Cinthya Medrano, La Cintumbare como la conocen los cubanos, sigue dando de qué hablar en las redes sociales desde que fue deportada a Cuba el pasado febrero, y se ha dado a la tarea de presumir de su felicidad en la isla.
Mientras se despelotaba en el concierto de Alexander Abreu y Havana D’Primera en el Johnny Club de La Habana en la noche del viernes, tomó el micrófono y se dirigió a los presentes asegurando: “Ustedes saben que me deportaron de Estados Unidos, bueno no me deportaron, yo misma me deporté. Quiero decirles que a mí no me deportaron, yo misma me deporté”.
“Yo me siento feliz porque estoy en mi país, en mi tierra, donde yo nací, donde crecí. Si me hubieran deportado para África, para Haití, estuviera llorando, pero yo estoy en mi tierra, más feliz imposible, se los juro, estoy con mi familia, estoy con mi hijo, estoy con mis fanáticos, con mi público, con la gente que me descarga”, añadió la influencer.
Aunque estas fueron sus palabras, muchos internautas en las redes creen que se trata de una imagen que quiere vender y no de la realidad.
“Lo que tiene es un zapato en la cabeza”; “Pero no llores, se fuerte ahora repite conmigo, te deportaron”; “Como que está más flaca eso se llama hambre, apagón y miseria”; “Eso no te lo cree ni el que te rompió el c* regresaste al infierno en la tierra y lo sabes, de donde todos quieren escapar, regresaste al basurero”; “Dice que a ella no la deportaron, que ella misma se deportó. También ella misma se metió presa en un centro de ICE”; “No entiendo por qué si le gusta tanto su país y es tan feliz allá porque en un momento determinado decidió irse de ahí”, comentan algunos usuarios en Instagram.
La polémica en torno a La Cintumbare no solo gira en torno a sus declaraciones, sino también a la imagen que intenta proyectar desde su regreso. Para muchos, la influencer busca capitalizar su deportación como una narrativa de empoderamiento, mientras minimiza las duras condiciones que enfrentan a diario millones de cubanos en la isla. Críticos señalan que su discurso ignora la precariedad del sistema de salud, la escasez de alimentos y la falta de libertades, problemas que llevaron a miles a emigrar, incluida ella misma.
Además, el hecho de que se presentara en un evento público y se expresara con tal efusividad ha sido interpretado por algunos como un intento de congraciarse con sectores oficialistas, lo que ha alimentado aún más la controversia. La desconexión entre su discurso de “felicidad plena” y la realidad cotidiana del país ha hecho que muchos la acusen de hipocresía o de manipular su historia para ganar relevancia mediática.
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