Un "Día cubano" es un divertimento en los hoteles de Cuba donde los visitantes disfrutan no solo de la naturaleza y el aire acondicionado en las habitaciones, sino de un festín ajeno a la realidad del pueblo.
Las imágenes compartidas por hoteles cubanos como el Meliá Las Antillas y el Hotel Palma Real en Varadero, o el Meliá Costa Rey en Cayo Coco, revelan una realidad paralela que coexiste con la profunda crisis alimentaria que golpea a la población de la isla.

Las fotografías muestran escenas típicas de un destino caribeño. Turistas disfrutando del sol, las playas y un ambiente festivo. Sin embargo, lo que lastima a los cubanos no son las postales de descanso y ocio de los viajeros, sino los lujosos y abundantes bufés que ofrecen estos establecimientos.
Los banquetes incluyen variedad de frutas tropicales que escasean en los mercados, cortes de jamón y quesos de alta calidad, panes, postres, pescado, pollo asado, carnes y lácteos. Una oferta gastronómica impensable para millones de cubanos que luchan a diario por conseguir lo mínimo indispensable para alimentar a sus familias.
En la actualidad, la inflación y la escasez han convertido el acceso a productos básicos en un desafío diario. Muchos hogares no pueden garantizar tres comidas al día. Alimentos como el queso o el pescado han desaparecido de las mesas de los cubanos.
Las imágenes, destinadas a promover el turismo, terminan evidenciando un país de contrastes extremos. Mientras los visitantes disfrutan del "Día cubano" en los hoteles, con acceso a lujos gastronómicos y confort, gran parte de la población sobrevive con una libreta de racionamiento cada vez más desabastecida y precios que no se corresponden con los ingresos medios del trabajador.
Este contraste no es nuevo, pero se vuelve cada vez más crudo en una isla donde la brecha entre lo que se ofrece al turismo y lo que vive el cubano común es cada vez más amplia.
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