Una madre cubana radicada en Estados Unidos ha provocado una ola de reacciones en redes sociales tras compartir un video en TikTok donde lanza un mensaje visceral contra el gobernante Miguel Díaz-Canel y el régimen cubano, a quienes responsabiliza del sufrimiento en la isla.
“Me resingo en la vida de él, en todos los cochinos comunistas”, dice entre gritos y lágrimas la mujer (@lachinagonzalez97gmail.c), visiblemente afectada. Su indignación llega poco después de la reciente imposición de nuevas medidas y tarifarias que agravan la situación en Cuba, particularmente el llamado tarifazo de ETECSA, que ha generado un amplio rechazo dentro y fuera del país.
El estallido de esta madre vino precedido por otro video donde denuncia las condiciones de vida en la isla a través de un rap crítico: “Viviendo un comunismo que ha durado ya por años y que afecta a las familias y les hace tanto daño”, canta, mientras llama al pueblo a levantar la voz.
Su grito no cayó en el vacío y muchos usuarios se sumaron a su mensaje con frases como “yo también me resingo” o “ese es el sentir de todos los cubanos”. Los comentarios expresan una mezcla de apoyo, rabia e impotencia: desde quienes la animan a no callar, hasta quienes señalan que son los cubanos en el exterior los que están sosteniendo económicamente al país.
Los comentarios en redes sociales no se hicieron esperar y se convirtieron en una muestra masiva de apoyo a la madre cubana. Muchos repitieron sus palabras como si fueran una consigna colectiva. Frases como “yo también me resingo en la madre de todos los comunistas” y “me resingo en el corazón de Díaz-Canel” se repitieron con fuerza. Otros fueron aún más explícitos: “esa gente ni matándolos paga el daño que han hecho” o “65 años de crímenes, depresión y cárceles”.
Desde el exilio, muchos cubanos expresaron que el dolor de esa madre es el mismo que sienten ellos al ver a sus familias pasar necesidades en la isla. Comentarios como “nadie sabe lo que sufro por esa situación”, “Cuba nos duele” o “mi hija también está allá, y no puedo más” fueron frecuentes. Una persona escribió: “ese video es el sentimiento de muchos cubanos”, mientras otra decía: “mi amor, estoy contigo. Me duele igual”.
La indignación por la situación actual también fue clara: “están exprimiendo al pueblo”, “los cubanos están sin comida, sin medicinas, sin corriente y sin futuro” o “es un genocidio silencioso”. Algunas voces apuntaban directamente al gobierno: “Díaz-Canel singao”, “abajo la dictadura”, “el régimen vive del dinero de los que nos fuimos”, “esa dictadura no se cae porque los cubanos no salen a la calle”.
Hubo también reflexiones críticas sobre el rol de quienes aún no protestan dentro de la isla: “todos los que están allí tienen que salir”, “el que calla, otorga”, “si no salimos todos, no seremos libres nunca”. Otros expresaron resignación: “esto es lo mismo desde 1959”, “llevamos 65 años así”, o incluso ironía amarga: “vamos a llorar mientras ellos marchan el 26 de julio”.
En medio de todo, predominó un sentimiento compartido de rabia e impotencia, pero también de unidad en el dolor. “Te entiendo tanto, pienso lo mismo”, “me uno a tu dolor, que también es el mío”, “tu hija es como la mía”, “tus palabras son las mías”, se leían entre cientos de reacciones. El video, sin filtros ni maquillaje, se convirtió en un espejo crudo de la desesperanza que marca a millones de cubanos dentro y fuera de la isla.
El contexto de estas expresiones ciudadanas está marcado por la profunda crisis económica que atraviesa la isla. Recientemente, el monopolio estatal de telecomunicaciones, ETECSA, anunció que limitará las recargas nacionales a solo 360 pesos mensuales, obligando a los usuarios a recurrir a costosos paquetes en dólares. Las justificaciones oficiales, centradas en supuestos fraudes internacionales, han sido ampliamente rechazadas por la población.
El video de esta madre cubana se suma al sentimiento de muchos ciudadanos que ven en su dolor una representación del país entero. “Mi hija está pasando trabajo en Cuba por culpa de los singaos comunistas”, afirma entre sollozos. Para muchos, esta frase refleja una realidad compartida: la desesperación de miles de familias divididas por la migración, la pobreza y la represión.
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