Villa Marista símbolo de la decadencia tardocastrista

Cuando un ministro arranca de un manotazo un teléfono móvil; cuando la Seguridad del Estado corta el agua y comida a Luis Manuel Otero Alcántara y sus compañeros, dolidos por el rapero Denís Solís; cuando un oficial del G-2, impide salir a Tania Bruguera a comprar el pan; cuando un burócrata comunista instiga golpizas de paramilitares contra ciudadanos indefensos; cuando dos policías bugarrones y alcoholizados vejan al periodista Héctor Luis Valdés Cocho dentro de un calabozo; el estado se deslegitima, el gobierno se deprava y Cuba cruje de punta a cabo. 

De izda. a drcha.: Tania, Lavastida, Cocho y Yuri Foto © Facebook / Reprimidos por el gobierno cubano

En los años luminosos y tristes del Caribe, Villa Marista infundía miedo y respeto, sus oficiales eran unos perfectos desconocidos para la mayoría de los cubanos; aún sigue infundiendo miedo, pero apenas respeto, sus interrogadores cobran 10.040 pesos mensuales y los represores primarios intentan esconderse de cámaras y teléfonos móviles.

Años ha, las celdas de Villa eran ocupadas por opositores políticos, planificadores de atentados a Fidel Castro, agentes de la CIA y otros servicios de Inteligencia extranjera actuando en Cuba, saboteadores de la menguante economía nacional, alguna sotana belicosa y casos sonados como el de Marquitos Rodríguez, Heberto Padilla, Causas 1 y 2 de 1989, la cuota habanera de la Primavera Negra, Rolando Sarraf Elías y Ernesto Borges Pérez.

La irrupción de los movimientos San Isidro y 27N en el deteriorado escenario cubano, que exige cambios a gritos, y la torpeza represiva de los jefes de la Contrainteligencia y el gobierno a la hora de afrontar ambos retos, ha modificado el perfil humano de los huéspedes a la fuerza de Villa Marista, donde yacen jóvenes que no han delinquido ni pretenden el derribo violento del poder sexagenario, sino cambios que conduzcan a Cuba a una transición democrática.

Cuando un ministro arranca de un manotazo un teléfono móvil, la Seguridad del Estado corta el agua y comida a Luis Manuel Otero Alcántara, dolido por el rapero Denís Solís, un oficial del G-2, impide salir a Tania Bruguera a comprar el pan, un burócrata comunista instiga golpizas paramilitares contra ciudadanos indefensos, dos policías bugarrones y alcoholizados vejan al periodista Héctor Luis Valdés Cochomujeres como Iliana Hernández, Carolina Barrero, Mary Karla Ares y Karla María Pérez  son sitiadas, hostigadas y desterrada, el estado se deslegitima, el gobierno se deprava y Cuba cruje.  

Entre las mentiras oficiales sobre el asesinato de Ernesto Guevara en Bolivia, la propaganda castrista hizo correr la mentira que el sargento Mario Terán tuvo que emborracharse para entrar a la escuela de La Higuera y disparar a quemarropa contra el Che; ya la policía cubana tiene al menos dos potenciales asesinos.

En Villa Marista malduermen Lázaro Yuri Valle Roca, al que han negado su petición de habeas corpus y el artista Hamlet Lavastida Cordoví, lapidado en Cubadebate porque "de manera reiterada ha estado incitando y convocando a la realización de acciones de desobediencia civil en la vía pública, utilizando las redes sociales y la influencia directa sobre otros elementos contrarrevolucionarios".

Fidel Castro y los moncadistas fueron juzgados y condenados por atacar un cuartel militar, no por incitar a la desobediencia civil, como hacían en medios de comunicación, bajo la dictadura batistiana. ¿Actuará la maquinaria represiva contra los funcionarios comunistas que organizan brigadas para militares para golpear a opositores y activistas?

Tantos desatinos obedecen al empobrecimiento ético infligido por el castrismo a la nación y a la cuidadosa destrucción del MININT a manos de Raúl Castro, capaz de desarticular una institución represiva eficaz, con tal de sentirse gallo dominador en la valla que regenta y que no se atrevió a defender ante Barack Obama;  para que ahora sus continuistas anden pidiendo a Joe Biden que les tire un besito.

¡Menuda herida noble! (término de galleros) ha propinado el General de Ejército (r) a Cuba, donde el coronavirus, el dengue y apagones son plagas; alimentos y medicamentos brillan como estrellas lejanas en dólares norteamericanos y donde hijos de la revolución son mancillados por carceleros a sueldo de la dictadura más antigua de Occidente. ¿Tan débil está la dictadura?

Villa Marista, la única escuela que la revolución convirtió en cuartel, empieza a dejar de ser temida y sufre el cuestionamiento público y directo de cubanos valientes que asustan al gobierno, temeroso de un contagio popular, de ahí sus torpes y desproporcionadas reacciones ante cualquier evento que no controla.

Cuando un servicio secreto abandona la conveniencia martiana de en silencio ha tenido que ser, comienza a ser fallido; los enemigos no son opositores ni activistas, sino el Buró Político del partido comunista y el Consejo de Ministros, mermados en autoridad porque fracasan reiteradamente y acuden al G-2 en busca de amparo y abrigo, con lo caliente que está Cuba.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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