El régimen cubano afirmó haber alcanzado un millón de toneladas de crudo extraídas en 2025, mientras el país atraviesa una infausta crisis de combustible que mantiene a millones de personas con prolongados apagones y sin medios de transporte.
La Unión Cuba-Petróleo (CUPET) celebró en sus redes sociales que llegaron al primer millón de toneladas de crudo extraídas en 2025, al tiempo que ensalzó la labor de sus trabajadores.
Según aseveraron, el 90 % de esta producción se destina a la generación eléctrica, como parte del programa del Gobierno para "alcanzar la soberanía energética".
A pesar del matiz celebratorio, esa cantidad es insuficiente para cubrir la demanda energética del país, donde la mayor parte de la producción petrolera se exporta.

La explotación de crudo en Cuba, liderada por empresas extranjeras como Melbana Energy, busca incrementar la producción nacional con vistas a la exportación, mientras la crisis energética persiste debido a la escasez de recursos y la dependencia de importaciones.
El pasado mes, la prensa oficialista cubana informó sobre los progresos en la exploración petrolera en la isla, llevada a cabo por la australiana Melbana Energy, pero omitió que el petróleo de esos pozos está destinado a la exportación.
Esta compañía, que forma parte del grupo inversionista con operaciones en la isla desde 2015 bajo un contrato de exploración a riesgo, ha centrado sus actividades en el municipio Martí, en la provincia de Matanzas.
En una nota publicada el 14 de mayo, se conoció que la empresa Melbana Energy planea exportar a finales de junio el crudo extraído del pozo Alameda-2, en lo que será su primer envío internacional desde Cuba.
Según este informe, ya se han almacenado más de 15,000 barriles de crudo de alta calidad -más ligero que el habitual en la isla- y se ha recibido la aprobación necesaria para la operación.
Mientras los medios oficialistas celebran lo que consideran un nuevo horizonte para la autosuficiencia energética cubana, la realidad de que el crudo de mejor calidad será exportado ha sido convenientemente silenciada en los canales de comunicación estatales.
Esta omisión es particularmente significativa considerando el contexto energético del país, caracterizado por apagones frecuentes y una fuerte dependencia del petróleo importado, especialmente desde países como Rusia o Venezuela.
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