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El exespía cubano Gerardo Hernández, actual coordinador nacional de los CDR, compartió recientemente anécdotas sobre su experiencia en cárceles de Estados Unidos, donde cumplió 16 años de prisión tras ser condenado como parte de la llamada Red Avispa.
En sus declaraciones en el programa oficialista Mesa Redonda del 17 de diciembre pasado -transcrito de forma íntegra en Cubadebate-, Hernández relató las historias de varios presos cubanos que conoció durante su encarcelamiento, la mayoría de los cuales, según él, no emigraron por razones políticas.
Explicó que, entre los cubanos con quienes convivió, había "balseros", "marielitos" y otros que llegaron a Estados Unidos atraídos por lo que denominó "los cantos de sirena", buscando prosperidad económica, pero que terminaron en situaciones adversas.
"Hubo casos en los que les extendieron una 'ayuda', pero esa ayuda era ponerlos a vender drogas o hacer algo ilegal. Cayeron presos y algunos incluso perdieron el contacto con su familia", dijo.
Convivencia con presos cubanos y percepción de los guardias
El agente de inteligencia destacó que, pese a las diferencias ideológicas entre él y algunos cubanos que habían huido del sistema socialista, nunca tuvo conflictos con ellos.
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Según Hernández, los guardias estadounidenses se sorprendían de cómo él, un "revolucionario cubano", convivía pacíficamente con aquellos que supuestamente habían escapado del régimen.
"En 16 años de prisión, ninguno de nosotros tuvo un solo problema con ningún cubano ni con ningún otro preso. Al final, terminábamos educándolos", afirmó.
Para el Héroe de la República de Cuba, esto demostraba que los motivos detrás de la emigración de esos cubanos no eran políticos, sino económicos.
Reflexiones sobre la Ley de Ajuste Cubano
Hernández también comparó las condiciones que enfrentan los cubanos en su proceso migratorio con las de otras nacionalidades, especialmente los mexicanos.
Mencionó cómo los cubanos, amparados por la Ley de Ajuste Cubano, podían quedarse en territorio estadounidense sin huir de las autoridades, mientras que migrantes de otras nacionalidades debían evitar ser capturados. "Qué distinto sería si le dijeran a los mexicanos que todo el que llegue y diga 'vengo buscando libertad' y al año y un día le dan los documentos", reflexionó.
Las historias relatadas por Hernández ofrecen una mirada a las complejidades de la emigración cubana, marcada tanto por la política como por las difíciles condiciones económicas, al tiempo que reafirman su postura sobre la influencia de factores externos en las decisiones migratorias de los ciudadanos de la isla.
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