Dirección de Salud de Las Tunas responde a denuncia por cubana fallecida por paludismo tras volver de Angola

La víctima, quien era licenciada en Psicología, falleció tras regresar de un contrato personal de trabajo.


La Dirección General de Salud de Las Tunas informó que, teniendo en cuenta "las insatisfacciones" de la familia, decidió crear una comisión médica para analizar y esclarecer la muerte de Yaneidys Barea Gregori, licenciada en Psicología fallecida en días recientes tras regresar de Angola.

Sin hacer referencia directa al paludismo, enfermedad que habría acabado con la vida de la profesional cubana, la Dirección de Salud de Las Tunas sí hizo referencia a la revisión del "cumplimiento de los protocolos médicos" realizados a Barea Gregori.

La nota precisó que Yaneidys Barea Gregori -quien era natural del municipio tunero Jesús Menéndez- murió luego de regresar de la República de Angola, donde se encontraba "por un contrato personal de trabajo", afirmación que niega implícitamente que estuviera en África como parte de una misión.

"Le transmitimos nuestras más sentidas condolencias a sus familiares y nos comprometemos a analizar con rigor los procedimientos realizados, así como a dar respuesta de los resultados", concluyó la entidad sin otros detalles.

Captura de Facebook/Dirección Provincial de Salud de Las Tunas

Con apenas 40 años de edad y tras pasar 18 meses en la nación africana, Barea Gregori murió el 4 de julio y de inmediato familiares y amigos de la fallecida pidieron justicia, pues aseguran que falló el cumplimiento de los protocolos en quienes regresan de países africanos, y que la enfermedad pudo haberse tratado de manera temprana y efectiva.

En una extensa publicación el pasado 7 de julio, Sandra Reyes Gregori, hermana de la cubana fallecida, detalló la pesadilla vivida por su familia.

Yaneidys Barea arribó a Cuba el 20 de junio y el 24 se hizo el análisis de gota gruesa, que todos los viajeros provenientes de África se deben realizar, pues sirve para confirmar o descartar la malaria.

El martes 25 Yaneidys Barea comenzó a presentar síntomas como fiebre, dolor muscular y náuseas y durante los siguientes días sus síntomas continuaron y se hicieron más fuertes, pero como no les habían avisado, pensaron que el resultado era negativo.

Dada la alta incidencia de Dengue y Oropouche en el municipio, pensaban que lo que tenía era eso. Durante el día no tenía tantos síntomas, pero por la noche se hacían más fuertes.

El domingo 30, comenzó a tener falta de aire y la coloración de la orina cambió considerablemente. Al ir al médico fue ingresada en una sala de pacientes con dengue. Fue el 2 de julio que los médicos se percataron de que la muestra inicial para la realización de la gota gruesa nunca había sido enviada para su procesamiento.

A partir de ahí todo fue a peor. Ya en la sala de terapia intensiva, a pesar de recibir toda la atención requerida según su condición médica, ya era insuficiente, pues la enfermedad estaba causando que sus órganos fallaran, provocando un paro cardíaco que le causó la muerte.

Solo se confirmó que tenía malaria cuando le hicieron el análisis entre las 8 de la noche del miércoles 3 de julio y las 2 a.m. del jueves 4.

"El único error que mi hermana cometió fue confiar en el sistema de salud, ese mismo sistema hizo que perdiera la vida a causa de errores y negligencia de muchas de las personas que la trataron", detalló Sandra Reyes.

Transcurrieron ocho días desde que se tomó la muestra hasta que verdaderamente se supo que tenía malaria. En ese período de tiempo la primera muestra tomada estuvo guardada.

"Nada la traerá de regreso, pero sí se tiene que hacer justicia porque lo de mi hermana fue un asesinato", concluyó Reyes Gregori.

En otra extensa publicación en Facebook, Juli Elena Jareno dejó claro que la supuesta gratuidad de la salud que defiende el régimen comunista carece de sentido cuando cobra la vida de personas inocentes por un mal funcionamiento del sistema.

Jareno expresó que la falta de equipos médicos e insumos, las condiciones precarias de las instalaciones y, sobre todo, el desinterés y la falta de profesionalismo, han demostrado que por la gratuidad de la salud en Cuba se paga un precio muy alto.

Reiteró, además, que en este caso a pesar de recibir atención médica, el diagnóstico y tratamiento del caso se retrasaron debido a la tardanza en la entrega y análisis de los exámenes de sangre fundamentales. Yaneidys recibió atención médica, pero ya era demasiado tarde.

Los protocolos de salud para tratar el paludismo subrayan la importancia de realizar análisis de sangre urgentes para identificar el tipo de plasmodium y aplicar el tratamiento adecuado. En su caso, sin esos análisis oportunos la enfermedad progresó y finalmente le arrebató la vida.

La muerte de Yaneidys Barea Gregori deviene nuevo llamado urgente a mejorar la gestión y el funcionamiento del sistema de salud en Cuba, ello mientras el régimen sigue enviando médicos a cumplir misiones en diversos países del mundo.

El paludismo en Cuba

No es el primer caso de paludismo detectado en Cuba en lo que va de año. En febrero, el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK) de La Habana confirmó el diagnóstico de un caso importado de paludismo en un cubano que arribó procedente de un país de África a finales de diciembre, aunque no fue hasta el 26 de enero que las autoridades sanitarias confirmaron el caso.

Se trató de un paciente -no colaborador de la salud- que llegó el 24 de diciembre al municipio de Jatibonico, en Sancti Spíritus, proveniente también de Angola, según precisó en ese caso el doctor Carlos Ruiz Santos, director del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología de esa provincia en declaraciones al medio oficialista Escambray

A poco más de un mes de ese primer diagnóstico, autoridades sanitarias confirmaron un nuevo caso en Guantánamo, rompiendo con décadas de ausencia de esa enfermedad en la isla.

El epidemiólogo y subdirector de Epidemiología en el Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología en esa provincia del extremo oriental del país, Leonel Heredia Carpintrú, aclaró que se trataba de un caso importado, y que la transmisión local no estaba presente en el territorio.

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