Una cubana que vive en Las Vegas junto a su esposo ha conquistado TikTok con un video donde enumera, con claridad y sin poses, las cosas en las que no gasta dinero. “No es que no pueda, es que no nos hace falta”, dice @camsoria19 mientras explica por qué no invierte en uñas de salón, perfumes costosos, maquillaje de lujo ni carros financiados.
Su enfoque va por otro camino: invertir en lo que les da paz y estabilidad. Una renta en un sitio que les haga sentir en casa, muebles cómodos, herramientas para su trabajo online, calzado duradero, formación que les genere ingresos y, sobre todo, apoyo a sus padres. Todo pensado para construir, no para aparentar.
“El entorno también influye”, afirma, convencida de que vivir rodeados de calma ayuda más que cualquier compra impulsiva. Y para quienes se preguntan si no se permiten ningún capricho, responde que sí, pero de forma consciente: algún gusto ocasional para recargar energías, sin entrar en deudas innecesarias.
El consejo que más llamó la atención fue claro y directo: “No te recompenses con cosas innecesarias por los esfuerzos que aún no haces. Invierte en tu futuro y tendrás todo lo que deseas, pero desde la paz, no desde la deuda”.
Las reacciones no tardaron en llegar. Una usuaria escribió: “Yo trabajo y estudio, pero disfruto el proceso porque no se sabe cuándo es el último día en la tierra”. Otra contó entre risas: “Yo sí gasto en perfumes, que no me falten”. También hubo quien se sintió inspirada: “Estoy cambiando mi mentalidad y este video me ayudó”.
No faltaron los desacuerdos. Una mujer compartió su historia: “Así decía yo, pero mírame ahora, él se quedó con la casa por la cual ahorramos y yo sin hacerme ni el pelo… ahora vivo el día a día”. Mientras tanto, otra usuaria defendió su rutina de fines de semana: “Como mamá soltera, mis hijos y yo sí comemos afuera los sábados. Lo necesito”.
El video ha generado un espacio de diálogo sobre prioridades, consumo y bienestar, especialmente entre migrantes cubanos que enfrentan el dilema de ahorrar para el futuro o darse los gustos que en Cuba fueron imposibles. En cualquier caso, la publicación logró lo que pocos: hacer pensar y conectar.
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