Donald Trump Foto © Flickr / Matt Johnson

Trump pide boicotear a Grandes Ligas tras retirarle a Atlanta la sede del Juego de las Estrellas

El expresidente estadounidense Donald Trump llamó este sábado a boicotear las Grandes Ligas de Béisbol (MLB) luego de que esa organización retirara de Atlanta la sede del próximo Juego de las Estrellas por la implantación de nuevas restricciones para el ejercicio del voto en el estado de Georgia.

“Boicotee el béisbol y todas las empresas despiertas [“woke”] que están interfiriendo en elecciones libres y justas. ¿Están escuchando, Coca-Cola, Delta y todos?”, dijo Trump mediante un comunicado a través del Save America PAC.

De esta manera, el exmandatario regresa al primer plano de las cadenas deportivas, que en los pasados cuatro años destinaron mucho tiempo televisivo a las disputas de la Casa Blanca con algunas de las principales ligas profesionales en Estados Unidos.

Según el exgobernante y magnate inmobiliario, organizaciones como la NFL (football americano) y, en especial, la NBA (baloncesto) han estado demasiado “politizadas”, en la medida en que sus directivos y propietarios han sido “coaccionados” por parte de los jugadores.

No es la primera vez que Trump insta a los aficionados a boicotear uno de los grandes deportes estadounidenses. Ya lo hizo cuando jugadores afroamericanos comenzaron, en la estela del quarterback Colin Kaepernick, a arrodillarse durante la interpretación del himno nacional para protestar contra la desigualdad racial.

El año pasado, no dejó de cargar contra la NBA luego de que los equipos se negaran a jugar debido a un nuevo episodio de brutalidad policial (contra Jacob Blake, de 29 años, en Kenosha, Wisconsin), mientras en todo el país se desarrollaban las protestas detonadas tras la muerte por asfixia en Minneapolis, Minnesota, de George Floyd a manos del agente Derek Chauvin.

En la opinión de Trump, la MLB y su comisionado, Rob Manfred, tomaron la decisión de sacar el All Star Game de Atlanta a consecuencia de su “miedo a los demócratas radicales de izquierda”, partido que habría presionado a fin de torpedear la nueva legislación promovida por los republicanos en el Congreso de Georgia y rubricada por el gobernador Brian Kemp.

Una vez más, Trump ejerció —tal como hizo antes con la NBA— de analista de rating y mercadeo al afirmar que “el béisbol ya está perdiendo un gran número de fanáticos”.

“Y ahora —agregó— se van de Atlanta con su Juego de Estrellas porque temen a los demócratas de izquierda radical que no quieren una identificación de votante, que se necesita, desesperadamente, para proteger nuestras elecciones”.

La retaliación verbal del exocupante del Despacho Oval alcanzó también, en forma de amenaza, a dos gigantes corporativos con sede en Georgia, Coca-Cola y Delta, que apenas han emitido declaraciones en que testimonian su preocupación por la nueva ley que restringiría la capacidad, sobre todo, de los votantes en comunidades afroamericanas de las áreas urbanas.

El paso de MLB también fue tomado como una “locura” por el gobernador Kemp, quien argumentó que las leyes electorales de Nueva York, sede de la organización beisbolera, son incluso más restrictivas que el nuevo estatuto aprobado en su sureño estado.

Otras prominentes figuras del Partido republicano, como el representante Jeff Duncan, han afirmado que la posición de MLB busca “socavar las leyes de integridad electoral”.

Por su parte, el senador de origen cubano Ted Cruz, republicano por Texas, amenazó incluso con un futuro proyecto de ley que revoque la exención antimonopolio de MLB.

Como era de esperar, la reacción de Trump y sus correligionarios contrasta con las de los demócratas y otras voces liberales, más allá incluso de los grupos de presión pro-voto y el activismo por los derechos civiles.

El presidente Joe Biden respaldó el creciente llamado de los últimos días en pos de que MLB se llevara el Juego de Estrellas fuera del Sun Trust Park, sede de los Bravos de Atlanta; en tanto, Barack Obama felicitó en Twitter a MLB por “tomar una postura en nombre del derecho al voto para todos los ciudadanos”.

“No hay mejor forma para el pasatiempo estadounidense de honrar a Hank Aaron [ícono negro del béisbol fallecido recientemente], quien siempre lideró con el ejemplo”, agregó el exmandatario demócrata.

La víspera, Lebron James —verdadera Némesis basquetbolística de Trump y accionista de los Medias Rojas de Boston— escribió en esa misma red social: “Orgulloso de llamarme hoy parte de la familia de #MLB”.

“Quiero aplaudir y extender un agradecimiento al Comisionado de MLB, Rob Manfred, por sacar el All Star Game de Georgia tras la firma por parte del Gobernador de una nueva y restrictiva ley de voto. ¡Eso es ser un líder y adoptar una postura firme!”, escribió a su vez Magic Johnson, mito de Los Angeles Lakers.

Las estrellas y equipos triunfadores en la NBA se negaron consistentemente a acudir a la Casa Blanca, según marca la tradición, mientras fue habitada por la familia Trump.

Precisamente, la guerra dialéctica actual tiene que ver con quién vive o no en ese edificio de aires victorianos en Washington D.C.

La nueva legislación en Georgia pone en jaque buena parte de los factores legales que permitieron que ese estado (16 votos electorales) —como también ocurrió en otros— girara en los comicios de noviembre último hacia el lado demócrata y, más adelante, en enero, eligiera en segunda vuelta a dos senadores de ese partido, lo que arrebató el control de la cámara alta al GOP.

El estatuto prohijado por los republicanos de Georgia limita el uso de buzones (“drop boxes”), adiciona nuevos requerimientos de identificación para el “voto ausente”, otorga mayor poder sobre las elecciones a la legislatura local y convierte en un delito menor que se ofrezca comida y agua a los votantes mientras están en fila para ejercer su derecho al sufragio.

La medida de MLB fue leída aquí y allá como un aviso a navegantes (políticos, empresas, etc.).

Un ejemplo saludable según las perspectivas de los demócratas y del activismo afroamericano y por los derechos civiles; muy peligroso según las entendederas del “Viejo Gran Partido” —en particular, su enorme zona trumpista— y de toda la “América” conservadora que aspira ser “great again” a la vuelta de cuatro años.

De modo inverso, pero mucho más dramáticamente, se lee la nueva legislación de Georgia, que sin dudas se intentará imitar en Texas, Florida y otros estados del país.

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