Cuba sin corriente y el Jardín Botánico Nacional celebra la cocina a leña como tradición

Evocar sabores del pasado en fogones de leña contrasta con la realidad de millones que hoy cocinan así no por costumbre, sino por pura supervivencia.



Jardín Botánico Nacional defiende cocinar con leña en tiempos de crisis Foto © Collage Facebook / Jardín Botánico Nacional - UH -Cuba

Este artículo es de hace 1 año

Mientras millones de cubanos enfrentan a diario cortes eléctricos prolongados y cocinan como pueden en condiciones precarias, el Jardín Botánico Nacional, en La Habana, ha decidido presentar en las redes sociales la cocina a leña como un homenaje a la tradición y la cubanía.

En el contexto actual, esta exaltación parece menos una genuina celebración de los valores culturales y más un gesto funcional al discurso oficial, que intenta romantizar la precariedad y disfrazar de identidad lo que, en realidad, es necesidad.

Bajo el título “Descubre los sabores de la cocina tradicional cubana a leña”, la publicación promueve una experiencia culinaria en la que se reivindican platos como el lechón asado, el congrí o la yuca con mojo, preparados con fuego de leña y técnicas “ancestrales”, en medio del verdor natural del parque.

Captura Facebook / Jardín Botánico Nacional - UH -Cuba

Nadie discute que cocinar a leña forma parte del legado gastronómico cubano. En las zonas rurales, durante generaciones, fue costumbre preparar alimentos sobre fogones rústicos, con carbón o madera, y muchos aún recuerdan con nostalgia esos sabores intensos y ahumados.

Pero en el contexto actual, donde millones de hogares en todo el país no tienen acceso estable a gas ni electricidad para cocinar, este tipo de exaltación resulta, como mínimo, un desatino.

Convertir la cocina a leña en una especie de experiencia gourmet en momentos de aguda crisis energética puede parecer un acto desconectado de la realidad.

No se trata solo de un guiño cultural, sino de una peligrosa naturalización de la precariedad, como si el retorno a métodos del pasado fuera una opción voluntaria y no una imposición desesperada.

En un país donde muchos improvisan cocinas con resistencias eléctricas, cocinan con leña por necesidad en patios, o hacen largas colas para acceder a un balón de gas, celebrar este método como herencia sin señalar el drama que lo rodea hoy es ignorar el sufrimiento cotidiano de buena parte de la población.

La cocina tradicional cubana es, sin duda, patrimonio. Pero también lo es el derecho a cocinar con dignidad.

Y eso, lamentablemente, no se garantiza con humo y leña, sino con energía y estabilidad.

Según alertó el Food Monitor Program (FMP), una organización independiente que monitorea desde hace tres años el acceso a servicios básicos en la isla, más de 9 millones de personas en Cuba están cocinando hoy en condiciones precarias, insalubres y peligrosas, en medio de una de las peores crisis energética que atraviesa el país.

La cifra proviene del análisis del último Censo de Población y Viviendas de Cuba y de estudios propios del FMP, que estiman que alrededor de 1,7 millones de hogares usan gas licuado (GLP), otros 2 millones dependen exclusivamente de la electricidad, y unos 220 mil cocinan con gas manufacturado.

El resto de la población queda completamente expuesta a cortes de electricidad, a la paralización del suministro de gas o a medios rudimentarios.

Considerando un promedio de 3 a 4 personas por hogar, más de 9 millones de cubanos enfrentan dificultades graves o imposibilidad total para cocinar en sus viviendas, subrayó la organización.

El informe señala que, con apagones que alcanzan hasta 20 horas diarias, las familias cocinan cuando hay electricidad, sin importar la hora.

Se preparan alimentos de madrugada, se come frío o de inmediato, y muchas personas han reducido la cantidad de comidas diarias.

Antes del colapso más reciente, un 33% de los hogares ya había comenzado a suprimir comidas como medida de supervivencia, mientras que un 25% confesaba haberse ido a dormir con hambre.

El escenario más dramático es el aumento de la cocción con leña y carbón vegetal. Miles de familias, ante la imposibilidad de usar electricidad o gas, construyen fogones improvisados con materiales reciclados.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



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