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En medio del profundo deterioro del sistema deportivo cubano, el régimen de La Habana mueve sus hilos y apuesta nuevamente por el discurso de la cooperación internacional.
Este lunes, el gobernante Miguel Díaz-Canel recibió en el Palacio de la Revolución a Gao Zhidan, alto funcionario del Partido Comunista de China y presidente del Comité Olímpico del gigante asiático, con el propósito de fortalecer el intercambio deportivo entre ambos países, de acuerdo con Cubadebate.
Díaz-Canel calificó la visita de “muy significativa” y expresó su intención de promover entrenamientos conjuntos, metodologías compartidas y eventos bilaterales.
Sin embargo, más allá de las palabras diplomáticas, lo cierto es que Cuba tiene muy poco que ofrecer hoy en día a una potencia como China, en materia deportiva.
Un sistema deportivo colapsado
Durante décadas, el deporte cubano fue una carta de presentación del régimen. Sin embargo, ese pasado glorioso forma ya parte de un tiempo extinto. La falta de inversión, el éxodo constante de atletas y entrenadores, la obsolescencia de su infraestructura y la politización extrema han dejado al deporte nacional al borde del colapso. Los resultados en competencias internacionales son cada vez más escasos y los procesos formativos carecen de sostenibilidad.
En contraste, China es hoy la segunda potencia deportiva del planeta, con un modelo altamente profesionalizado, recursos ilimitados, desarrollo científico y tecnológico, y un sistema que respalda desde la base a sus atletas.
Si de intercambio se trata, la balanza está totalmente desequilibrada: Cuba podría recibir mucho más de lo que puede ofrecer.
Intercambio desequilibrado y consecuencias internas
Si La Habana propone enviar entrenadores cubanos —por ejemplo, en disciplinas como el boxeo—, esto significaría privar a sus propios atletas de los escasos especialistas calificados que aún quedan en el país.
Se repetiría así el patrón de exportación forzosa que ocurre en el sistema de salud, donde miles de médicos son enviados al extranjero mientras las comunidades dentro de Cuba enfrentan un déficit crítico de atención.
Este tipo de intercambios, presentados como gestos de cooperación solidaria, ocultan en realidad un vaciamiento de recursos humanos esenciales para la propia subsistencia interna del país.
En un contexto de crisis sistémica sin precedentes, donde colapsan los servicios básicos, los alimentos escasean y los jóvenes huyen, hablar de fortalecer el deporte en clave de “intercambio bilateral” con una superpotencia como China resulta poco realista y hasta contraproducente.
Una alianza más política que deportiva
La visita de Gao Zhidan se enmarca en una agenda más geopolítica que atlética. Poco antes, otro funcionario chino, Qiu Xiaoqi, fue recibido por el canciller cubano Bruno Rodríguez para reafirmar la intención de desarrollar una “comunidad de futuro compartido”, como expuso en la red social X.
Detrás de los discursos de amistad y cooperación, China consolida su influencia diplomática y estratégica en América Latina, mientras el régimen cubano intenta asegurar apoyo internacional frente a su aislamiento regional y su crisis interna.
En definitiva, la alianza deportiva anunciada entre Cuba y China no parte de condiciones equitativas, y en la práctica solo sirve para reforzar la narrativa propagandística del Gobierno cubano.
Mientras tanto, el deporte nacional, que alguna vez fue símbolo de orgullo, se desmorona entre la falta de recursos, el desinterés estatal y el abandono masivo de sus figuras más prometedoras.
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