Teniente coronel (r) Riva: Derramar la sangre del pueblo cubano es un acto criminal

Los militares en retiro, al igual que los que están activos, saben perfectamente que derramar la sangre del pueblo cubano es un acto criminal. Los que se encuentran activos no pueden expresarse, los que se encuentran en retiro y viven en Cuba, no se atreven a expresarse por temor a las represalias que puedan tomar con ellos y sus familiares. Los militares retirados que, nos encontramos fuera de Cuba, consideramos que, hacer un llamamiento para intentar evitar que se utilicen a las fuerzas armadas como forma de reprimir las justas protestas y demandas de los cubanos, es un deber moral y cívico.

Teniente coronel (r) Mario Riva, Master en Ciencias Militares Foto © Cortesía entrevistado

Mario Riva Morales (La Habana, 1950). Máster en Ciencias Militares, políglota con dominio del Inglés, Ruso y Portugués, desciende de emigrantes italianos de la región de Brescia, por parte de padre; de ahí su apellido  en singular, pero el mayor aporte de su familia no fue el patronímico sino que estudiara en buenos colegios privados y bilingües, pero siendo un muchachón descubrió su pasión por la aviación, especializándose en helicópteros con los que voló por el espacio revolucionario de Guinea Conakry, Angola y Cuba de punta a cabo.

Su desencanto con el castrismo fue en ascenso gradual, casi como su carrera militar, donde tuvo más de una bronca por oponerse a tácticas y estrategias combativas que consideró erróneas, aunque nunca rehusó jugarse el pellejo ante escenarios de guerra complicados y los desafíos de cúmulos nimbos que debían atravesar cinco helicópteros y Riva despegó y voló de puntero; o la última emboscada, ya retirado, cuando un oficial de la Inteligencia cubana lo tentó para que formara parte de lo que luego se conoció como La Red Avispa; entonces, quizá confirmó que sus días cubanos estaban agotados.

Mario Riva Morales ha contado su experiencia angoleña en el  libro La guerra innecesaria, imprescindible para conocer parte de las incursiones castristas en África, cuya última etapa fue también un desafío al Kremlin de Mijaíl Gorbachov, y en el que huye de cualquier tentación de magnificación de gestas, típica de las historiografías oficiales y deja claro el papel de Fidel Castro Ruz, Ochoa, Polo Frías y Enrique Acevedo en el Frente Sur de Angola, que no fue un sector único, como pretendió hacer ver el fallecido Comandante en Jefe.

Portada del libro de Riva / Foto: Cortesía entrevistado

En una próxima charla, abordaremos en profundidad su visión sobre los hitos de Cassinga, Cangamba y profundizaremos en Cuito Cuanavale y en su vida militar repleta de méritos y reconocimientos, pasión por el estudio y broncas con jefes sobre estrategias y tácticas combativas. Mario es un hombre de firmes y formados criterios, que pocas veces cazan bien con la disciplina militar; pero aguantó, ganó y perdió, sintió miedo y triunfó viviendo con su familia en Portugal.

CiberCuba cierra, con esta entrevista, su ronda de charlas con los cinco promotores de la Objeción de conciencia a militares en activos para que no disparen contra el pueblo cubanoGeneral de Brigada (r) Rafael del Pino, los Teniente coroneles (r) Máximo Ruiz Matoses y Alfredo Lima Pérez y el Teniente (r) Ángel Madrazo Giro

¿Que motivos te llevaron a firmar la carta dirigida a militares en activo, pidiéndoles que no repriman al pueblo cubano?

Los motivos son varios y no vienen de ahora. A principios de los años 90, estando en activo y siendo inspector de helicópteros en la Sección de Aviación de la DAAFAR, me ordenaron participar (con un helicóptero MI-17) en un entrenamiento para las tropas especiales de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), cuyo Puesto de Mando se encontraba en el Parque Almendares.

Mi participación respondía a la preparación de una Unidad especial de desembarco por el método de Rápel, al sur de Guanabo. Aquello era un pequeño pueblo fantasma. Algo fabricado para ser utilizado en maniobras de combate dentro de una ciudad. Algo parecido a una maqueta, pero de proporciones naturales. El helicóptero debía estacionarse sobre varias de las edificaciones y los comandos descenderían por cuerdas.

La idea de la maniobra era la utilización de fuerzas militarizadas para reprimir una manifestación popular, fuera de control. Allí pude ver diferentes artefactos que utilizan los órganos represores para contener y dispersar manifestaciones; desde balas de goma, hasta porras, cascos y escudos protectores, carros de bomberos con mangueras de agua a presión.

Pero lo que más me llamó la atención eran unas guaguas de la que descendieron unos muchachos (de ambos sexos), vestidos con jeans, tenis de marca capitalista y pañuelos atados en la cabeza, camisetas con la imagen del Che Guevara. Esa era la indumentaria, a no ser por un lazo azul, al parecer cosido a la camisa que, al preguntar que era aquello, me respondieron que era para diferenciarlos de los malos. Eso quería decir que esos muchachos iban a ser utilizados para ser infiltrados dentro de los supuestos contrarrevolucionarios.

El Coronel jefe de aquella unidad especial y yo, nos habíamos conocido en Angola, en 1988, cuando él avanzaba por el Flanco Sur Occidental del Frente Sur, hacia Ruacaná. Y yo trasladaba, en mi helicóptero, al General de División Arnaldo Ochoa Sánchez, jefe de la Misión Militar Cubana en Angola (MMCA) cuando recorría las diferentes unidades que avanzaban hacia la frontera con Namibia.

Aquel día, en Guanabo, ese coronel me dijo: El día que tenga que utilizar estas tropas, en contra del pueblo, se acabó la revolución.

El deterioro económico del régimen dictatorial de los hermanos Castro es cada vez más rápido junto a la ausencia de libertad y derechos humanos en Cuba.

Los militares en retiro, al igual que los que están activos, saben perfectamente que derramar la sangre del pueblo cubano es un acto criminal. Los que se encuentran activos no pueden expresarse, los que se encuentran en retiro y viven en Cuba, no se atreven a expresarse por temor a las represalias que puedan tomar con ellos y sus familiares.

Los militares retirados que, nos encontramos fuera de Cuba, consideramos que, hacer un llamamiento para intentar evitar que se utilicen a las fuerzas armadas como forma de reprimir las justas protestas y demandas de los cubanos, es un deber moral y cívico.

¿Cómo fue tu experiencia como copiloto del entonces presidente de Guinea Conakry, Ahmed Sékou Touré?

La experiencia como copiloto del helicóptero de Sekou Touré fue verdaderamente mala. Los guineanos tenían varias tripulaciones de helicópteros que, no estaban contentas con nuestra presencia allí. La barrera idiomática imposibilitaba cualquier comunicación. El jefe de la nave, que había estudiado en la URSS, en el ano 1961, hablaba muy mal el ruso y yo todavía no lo había aprendido. El único que se podía comunicar con ellos era el técnico de vuelo que, hacía pocos años había terminado los estudios. Nunca vimos al presidente. Nunca volamos con él. En los 365 días (casi exactos) que estuvimos allí, volé apenas 6 horas. Eso para un piloto es desastroso.

En aquella época las misiones eran muy secretas; íbamos con pasaportes falsos y nombres cambiados. Yo me llamaba Jesús Morales González y era Técnico porcino. No obstante, acudíamos a los vuelos de los MIG-17PF, de los pilotos de caza, cubanos, que allí se encontraban. Nuestra misión consistía en las labores de búsqueda, salvamento y rescate, en caso de que hubiera un accidente. La tarea era bastante difícil porque no teníamos acceso a los helicópteros, pero estaba implícito el uso de la fuerza en caso de una situación de accidente de un piloto cubano. Más claramente: Tendríamos que ocupar el helicóptero a como diera lugar y salir al rescate del piloto accidentado. Esta situación nunca se dio.

Parte de tu niñez transcurrió compartiendo vecindad con el fusilado coronel Antonio de la Guardia Font y su encarcelado jimagua general Patricio, con quienes te reencontraste en Angola, ¿qué recuerdos guardas de ambos?

PatricioTony (la Guardia) vivían, con sus padres, en una casa muy cerca de la mía. Los jimaguas eran diez años mayores que yo. Lo que sucedía era que los fiñes acostumbrábamos a jugar pelota en un placer aledaño a su casa y muchas veces, cuando ellos andaban por allí, venían vestidos con sus uniformes y se ponían a jugar con nosotros. Mis padres conocían, de siempre, a los suyos.

Pasados los años, nos encontramos nuevamente, cuando -a instancias de las Tropas Especiales del MININT- se propició un pequeño curso de pilotos de helicópteros, del cual yo formé parte como instructor. Luego vendrían ejercicios conjuntos de embarque y desembarque de tropas especiales desde un cayito adyacente a la unidad de tropas especiales en Jaimanitas, al cual, cariñosamente. le llamábamos Cayo Mierda. Los ejercicios de aterrizaje y desembarco sobre el Castillo del Príncipe con el fin de controlar una supuesta sublevación de los presos. Y, por último, la preparación de la guerrilla de Francisco Caamaño, en la Sierra del Rosario, Pinar del Rio. Todo esto en la primera mitad de la década de los 70 del pasado siglo.

Luego nos veríamos esporádicamente, aunque nos manteníamos en contacto mediante los ayudantes de Patricio y Tony que, habían sido condiscípulos míos desde que coincidimos en la escuela primaria  Héroes del Granma, ubicada en el Laguito. A Tony (la Guardia) no lo vi más personalmente. Con Patricio me encontré nuevamente en Angola, durante una visita suya a Huambo, comió y se quedó a dormir en mi casa allí, como Jefe del Regimiento de Helicópteros. Allí se conocieron la mujer de Patricio y la mía. El ayudante de Patricio, Enrique Foyo también estaba presente. Foyo había estado conmigo, tanto en la primaria del Laguito como en la Escuela Militar Camilo Cienfuegos.

Pasados los anos nos volvemos a encontrar en Huambo y pocos días después, aterrizo a 17 kilómetros de Cuito Cuanavale, en medio de los combates. Y me vuelvo a encontrar con Foyo que, estaba cumpliendo misiones de reconocimiento y se disponía a regresar a Menongue para informar los resultados. No sin antes tener que soportar tres granadas de G-5 o G-6 que por poco nos destruyen los helicópteros. Un MI-17, apoyado por un MI-24, en misión de búsqueda, salvamento y rescate (BSR).

Tu tercera misión en Angola coincidió con el mando del fusilado General de División Arnaldo Ochoa Sánchez, ¿era Ochoa un charlatán que hacía propuestas combativas erróneas, como intentaron hacer ver Raúl y Fidel Castro Ruz?

Ochoa era un jodedor, pero no era un charlatán; hace ya algunos años que salieron a la luz unos vídeos, donde aparecen los Generales Ochoa y Patricio de la Guardia, junto con el entonces coronel Lamas (jefe de la DAAFAR en Angola), en los que se ve cómo se burlaban del General Leopoldo Polito Cintras Frías, imágenes que, sacadas de contexto, parecen una burla. Nada más falso.

Polito, violando la orden de Fidel de no apoyar a las FAPLA en ningún frente, excepto Cuito Cuanavale y la autoridad de Ochoa, como jefe de misión, se puso a autorizar la subordinación de algunos aviones y helicópteros, a petición del general Pineo (Orlando Lorenzo Castro), que trataba de mantener viva la Operación Olivo, ese fue el motivo de las risas de Patricio y Arnaldo.

Pineo operaba en Huambo, centro de Angola, y Cintras Frías era solo Jefe del Frente Sur, por tanto, carecía de mando sobre otras regiones y estaba subordinado, como el resto de jefes y oficiales cubanos en Angola, al General de División Arnaldo Ochoa Sánchez, pero Polito se prestaba a los propósitos de Pineo, violando la cadena de mando y una orden del Comandante en Jefe, en tiempo de guerra.

Riva (izda.) en Angola / Foto: Cortesía entrevistado

La historia oficial presenta la batalla de Cuito Cuanavale, en Angola, como una muestra del genio militar de Fidel Castro Ruz, ¿coincides con esa apreciación?

La orden de Fidel Castro concentrando el apoyo de Cuba a las FAPLA, solo en Cuito Cuanavale entró en contradicción con la visión que tenía Ochoa sobre la situación dentro del territorio angolano, que estaba preocupado porque los angolanos fueran incapaces de defender sus posiciones en el entorno del puente sobre el río Cuanza, provocando que sudafricanos y UNITA tuvieran abierto el camino hacia Cuito Bié y, de no ser efectiva la defensa de Cuito Cuanavale, se estaba poniendo en peligro todo el centro de Angola.

Otra discrepancia entre ellos, que Fidel hizo pública, fue la exploración; Ochoa defendía -mediante una orden- hacerla a pie y el Comandante en Jefe armó una cojonera de mil pares para que se hiciera en vehículos, desconociendo la realidad del teatro de operaciones. ¿Qué pasó?, lo que pronosticó Arnaldo, que fue disciplinado y, aún sabiendo que Fidel se equivocaba, obedeció su orden: Al día siguiente, nos ordenan a los helicópteros acudir al sitio de exploración y encontramos a los exploradores, subordinados al general Cartaya muertos porque habían chocado con una mina gigantesca que UNITA había colocado en el camino, la escena era dramática porque los perros caza minas deambulaban por los alrededores en busca de sus amos-entrenadores muertos.

Si revisas esta parte de la historia combativa cubana en Angola, verás que siempre se evitó la exploración motorizada para evitar minas y emboscadas, pero el Comandante en Jefe cambió de criterio en Cuito Cuanavale y murieron varios cubanos por su errónea decisión.

Los verdaderos héroes de Cuito Cuanavale son los 250 asesores militares cubanos, que asumieron el reagrupamiento de tropas, tras la bochornosa retirada de los soviéticos, y consiguieron preservar las posiciones, trasladando a las brigadas FAPLA al oeste del río, excepto una.

Un arma, tan moderna como son los helicópteros, fue menospreciada por los altos mandos militares soviético y cubano que, en ningún momento, ordenaron el uso de los helicópteros para contrarrestar los medios autopropulsados sudafricanos y por el contrario, se desgastaron en la utilización de la aviación de combate, cuando los aviones Mig 23 y Mig 21 tienen muy pocas posibilidades en el combate aire-tierra, por su impresionante velocidad de vuelo y su escasa capacidad ofensiva.

La cruda realidad es que, estas aeronaves, fueron diseñadas como caza-interceptoras, con posibilidades limitadas de actuar en variante de caza-bombarderos.Su función primordial es la interceptación de la aviación enemiga, mientras que los helicópteros MI-24, son diseñados para el combate contra medios blindados.

La guerra de Angola, como muchas de las guerras que han ocurrido en el Tercer Mundo, no fue una guerra convencional, aunque pudo parecerlo y asi creen profanos. Entre octubre de 1987 y junio de 1988, no ocurrieron fieras batallas convencionales en suelo africano y mucho menos comparables con las que se libraron contra Erwin Rommel. La realidad consistió en que los sudafricanos realizaron ejercicios de puntería contra las recién preparadas brigadas angolanas.

Mientras las fuerzas combinadas de Cuba y Angola, en Cuito Cuanavale defendían sus posiciones, a más de 500 kilómetros de distancia cuatro brigadas de cubanas. al mando del General de Brigada Enrique Acevedo, se encontraba desde enero de 1988, ocupando posiciones entre Lubango y Ruacaná y tenían un objetivo bien definido: Irrumpir en el territorio de Namibia y avanzar hacia la profundidad operativa tomando por asalto todas las bases militares sudafricanas, cercanas a la frontera con Angola.

Curiosamente, esa estrategia y la orden de avanzar hacia Ruacaná y golpear Calueque fueron órdenes de Fidel, que luego presentó como un único escenario el Frente Sur, en torno a Cuito Cuanavale, que es un disparate geográfico y combativo, o como esas otras versiones sobre la importancia del aeródromo de Cahama, que fue mal construido hasta el punto que los cazas no podían detenerse en las intersecciones de las calles de rodaje y otras áreas porque se hundían.

Quizá Fidel Castro siempre le dio un tratamiento todo incluido al Frente Sur porque no le convenía explicar el desplazamiento por el flanco sur occidental, cuando ya las acciones de Cuito Cuanavale prácticamente habían cesado. Algo que nunca se ha aclarado es que, en el Frente Sur, los flancos oriental y occidental estaban separados por cientos de kilómetros, sin posibilidad real de establecer cooperación alguna entre ellas.

¿Tu retirada del servicio activo fue una baja normal; intentaste trabajar en la vida civil?

Mi retirada del servicio fue una baja por enfermedad profesional. Acudí al chequeo médico anual, habiendo sufrido varios episodios de dolores en el cuello y adormecimientos de la parte superior del brazo izquierdo, junto con una sensación de hormigueo en los dedos pulgar, índice y medio de la mano izquierda. Me realizaron diversas pruebas, incluyendo una Tomografía axial computarizada, que me diagnosticó dos hernias discales y la comisión médica determinó que en esas condiciones no era recomendable continuar volando.

La jefatura de la DAAFAR me ofreció dos cargos. El primero lo rechacé de inmediato. Se trataba de trabajar en la Secretaría del jefe de la DAAFAR, un trabajo burocrático que no tenía nada que ver conmigo. El segundo me lo propuso el Coronel Eddy Hernández Capote y consistía en ser profesor en la Cátedra de aviación de la Escuela Superior de Guerra Máximo Gómez, pero tampoco lo acepté porque debido al Período especial debía ir en bicicleta hasta el Paseo del Prado y allí coger una guagua de la academia y viceversa para el regreso; pasado el tiempo necesario, pasé a retiro.

Comencé a buscar trabajo. Visité a un amigo de la adolescencia Erick Valdés Martínez que, en esos momentos trabajaba en la Dirección de Inteligencia (DI), en Línea y A, Vedado. Fue una visita amistosa en la cual, entre otras cosas de carácter personal, le expuse mi situación de haber pasado a retiro y que estaba buscando trabajo.

Pasados unos días, me contactó por teléfono una persona, de parte de Erick, que me citó para el parque de Línea y L, donde me estuvo sondeando en relación a mi biografía y me habló de un posible trabajo en el extranjero, en una organización en los Estados Unidos.

En un segundo encuentro me preguntó si yo conocía a Juan Pablo Roque. Yo sabía que Roque había salido del país, por Guantánamo. Ese día la conversación derivó en el método de salida ilegal del país. Llegado a ese punto, yo le dije que de salida ilegal nada. Que yo nunca saldría ilegal del país y mucho menos dejando atrás a mi familia. Le dejé bien claro que no estaba interesado en su proposición. Nunca más me contactó.

Mario Riva y su familia / Foto: Cortesía entrevistado

¿Sientes que desperdiciaste parte de tu vida?

Desde un punto de vista político, fue un total desperdicio. Yo creía en la igualdad de las personas. Ahora creo en la equidad y no en el igualitarismo impuesto al pueblo cubano.

Por ejemplo, creí sinceramente que la entrada de Angola, en el CAME, podría ser beneficioso para la comunidad socialista. Desde el punto de vista económico fue un desastre. Quince años después de la intervención cubana en Angola, las empresas occidentales continuaban siendo dueñas de los pozos de petróleo de las minas de diamantes, de los ferrocarriles, etcétera. Los países socialistas no habían realizado ninguna inversión y los cubanos nos dedicábamos a dar protección a las instalaciones económicas del imperialismo. ¡De locos!

En la aviación me sentí realizado. Tuve la oportunidad de cumplir ejercicios de vuelo que hubieran sido muy difíciles de lograr en Cuba. Desde el punto de vista militar pude apreciar lo que había estudiado en la academia militar: Conducir a las tropas durante las acciones combativas, que no es solamente el entrar en combate. Los conocimientos adquiridos en la academia soviética, me permitieron evaluar las decisiones del mando superior, no para criticarlas en el momento, sino con el pasar del tiempo. Porque evaluar una decisión en el preciso momento de haber sido tomada, puede interpretarse como una insubordinación y para los militares, en tiempo de guerra, eso es muy peligroso.

Riva y señora paseando por Lisboa / Foto: Cortesía entrevistado

¿Cómo vives en Europa?

Depende de lo que se entienda por Europa. Y depende también del país europeo de que se trate. No es lo mismo vivir en Bélgica, que vivir en Dinamarca, ¡país carísimo! No es lo mismo vivir en Alemania, que vivir en Portugal. Eso sí. Vivo mucho, pero muchísimo mejor que en Cuba. Y yo no era de los que más mal vivían. Ni antes, ni después de 1959.

Ahora con la pandemia, comiéndome las reservas, porque ya no puedo comprar carros en Alemania y venderlos en Portugal. Vivo en una casa independiente de 3 cuartos y medio, dos baños, sala y cocina-comedor, parqueo propio para tres carros y una azotea y que utilizo como aérea de solaz y esparcimiento en los días de verano y algunos días del suave invierno del Algarve (sur de Portugal). Aqui las playas son excelente, excepto en la temperatura del agua.

No extraño a Cuba en lo absoluto, casi todos mis amigos de la infancia y la adolescencia están fuera del país. Extraño a mis primos, pero han tenido la posibilidad de venir a visitarme. También he recibido la visita de un piloto de helicóptero que estuvimos juntos en el cumplimiento de misiones en el extranjero. Mi mamá cumplió sus 80 anos en Portugal y mi hermana también estuvo de visita en una ocasión. Viví un año en Benalmádena, España. He recorrido casi toda la península ibérica. Solo me faltan por visitar, Galicia y Aragón. He conocido ciudades como Brujas, Gant, Amberes y Bruselas; he recorrido casi todo el occidente de Alemania de norte a sur, he conocido casi toda la fría geografía de Dinamarca y he visitado París, Amsterdam, Rotterdam y Breda. Vamos, que me he movido bastante...

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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