Un reciente gráfico publicado por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) ha vuelto a poner sobre la mesa una realidad persistente en Cuba: el peso desproporcionado que las mujeres cargan sobre sus hombros en cuanto al trabajo doméstico no remunerado.
Según los datos compartidos en la red social X, al cierre de 2023, el 27,7% de las mujeres cubanas de 15 años o más se dedicaban exclusivamente a las labores del hogar, frente a apenas el 0,8% de los hombres.
Aunque el trabajo doméstico es esencial para el funcionamiento de cualquier familia y, por extensión, de toda la sociedad, en Cuba —como en muchas otras partes del mundo— sigue siendo considerado una “responsabilidad natural” de las mujeres, y rara vez se valora como una labor con peso económico o social.

Estas tareas incluyen cocinar, limpiar, cuidar niños y ancianos, organizar el hogar, y en muchos casos, también gestionar las largas colas, resolver los alimentos con escasez o “inventar” soluciones ante la precariedad cotidiana. Todo esto se realiza sin salario, sin descanso, y sin garantías de protección social.
Brechas persistentes en igualdad de género
Aunque Cuba ha logrado avances formales en materia de igualdad —como el acceso masivo de mujeres a la educación, el empleo y la representación política—, los roles tradicionales de género siguen profundamente arraigados en la vida cotidiana. Las estadísticas de la ONEI reflejan esta contradicción: la equidad legal no siempre se traduce en equidad real dentro del hogar.
Diversas organizaciones feministas dentro y fuera de la isla han denunciado durante años que la carga del trabajo doméstico recae casi exclusivamente en las mujeres, incluso cuando ellas también trabajan fuera del hogar. En muchas familias, las mujeres enfrentan lo que se denomina una "doble jornada", trabajando en su empleo formal y luego asumiendo todas las responsabilidades del hogar.
Un cambio que aún no llega
La falta de corresponsabilidad doméstica entre géneros no solo perpetúa la desigualdad, sino que también limita las oportunidades de desarrollo personal y profesional de las mujeres. Si las tareas del hogar no se comparten, difícilmente se podrá hablar de igualdad plena.
Activistas y expertos coinciden en que hace falta una transformación cultural profunda, acompañada de políticas públicas concretas que reconozcan, valoren y redistribuyan el trabajo doméstico. Campañas de sensibilización, educación desde edades tempranas y mecanismos de apoyo a cuidadoras podrían ser pasos clave en ese camino.
¿Quién cuida a las que cuidan?
En medio de la crisis económica y social que vive Cuba, con escasez de productos básicos, apagones constantes y deterioro general de los servicios, el trabajo doméstico se ha vuelto más difícil, más agotador, y aún así, sigue siendo invisible para las estadísticas económicas.
El dato revelado por la ONEI es solo una punta del iceberg de una desigualdad silenciosa pero estructural que continúa marcando el día a día de millones de mujeres cubanas.
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