La cadena hotelera canadiense Blue Diamond Resorts continúa su agresiva expansión en Cuba y acaba de anunciar la incorporación de sus marcas de lujo Sanctuary y Resonance en el polo turístico de Santa Lucía, en la provincia de Camagüey.
La decisión sorprende en un contexto de contracción sostenida del turismo en la isla y creciente opacidad en las inversiones públicas y extranjeras en este sector, que el régimen sigue priorizando por encima de servicios básicos como la salud.

Las instalaciones Club Amigo Caracol y Gran Club Santa Lucía, ahora rebautizadas como parte de la marca Resonance, han sido remodeladas con nuevos conceptos de animación, gastronomía a la carta, áreas diferenciadas para adultos y espacios de mayor confort.
Además, según reporte de Adelante, se inaugura un pequeño hotel de 35 habitaciones, operado bajo la marca Sanctuary, exclusivo para adultos y con servicios personalizados.
Invertir en un sector en crisis
Según cifras oficiales, el turismo internacional en Cuba ha disminuido drásticamente en la última década, y ni siquiera las reaperturas tras la pandemia han logrado recuperar el dinamismo previo a 2018.
En 2023, la isla apenas superó los 2.4 millones de visitantes, lejos del objetivo oficial de tres millones, y la ocupación hotelera se situó por debajo del 30%.
A pesar de estos datos negativos, el régimen cubano ha priorizado nuevamente las inversiones en turismo por encima de sectores esenciales. De acuerdo con las propias estadísticas oficiales del régimen cubano, en 2023 se invirtió 14 veces más en turismo que en salud pública, y en 2024 la brecha continúa ampliándose, con nuevos proyectos turísticos respaldados por capital extranjero, principalmente canadiense, y recursos públicos que podrían destinarse a hospitales, medicamentos y atención primaria.
Blue Diamond: Expansión sostenida en tiempos de crisis
Desde su llegada al país en 2011, Blue Diamond Resorts se ha convertido en la segunda mayor operadora hotelera de Cuba, solo por detrás del grupo español Meliá.
Actualmente gestiona 58 hoteles y más de 12,900 habitaciones distribuidas en polos como Varadero, La Habana, Cayo Santa María, Holguín y Cayo Largo del Sur, este último operado en su totalidad bajo su marca tras un acuerdo con el régimen en 2022.
En 2024, la compañía inauguró un nuevo hotel todo incluido solo para adultos en Cayo Cruz y firmó convenios con el gobierno cubano para asumir la gestión de al menos tres nuevos hoteles, además de remodelaciones en instalaciones existentes como el Hotel Inglaterra en La Habana.
La compañía no ha hecho públicas las cifras de sus inversiones en la isla, y el gobierno cubano tampoco ha ofrecido transparencia sobre los montos o condiciones contractuales.
Una apuesta difícil de explicar
El interés de Blue Diamond en seguir ampliando su huella en Cuba genera interrogantes dentro y fuera del sector turístico.
A diferencia de otras cadenas europeas que han reducido su presencia o renegociado condiciones, la empresa canadiense parece beneficiarse de condiciones preferenciales. De hecho, ha recibido permisos especiales para importar directamente alimentos y productos desde el exterior, en un país donde incluso los hoteles de lujo enfrentan escasez crónica.
Estas facilidades podrían explicarse por las estrechas relaciones entre Blue Diamond y entidades estatales cubanas controladas por el conglomerado militar GAESA, brazo económico de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, que domina el sector turístico y la práctica totalidad de la economía dolarizada de la isla.
El modelo de gestión conjunta permite al régimen mantener el control político y económico del sector, mientras transfiere la operación y comercialización a cadenas extranjeras que asumen los riesgos operativos.
Sin transparencia ni impacto social claro
El creciente protagonismo de empresas como Blue Diamond se produce en un entorno de falta total de transparencia: no se conocen los términos de los contratos, la participación del Estado en las ganancias, ni el destino de los ingresos generados.
Tampoco hay información pública sobre la reinversión en comunidades locales o sobre los salarios de los trabajadores cubanos, que son contratados a través de agencias estatales intermediarias que se quedan con la mayor parte del salario real.
En Santa Lucía, autoridades provinciales celebran la llegada de marcas “de lujo” como un avance para el desarrollo del polo, sin cuestionar el modelo turístico que excluye a la población cubana, impide su participación como actores económicos directos, y desplaza recursos estatales en detrimento de sectores sociales urgentes.
Conclusión
La expansión de Blue Diamond Resorts en Camagüey, lejos de ser un síntoma de recuperación económica o éxito del modelo turístico cubano, refleja una apuesta empresarial difícil de justificar en términos de rentabilidad y sostenibilidad, salvo por los beneficios opacos negociados con un régimen que prioriza el turismo como vitrina política, aunque sea a costa de la salud, la educación y el bienestar de su población.
En un país donde los hospitales colapsan y los medicamentos escasean, el crecimiento del turismo de lujo solo confirma las prioridades distorsionadas de un modelo económico que sigue privilegiando al visitante extranjero por encima del ciudadano cubano.
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