Reglamento cubano de PYMES como manual de pobreza

Los mismos que expropiaron -sin indemnización- en la primera década de la revolución todo el tejido empresarial cubano, desde la Bacardí hasta los puestos de frita, ahora se sacan de la manga una Ley de Pymes que tiene más trampas que la baraja de un cartomántico de feria.

Pequeños vendedores privados en Cuba Foto © Twitter / Yoani Sánchez

Los comunistas cubanos han vuelto a la carga, los tiburones acuden al olor de la sangre derramada en el mar y la diplomacia castrista se lanza al ruedo de los organismos internacionales al llamado de las subvenciones porque los dólares son insustituibles en la dieta del escualo comunista, y la avaricia por la moneda del imperio ahora también es revolución, empeñada en dos nuevas estafas, las Pymes y la ideología de género.

Los mismos que expropiaron -sin indemnización- en la primera década de la revolución todo el tejido empresarial cubano, desde la Bacardí hasta los puestos de frita, ahora se sacan de la manga una Ley de Pymes que tiene más trampas que la baraja de un cartomántico de feria.

El afán propagandístico del régimen siempre consigue algún incauto en Europa o Estados Unidos, la mansedumbre de las instituciones democráticas sucumbe con demasiada frecuencia a los reclamos de los estados totalitarios, pero la realidad se le atraganta al rey desnudo de los comunistas cubanos y el cuento de las pymes o de cualquier modalidad empresarial tropieza inexorablemente con la retranca de una legislación pensada para limitar la libertad y controlar, en sus más mínimos detalles, la vida de los ciudadanos.

La pequeña élite que rige los destinos de Cuba ya presentó las regulaciones del trabajo por cuenta propia, un detallado manual para el estancamiento y la pobreza, lo que digan con posterioridad a esto es fuego de artificio y carnaza para la estafa.

El otro truco de moda es la ideología de género, ya se babean pensando en la recaudación, nadie se salvará del sablazo, ni las instituciones europeas ni las grandes fundaciones norteamericanas porque los continuistas de quienes marginaron durante décadas a homosexuales y lesbianas, llevándolos a campos de reeducación y a la cárcel, ahora se montan en el carrusel de las políticas identitarias por pura codicia.

Para efectuar esta operación política ya se ha puesto en marcha la maquinaria del decreto, único modo de gobernar por sesenta y dos años sin asomo de elecciones libres.

El nombramiento de la Reverenda Miriam Ofelia Ortega Suárez, exdiputada en la Asamblea Nacional del Poder Popular, para la comisión encargada de elaborar el Código de las Familias junto a la exclusión de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba y otras denominaciones cristianas no controladas por los servicios de contrainteligencia hacen temer lo peor.

Con consulta popular o sin ella, la ideología de género se impondrá en los programas de educación, es cuestión de fula o muerte, con la pertinente aclaración de que la muerte siempre es para el pueblo y el fula para quienes desgobiernan la nación.

Nada le importa a los mandamás de la anciana y malvada revolución, esta misma semana el periodista independiente cubano Héctor Luis Valdés Cocho sufrió un intento de violación en sede policial orquestado por la Seguridad del Estado, el joven periodista fue detenido con la arbitrariedad que caracteriza a la policía política y, en todo este proceso abundaron las alusiones a su orientación sexual.

Este es el talante de los nuevos defensores de la ideología de género; otro aviso de que no habrá libertad económica, educativa, religiosa, ni libertad de ningún tipo para los cubanos, mientras ellos recauden los apetecibles dólares norteamericanos; ese es el mensaje y no otro.

La prosperidad, el bienestar y la paz social pasan por el Rubicón de la libertad, un río poderoso que la cúpula militar empresarial no se atreve a cruzar por miedo a que los arrastre la corriente.

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Eduardo Mesa Valdés

La Habana 1969. Narrador y poeta. Miembro de la directiva de Cuba Humanista. Fundador de la revista Espacios. Coordinó la revista Justicia y Paz, y el boletín Aquí la Iglesia.

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