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El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel clausuró este sábado la Asamblea Nacional de Combatientes de la Revolución Cubana con un discurso marcado por su ya conocido llamado a la resistencia, en medio de la crisis económica y social que atraviesa la isla, agravada recientemente por un apagón general que ocurre desde el pasado viernes 14 de marzo.
Durante su intervención, Díaz-Canel repitió el discurso oficial sobre la “heroica resistencia” del pueblo cubano ante las dificultades, responsabilizando al embargo estadounidense de la crítica situación del país.
En un tono desafiante, el mandatario aseguró que “Cuba no se rendirá” y que el gobierno continuará apostando por el modelo socialista a pesar de los obstáculos.
"Hoy ante las amenazas que enfrentamos, cuando se quiere asfixiar económicamente al pueblo para doblegarnos, humillarnos y destruir la Revolución Cubana, defendemos la unidad ante el llamado del General de Ejército a cuidarla como la niña de nuestros ojos. Con la heroica resistencia del pueblo cubano defendemos la soberanía y apostamos al perfeccionamiento de la enorme obra de justicia social que ha erigido la construcción socialista en Cuba", afirmó Díaz-Canel en su discurso.
Asimismo, el mandatario evocó la historia cubana al recordar la Protesta de Baraguá liderada por Antonio Maceo, señalando que "Maceo defendió principios que hoy asumimos como convicciones revolucionarias: la unidad, la soberanía y la justicia social. Protestó porque el Pacto del Zanjón era consecuencia de la desunión en las filas mambisas y porque no garantizaba ni la soberanía ni la abolición de la esclavitud".
El evento reunió a altos funcionarios del Partido Comunista, miembros del Consejo de Estado y veteranos de la Revolución, en un acto donde predominó un llamado a las nuevas generaciones a “mantener vivo el legado de los combatientes”, enfatizando la importancia de la unidad y la disciplina ideológica.
Sin embargo, la realidad de muchos de los combatientes de la Revolución Cubana contrasta fuertemente con el discurso oficial. A pesar de la retórica sobre la defensa de los valores revolucionarios, numerosos excombatientes viven en condiciones de abandono y precariedad.
Informes recientes han documentado cómo muchos de ellos sobreviven vendiendo latas en la calle para poder alimentarse, sin recibir apoyo del gobierno que tanto defendieron en el pasado.
Además, sus reclamos de mejores condiciones de vida son ignorados por las autoridades, quienes solo los recuerdan en actos conmemorativos, sin ofrecerles una asistencia digna.
“Ni ofrendas florales hay para sus tumbas”, denuncian algunos familiares de combatientes fallecidos, señalando la falta de reconocimiento y respaldo.
La situación de los excombatientes refleja la contradicción entre el discurso de Díaz-Canel y la realidad de una población olvidada, cuya “resistencia” parece más una necesidad de supervivencia que un acto de lealtad ideológica.
"Desde esta tribuna combatiente quiero compartir, como una convicción propia, la idea expresada por el General de Ejército en el Aniversario 65 del Triunfo de la Revolución Cubana: ‘A nosotros, los revolucionarios cubanos, las dificultades no nos quitan el sueño, nuestro único camino es proseguir la lucha con optimismo e inclaudicable fe en la victoria’", agregó el mandatario entre aplausos.
La clausura de la asamblea se realizó en un contexto de creciente descontento social, con protestas esporádicas en varias regiones del país y una crisis política que desafía la estabilidad del gobierno.
Pese a ello, Díaz-Canel reafirmó su apuesta por la resistencia y la lealtad al modelo político vigente en Cuba, sin mostrar intención de realizar cambios estructurales en la economía o la gestión gubernamental.
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