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Cada vez más cubanos solo comen una vez al día, advirtió la organización Food Program Monitor (FPM) al denunciar una crisis alimentaria agravada por apagones prolongados, cocinas inutilizadas y la imposibilidad de conservar alimentos en la Isla.
“El pueblo cubano resiste; pero no por heroísmo, sino porque no le queda otra salida”, denuncia el informe, que describe con crudeza cómo familias enteras sobreviven entre tinieblas, con refrigeradores inservibles, cocinas improvisadas con carbón o leña, y alimentos que deben consumirse al momento para no perderse.
En varios barrios del país, la electricidad se ausenta durante dieciséis, veinte o hasta treinta y seis horas seguidas, lo que impide la conservación de alimentos y obliga a reorganizar toda la vida doméstica en función del breve instante en que regresa la corriente, muchas veces en horas de la madrugada.
Los testimonios recogidos revelan que los refrigeradores han sido desconectados permanentemente, convertidos en simples cajas vacías.
Según FPM, la dieta diaria se ha reducido a arroz o alguna vianda; conseguir carne, pan, aceite, huevo, sal o azúcar se ha vuelto un golpe de suerte; y hay quienes declaran comer solo una vez al día.
A la par de la crisis energética, la distribución de gas licuado ha desaparecido en muchos municipios, y en su lugar, las familias han tenido que volver a cocinar con leña o carbón, cuando logran conseguirlos.
En edificios multifamiliares esto resulta casi imposible, por lo que se han improvisado fogones en patios o pasillos compartidos; “Cocinar ha vuelto a ser una actividad que consume varias horas del día, como en tiempos del paleolítico”, recalcó el artículo.
Pero el drama no es solo material: el informe subrayó el impacto psicológico y emocional del colapso, lo cual se traduce en tristeza, fatiga, miedo y tensión sostenida.
La gente habla en voz baja, baja la mirada en las colas, se refugia en el silencio, mientras que en las noches son oscuras no solo por la falta de luz, sino por la presencia del aparato represivo, cuya vigilancia no cesa ni en el apagón, enfatizó FPM.
En este contexto, quienes poseen divisas pueden pagar hasta 50,000 pesos cubanos por una conexión eléctrica ilegal desde otro circuito, alimentando una corrupción que florece entre las ruinas del sistema oficial, denunció el programa de monitoreo.
FPM concluyó que la crisis alimentaria y energética ya ha reconfigurado la vida en Cuba: la planificación diaria gira en torno al sol, los apagones marcan los ritmos de las comunidades, y el aislamiento —agravado por la mala conectividad y el tarifazo impuesto por ETECSA— golpea el ánimo de un pueblo que sobrevive más que vive.
A pesar de todo, el informe destaca que aún en medio de esta penumbra “existe una fe que arde como brasa entre la ceniza”: la creencia de que “a esto le queda poco”.
Una dignidad silenciosa, pero resistente, mantiene viva la esperanza de cambio entre los que aún no se han rendido.
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