A pesar de contar con un clima favorable para el cultivo, la cosecha de papa 2024-2025 en la provincia de Villa Clara ha sido un rotundo fracaso, una evidencia más de la persistente mala gestión de recursos económicos y agropecuarios en Cuba, pese a la supuesta pretensión del gobierno de alcanzar la soberanía alimentaria.
La producción del tubérculo se desplomó a niveles alarmantes, con apenas 2,240 toneladas en más de 200 hectáreas, lo que representa un rendimiento de sólo 11 toneladas por hectárea, “cuando se estimaban no menos de 17, lo normal es 22.5 y las potencialidades ya logradas son cercanas a 30 cuando todo se hace bien”, lamentó el periodista Jesús Álvarez López, de la emisora radial CMHW, en un análisis crítico que compartió en su perfil de Facebook.

A su juicio, la crisis comenzó desde la llegada tardía de la semilla y la falta del tiempo técnico que requiere el cultivo. A ello se sumaron deficiencias en la preparación de la tierra, problemas con el riego debido al déficit de combustible, ante lo cual “resulta imposible evitar la debacle productiva”.
“Así la papa no ayuda, yo diría mejor que exaspera”, escribió el periodista, en referencia a la frustración de los consumidores, quienes tras esperar durante un año apenas recibieron dos o cuatro libras del producto, dependiendo del municipio.
A la baja productividad se sumó un manejo caótico de los precios. Álvarez criticó que el Estado no definiera con antelación un precio razonable para un producto que implica semilla e insumos importados, fijándolo finalmente en 11 pesos por libra, valor que no cubre los costos.
“Hubo incluso entidades estatales que aumentaban su precio descomunalmente a partir de la compra y reventa lo que solo sirvió para tapar ineficiencias y no para apoyar al productor que es quien más debiera ganar. Este solo pudo defenderse del absurdo precio vendiendo una parte de su producción ‘por otras vías’, en un desorden sin precedentes en que cualquiera ponía un precio diferente, y podías encontrarla lo mismo en carretillas que en la candonga aledaña al policlínico de Malezas en Santa Clara”, ejemplificó.
Testimonios en los comentarios al post de Álvarez confirmaron la gravedad de la situación. Usuarios denunciaron que la semilla fue vendida de forma privada en lugar de sembrarse, que insumos del paquete tecnológico aparecieron en el mercado negro y que fallaron aspectos tan básicos como el funcionamiento de los arados en jornadas de trabajo voluntario.
Además, criticaron el desvío de la papa hacia redes informales, donde se vendía entre 150 y 200 pesos la libra, muy por encima del precio oficial, mientras el producto escaseaba en los mercados estatales.
El usuario identificado como Alberto Farías Silvera fue enfático: “Como la papa tiene un precio fijo, de 12 pesos la libra, y hoy toda la agricultura es privada, entonces los productores como van a obtener pocas ganancias, esconden el paquete tecnológico, para utilizarlos en otros productos mucho más ventajosos económicamente, como frijol, ajo, cebolla, etc., y el resultado son los bajos rendimientos y los altos precios”.
En su opinión, la solución es “volver a la agricultura estatal con todos los mecanismos que la caracterizaron, con acopio y la contratación, comercialización y precios, etc., ah y sin los corruptos funcionarios del MINAG (Ministerio de la Agricultura), que hoy se aprovechan de la privatización de esta importante industria para beneficio personal”.
Para Álvarez la solución pasa por confiar en los campesinos en todos los municipios, pues son quienes “obtienen los mejores rendimientos, los que son capaces de pagar hasta el combustible en divisas para que no se les pierda, y que se apruebe un precio para todo el país que le reporte ganancias al que suda sin abusar de los consumidores”.
De lo contrario, “mejor no hacerle gastos al país, para solo provocar disgusto al final”, sentenció.
La papa, considerada tradicionalmente “la reina” entre las raíces y tubérculos en la isla, ha perdido su corona en medio de un sistema agrícola desorganizado, con responsabilidades diluidas, ineficiencia crónica y ausencia de decisiones oportunas. Una realidad que, como aseguran varios usuarios, “se repite cada año con nuevas justificaciones y los mismos resultados”.
En Cuba, el tubérculo se ha convertido en símbolo, y su llegada cada año representa la esperanza de un plato más completo, una alternativa económica, un respiro frente al arroz y los granos. Pero lo que debe ser una garantía alimentaria se ha transformado en síntoma de la pobreza y el desamparo institucional.
El más reciente intento de sembrar papa en Guantánamo terminó en una cosecha malograda, con rendimientos mínimos y parte del alimento perdido, lo que confirmó una vez más que el cultivo no tiene condiciones reales para sostenerse en la más oriental de las provincias cubanas.
La siembra en Ciego de Ávila comenzó con un panorama similar al de campañas anteriores, marcado por atrasos, falta de recursos y condiciones climáticas adversas.
En Sancti Spíritus la llamada “papa de balance nacional”, destinada a garantizar una distribución equitativa, ha sido víctima de problemas productivos, desorganización institucional y decisiones políticas sin respaldo técnico, lo que ha generado una nueva ola de incertidumbre y malestar entre la población.
La venta en Santiago de Cuba generó tensiones al limitarse a tres libras por persona, lo cual pone en evidencia la profunda crisis alimentaria que enfrenta el país, donde productos básicos como este llegan a la población de forma racionada, en cantidades mínimas y bajo un sistema de distribución marcado por la escasez y la desorganización.
La diferencia entre el precio oficial de 11 pesos la libra y los 150 o 200 pesos (o más) que se vende en el mercado informal es una muestra más del fracaso del sistema de distribución y control en Cuba.
Sin mecanismos de fiscalización real y con mercados informales en auge, la papa escasea en los comercios estatales y abunda en manos privadas, a precios prohibitivos para la mayoría. La propia dinámica de la cosecha, que requiere mano de obra bien pagada, empuja a los agricultores a buscar vías más lucrativas para vender su producción, evadiendo el esquema estatal.
No obstante, en medio de la severa crisis alimentaria que golpea a la mayoría de los cubanos, el gobierno cubano ha llegado a comercializar papas nacionales, marca Frutisel, a 8.85 dólares la bolsa en el supermercado habanero de 3ra y 70, el primero que abrió en Cuba para operar exclusivamente en monedas extranjeras.
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