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El sacerdote cubano Alberto Reyes Pías, reconocido por sus profundas y agudas críticas a la dictadura castrista, dedicó una reflexión a responder a una duda que tienen muchas personas dentro y fuera de la Isla: "¿Por qué el cubano aguanta tanto?".
Reyes afirmó que durante estos 66 años el pueblo cubano ha sufrido un proceso lento de destrucción del protagonismo de la sociedad civil, que comenzó con el deslumbramiento fanático hacia la figura de Fidel Castro, quien, aprovechando esa hipnosis, fue desmontando poco a poco los mecanismos de participación del pueblo.
El párroco de Camagüey señaló que el régimen le hizo creer a la población que la política es un asunto de quienes gobiernan, y que el pueblo no tiene parte en las decisiones que marcan la construcción del país.
Y recalcó que cuando la gente se ha rebelado, la respuesta del gobierno ha sido la violencia y la represión.
A continuación, CiberCuba comparte el texto íntegro de la publicación.
"He estado pensando… (102)
He estado pensando en el por qué de nuestro aguante
Mucha gente se pregunta: '¿Por qué el cubano aguanta tanto?', '¿por qué no acaba de lanzarse a las calles a reclamar su libertad?'.
No es tan simple. Nuestro presente tiene a sus espaldas 66 años de un lento y sistemático proceso de destrucción del protagonismo de la sociedad civil.
¿Cómo era la sociedad cubana antes del 59? Era una sociedad que tenía conciencia de su derecho a intervenir en la marcha del país.
Así, por ejemplo, la Federación Estudiantil Universitaria de aquellos tiempos era capaz de protestar contra lo que consideraba injusto, y se sentía con derecho a plantar cara para hacer respetar los derechos de los estudiantes. Los sindicatos tenían claro que su papel era defender al trabajador de los abusos y las injusticias. La sociedad tenía asumido que era su derecho el voto libre y directo para elegir a sus dirigentes y, por eso, cuando Batista dio un golpe de Estado, la sociedad civil se puso en su contra. Era una sociedad que asumía como un derecho el organizarse en partidos de oposición, declarar una huelga o manifestarse pacíficamente como modo de protestar ante los atropellos del poder.
No podemos olvidar que lo que hoy llamamos 'proceso revolucionario' empezó con el deslumbramiento fanático de este pueblo hacia la figura de Fidel Castro, que supo vender una imagen de libertador mesiánico e hipnotizó no sólo a este pueblo sino a muchos fuera de nuestras fronteras.
Y aprovechando esa hipnosis, él y su grupo fueron desmontando paulatina y sistemáticamente los mecanismos que dan vida al protagonismo social del pueblo, esos mismos mecanismos que Fidel utilizó en su lucha y que tanto alabó, incluso mientras deshacía lo que iba quedando.
Así, todo fue vaciándose de contenido real, dejando solamente nombres huecos al servicio del control sobre la sociedad.
¿Y qué tenemos hoy? La FEU es la que mantiene a raya a los estudiantes, los sindicatos ya no protegen al trabajador, las elecciones son una farsa teatral donde el pueblo vota pero no elige, la oposición está prohibida por la Constitución, la huelga es un pecado punible, y las manifestaciones pacíficas ya sabemos en qué terminan.
¿Por qué hemos ido aceptando todo esto como si fuera 'lo normal'? Porque nos quitaron poco a poco el espíritu que hace que un pueblo se levante y tome el control de su historia: nos hicieron creer que la 'política', es decir, la intervención en la marcha de la sociedad, no pertenece al pueblo sino a los que gobiernan. Nos hicieron creer que el pueblo no tiene parte en las decisiones que marcan la construcción del país. Nos acostumbraron a no vernos como protagonistas de la vida política y social.
Y en los momentos en los que hemos intentado hacernos valer como protagonistas de nuestra historia, la respuesta ha sido la violencia, la represión o la militarización de las calles.
Nos toca retomar el camino, nos toca recuperar la conciencia de nuestro derecho a intervenir en el presente y el futuro de nuestro país, y si los que nos han excluido de ese derecho no son capaces de abrirse al cambio de los tiempos, nos tocará alzar la voz en todos los modos posibles, nos tocará descubrir, a pesar de los precios, que conquistar la libertad es posible".
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