Escuchemos a Luis Manuel Otero Alcántara

Esto es, por mucho, lo peor que le ha pasado a Luis Manuel. Lleva ya más días preso que los que estuvo cuando lo pudieron sacar en marzo del pasado año.

Luis Manuel Otero Foto © Luis Manuel Otero/FB

Trato de volver a Luis Manuel Otero para entender a Luis Manuel Otero. Cuando a finales de abril se encontraba aún en huelga de hambre y sed, dijo esto: "Ellos son una máquina de taladrarte en la cabeza. No quiero verme loco, tirado ahí babeado, como un zombie".

Durante su huelga presté atención a cada una de las declaraciones que dijo, y lo tenía claro. Ya se había planteado, antes que todos nosotros, los escenarios posibles. Si no era la muerte en huelga, era emigrar (y dijo que no va a emigrar), terminar en un calabozo o la locura. En varias de sus directas hizo énfasis en la locura.

Yo me siento profundamente mal cada vez que en los últimos tiempos tengo que escribir alguna noticia sobre Luis Manuel Otero. Me siento un ave de carroña, al tanto de cuál es el nuevo video que va a salir para yo escribir notas, que luego tributan al salario que cobro mes por mes.

Dentro de todo esto trato de pensar que es mi aporte a la causa, a su causa, estando yo lejos, una manera de acompañar. Pero cuando lo pienso bien, yo siento que a la larga Luis Manuel está profundamente solo. En la soledad de un hospital y en la soledad de una acción. (Esto no es para nadie, no pienso en nadie cuando pienso esto, no le pido nada a nadie que no me pida yo misma). Pero francamente creo que él está hablando un lenguaje que nosotros no hemos captado.

Un lenguaje que tratamos de acompañar con post, con girasoles, con hashtags, con paradas y vigilias a las afueras de embajadas y misiones diplomáticas, con huelgas de hambre que la gente empieza y termina con una gran facilidad y quizás hasta con irresponsabilidad, todas acciones genuinas, porque lo sentimos, y todas válidas. Pero no es el lenguaje que él necesita hablar. Ese lenguaje es complementario, y bien, pero necesita uno que lo acompañe más.

Lo que siempre me ha gustado de Luis Manuel, por lo que siempre lo he seguido de cerca, es que siento que está a un paso más adelante que todos nosotros. Cuando la gente está hablando y desgastándose, por ejemplo, en Humberto López, yo nunca lo he visto hacerle caso, yo siento que sabe que no se trata de Humberto López aunque se trate de Humberto López. Eso es lo que me hace mirarlo. Ahora que todos estamos pidiendo verlo, y denunciando el maltrato psicológico al que está siendo sometido, si miramos atrás nos daremos cuenta de que durante toda su huelga nos estaba diciendo que no era este punto al que quería llegar. Si no, miren cada una de sus directas y declaraciones de estos días.

Otra cosa importante: en Cuba no hay comida, no hay aseo personal, no hay transporte, pero existe, y muy bien hilvanada, la Seguridad del Estado. Si algo el gobierno se ha dedicado a esculpir, es esa maquinaria. A veces siento que la subestimamos. Cada vez que veo un comentario diciendo "nos tienen miedo", "están aterrorizados", pienso en lo que le está pasando ahora a Luis Manuel, cómo tienen retenidos a los de Obispo, cómo le inventan una causa a Osorbo. Hay que enfrentar una lucha contra ellos sin subestimarlos, porque son capaces de todo, y si no miren a su alrededor. Nosotros no somos los inteligentes y ellos los brutos, desde esa posición nada va a nacer y nada va a cambiar.

Esto es, por mucho, lo peor que le ha pasado a Luis Manuel. Lleva ya más días preso que los que estuvo cuando lo pudieron sacar en marzo del pasado año. Nadie sabe, para bien o para mal, cómo va a salir de ahí. Es peor esto que la huelga de hambre, y es peor esto que la muerte. No lo digo yo, lo dijo él en medio de la huelga. Yo no tengo tanta luz.

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