de esos valores europeos en La Habana, el diplomático español Alberto Navarro, se ha tomado la libertad de apoyar en una carta escrita por iniciativa propia y al margen de la política exterior de los 27 países que pertenecen la Unión, no sólo pedir a Biden que levante el embargo a Cuba sino, además, intentar convencer a diplomáticos de otros estados europeos acreditados en la Isla para que secundaran su temeridad.

Todavía no se había apagado ese incendio, que le ha valido ser llamado a consultas, cuando Alberto Navarro, hombre de confianza del ex ministro de Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, ahora al frente de la progresista Alianza de Civilizaciones de la ONU, pisó un charco aún más profundo.

Sincerándose con Cubanet, Navarro dijo que no considera que Cuba sea una dictadura, lo que ha dejado a medio mundo con una duda razonable. ¿Entonces qué forma de Gobierno describe a un país de partido único, sin separación de poderes y que a estas alturas del siglo XXI sigue sin ratificar el Pacto de Derechos Civiles, Políticos y Económicos de la ONU, que garantiza derechos humanos fundamentales como la libertad de expresión, de reunión o de manifestación?

Al señor Navarro ni siquiera le convenció el informe que recientemente hizo la Unidad de Inteligencia del grupo The Economist, clasificando a Cuba como estado autoritario y segunda peor democracia de América Latina, solo superada por la Venezuela de Nicolás Maduro.

Cuba debe encaminarse cuanto antes por la senda del respeto a los derechos humanos y no podrá hacerlo si quienes representan a la meca del respeto a esos derechos, no ven tan mal que un cubano no pueda regresar o salir de su país porque el Gobierno decide "regularlo".

No nos ayuda que un español que conoce lo bien que se vive en democracia niegue que Cuba es una forma de gobierno definida por los propios comunistas como "dictadura del proletariado". 

Europa debe replantearse su relación con Cuba ahora que el Gobierno de la Isla ha retomado con ímpetu los actos de repudio; la prisión domiciliaria extrajudicial o la violación de las comunicaciones.

¿En qué país de Europa la Policía te detiene y te formatea el teléfono? ¿Es así como le gustaría al señor Navarro que funcionaran las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en España?

Apuesto a que no. Pues bien, señor Navarro, lo que no quiere para España haga el favor de no tolerarlo en Cuba. Los cubanos, como Europa, queremos vivir unidos en la diversidad. No nos corte las alas.

Estoy por pensar que Navarro pese a ser de la cuerda del socialismo que gobierna en España ha forzado la máquina para conseguir su relevo urgente de Cuba.

Tras cuatro años en La Habana, el hombre puede haberse cansado de tantas colas. De Marruecos, otro régimen totalitario, terminó hastiado en tres años. De allí se fue a vivir destinado a República Dominicana, apelando a "motivos personales", según contó a CiberCuba un periodista español que le conoció en Rabat.

Ahora Cuba es invivible y el señor Navarro, amante de destinos tranquilos como Portugal o Chequia, ha dicho: Hasta luego, Lucas y ha conseguido en tiempo récord que lo llamen a consultas.

Veremos a ver en qué acaba esto, porque con Borrell en la Cancillería europea no es descabellado pensar que otros llegarán que harán bueno a Navarro.

Hay que ver cómo un personaje gris se ha colado por la puerta grande, en la historia de las relaciones entre la Unión Europea y Cuba. Nos queda la promesa de Dita Charanzová, la vicepresidenta europea a cargo de América Latina, cuando dijo en una vídeoconferencia con artistas cubanos: "No vamos a parar hasta que Cuba sea un país democrático".

Ese día llegará, pero el camino a recorrer no queremos hacerlo acompañados de gente como Alberto Navarro, que sigue sin entender que los cubanos nos jugamos mucho. Para nosotros es ahora o nunca.

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Tania Costa

(La Habana, 1973) vive en España. Ha dirigido el periódico español El Faro de Melilla y FaroTV Melilla. Fue jefa de la edición murciana de 20 minutos y asesora de Comunicación de la Vicepresidencia del Gobierno de Murcia (España)

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