Jurista cubano Fernando Almeyda desde Serbia: "No quiero ser la voz de los presos ni del exilio"

"No quiero que mi salida desvíe la atención del inmenso problema, ni de los presos, ni de los que quedan luchando por la superintendencia o contra la dictadura, ni de los miles que están huyendo de un barco que se hunde", dijo el joven a CiberCuba.

Facebook Fernando Almeyda
Fernando Almeyda Foto © Facebook Fernando Almeyda

"Era una decisión que hacía muchos años había tomado. Más que algo que me impulsó a irme, hubo algo que me retuvo por más tiempo. Puse por delante de mi salida la lucha por los derechos, a sabiendas de que eso podría suponer mi regulación, pero había que hacerlo", contó hoy a CiberCuba el jurista y activista cubano Fernando Almeyda, tras su llegada a Serbia. 

Almeyda, uno de los fundadores de la plataforma Archipiélago y promotores de la Marcha Cívica por el Cambio del 15 de noviembre de 2021 (15N), explicó que salió del país debido a la represión de los órganos de la Seguridad del Estado bajo la cual vivía. "La violación de derechos y los atropellos eran demasiados", dijo. 

El joven aseguró que tras participar en la convocatoria a la protesta del 15N supo que eventualmente tendría que enfrentar el exilio o la cárcel, y decidió adelantarse y optar por lo primero. "No iba a darles la satisfacción de que me hicieran una treta que me pusiera entre la espada y la pared, aunque ya lo estaba", reveló.  

"Con el 15N gasté mi última bala, estaba ya marcado, controlado, y cualquier cosa donde apareciera mi nombre enseguida se iba a malograr, afectando a terceros. Sólo me quedaba mi palabra, pero no tenía un lugar de estadía fijo, ni entradas para costear la vida en Cuba. Además, que estaba demasiado agotado y agobiado", advirtió. 

El abogado indicó que su conocimiento de los modos de actuar de la Seguridad del Estado, le hizo aplicar "la estrategia de 'tierra quemada': no pueden quitarte ni amenazarte con lo que no tienes". 

"Abandoné la renta donde estaba, me aparté completamente de todos mis amigos, de mi familia, de cualquier persona cercana. No salía a eventos sociales, y si lo hacía, lo hacía con gran precaución. Cambié mi línea. Mantuve un régimen de desinformación constante y de vigilancia hacia las personas que no conocía", comentó. 

De igual forma, Almeyda dijo que logró que los agentes le subestimaran para poder continuar su activismo a la sombra. Les hizo creer que "no tendría la fuerza para continuar y todo lo hacía desde el mayor anonimato posible".

"Básicamente me hice la vida imposible por voluntad propia para evitar que así se la hicieran imposible a otros. Pero fue muy duro y sabía que ese nivel de desgaste no podría prolongarlo demasiado", reconoció. 

A pesar de sus medidas de protección, la Seguridad le llamaba a su celular desde números privados, se aproximaba a personas que le conocían o les montaba vigilancia. 

"Cuando vi que aparecí en Con Filo supe que iban a por mí. Con Filo es un programa cuyo propósito es generar estados de opinión sobre ciertas personas u organizaciones a fin de demeritarlas. Su trabajo es preparar la opinión pública para futuras contra medidas, para que cuando ocurra un acto represivo haya la menor cantidad de quejas posibles", agregó. 

Esa misma semana, como sabía que aún no estaba regulado, "y en el mayor silencio posible", hizo su salida del país. También la expulsión de la curadora de arte y activista Carolina Barrero influyó en su decisión. "Fue difícil emocionalmente para mí, me sentí muy impotente, casi no podía generar ni producir", señaló. 

Sin embargo, Almeyda advirtió que su salida de la isla no fue sencilla ni transcurrió sin percances. "Inmigración en el aeropuerto me retuvo. Me retiraron el pasaporte sin mediar explicaciones. Tuve que insistir y exigir firmemente que me dejaran pasar, estuve a minutos de perder mi vuelo, todas mis pertenencias, y todo el dinero invertido", dijo.  

"Pero al final decidieron dejarme partir. Supongo que su interés era hacerme pasar un mal rato. O tal vez estaban indecisos en qué hacer conmigo", añadió. 

Con respecto a sus perspectivas de vida a partir de ahora, Fernando Almeyda recalcó que él sigue siendo el mismo, aunque su contexto ha cambiado por completo. "En Cuba era un abogado y un activista. Ahora soy un emigrante, un exiliado, y debo adaptarme a un entorno que no es el mío, a un clima, a una dinámica que no es la mía", subrayó. 

"Mi activismo y oposición a la dictadura cubana no cambia, pero sí la forma en la cual la haré. Una cosa es el activismo en Cuba y otra fuera. Hay que cambiar el chip, calibrar, encontrar la forma en que soy más útil, y a la vez sobrevivir", sostuvo. 

Un dato revelador que quiso compartir fue que, cuando se realizó el examen de diagnóstico del coronavirus en el municipio Playa, en La Habana, recibió el número 12,883, lo cual le hizo suponer que casi 13,000 personas en ese municipio habían salido del país, al menos desde que comenzara a realizarse la prueba en ese territorio en los últimos meses a ciudadanos cubanos residentes. 

"El éxodo es brutal. No solo los opositores se están exiliando. Cuba se está exiliando. Hablé con varios que estaban en la inmensa cola para los PCR y todos sabían muy bien por qué se iban: en Cuba hay una dictadura que nos está matando a todos", comentó.  

No obstante, Fernando Almeyda insistió en que no desea que su salida "desvíe la atención del inmenso problema, ni de los presos, ni de los que quedan luchando por la superintendencia o contra la dictadura, ni de los miles que están huyendo de un barco que se hunde". 

"No quiero ser la voz de los presos ni del exilio, todos tienen que tener su voz y todos tienen que ser oídos por igual", enfatizó. 

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