Un “coliseo romano” en tienda La Época de Sancti Spíritus para comprar huevos en dólares

Más de tres horas de caos, gritos y empujones para comprar un simple cartón de huevos. Revendedores impunes, autoridades ausentes y una gerencia que se lava las manos frente a un desorden crónico. Otra postal cotidiana de la crisis en Cuba, con víctimas visibles y responsables que nadie parece querer señalar.



Huevos en La Época espirituana: violencia, coleros y ausencia total de autoridad Foto © Escambray/CiberCuba

Este artículo es de hace 1 año

Lo que empezó como una cola aparentemente organizada en la tienda La Época de la ciudad de Sancti Spíritus, para comprar un cartón de huevos (30 unidades) a 5,25 dólares, terminó siendo un espectáculo bochornoso de descontrol y violencia.

Más de tres horas y media de empujones, gritos e impunidad absoluta, donde los revendedores impusieron sus reglas sin el más mínimo disimulo; “una especie de coliseo romano” en pleno centro comercial, donde la única garantía fue el atropello y la desesperanza, reconoció el periódico oficial Escambray.

Los hechos narrados ocurrieron el viernes 27 de junio. Mientras los ciudadanos hacían lo posible por respetar el orden, “clanes de revendedores compraban una, dos, tres, cuatro o más veces porque habían marcado varios turnos, se colaban los unos a los otros, montaban estratagemas, disimulaban, bloqueaban la puerta para solo dejar entrar a sus aliados, desafiaban a gritos y con obscenidades para salirse con la suya”, refirió el medio de prensa.

Pero no fueron solo los conocidos “buscavidas” de siempre quienes se llevaron la mayor cantidad del producto; también entraban una y otra vez trabajadores y dueños de negocios “a quienes al parecer sus habituales ganancias nunca les resultan suficientes”.

La administración del local pareció desentenderse del asunto. Según explicó la gerente de La Época, “ellos tenían solo la responsabilidad de custodiar los bienes de la tienda y el dinero duro de sus cajas, pero no podían organizar la cola, que eso era asunto de los clientes puertas afuera de su unidad”.

Y cuando se le sugirió pedir apoyo de las fuerzas del orden, la propia gerente alegó que ya lo había hecho en otras ocasiones y la Policía no había acudido.

Según el texto, los clientes que intentaban reclamar sus derechos recibían burlas y provocaciones de los coleros, que actuaban con total impunidad. Aseguró que la gerente, lejos de controlar la situación, llegó incluso a cuestionar si debía impedir el paso a un revendedor reincidente, dejando en manos de la multitud la responsabilidad de frenar el abuso. Resultado: lo dejó pasar.

El espectáculo concluyó sobre la 1:30 de la tarde, cuando se agotó el producto, y “lo cierto es que los coleros metieron el pie y se salieron con la suya. Las personas de bien se quedaron solas, indefensas y asustadas”, resumió el texto.

Para colmo, allegados de la tienda entraban por puertas laterales para discretamente “recoger lo suyo, que permanecía seguro y bien guardado a la sombra de algún anaquel”, agregó.

El comentario apuntó como causa principal de tal desbarajuste a la crisis económica en la cual se encuentra hundida Cuba, donde el déficit productivo-financiero “ha convertido la escasez de todo o casi todo en pasto para el mercado informal con precios de ciencia ficción”.

Finalmente, Escambray terminó preguntándose: “¿resulta lógico que una institución pública como Tienda La Época permita de brazos cruzados semejante arbitrariedad ante sus narices?, ¿no existe en las normas de funcionamiento o en la ética de Tiendas Caribe forma de controlar el desbarajuste?, ¿acaso las autoridades pertinentes no consideran desorden público este escenario y solo acuden cuando los clientes se van a las manos en una bronca o rajan los cristales de algún comercio?, ¿en la cola de los huevos de La Época ocurrirá, como en la conocida canción de Buena Fe, que “la maldita culpa no la tiene nadie?”

La Empresa Avícola estatal, incapaz de sostener la producción nacional de huevos, ha recurrido a un inédito esquema de cooperación con actores privados en Sancti Spíritus. Bajo el nombre "huevos cooperados", el experimento busca paliar el desabastecimiento que ha dejado a programas sociales -como la canasta básica y hospitales- al borde del colapso.

Detrás de la retórica de “cooperación” se esconde una realidad mucho más precaria y desigual: el Estado ya no puede sostener su red de abastecimiento y, vuelve a implementar soluciones de emergencia delegando la producción en el sector privado. En este caso, el pienso lo pone el empresario, el control lo mantiene la empresa estatal, y los huevos se reparten, cuando llegan.

En octubre de 2024, el ministro de la Agricultura, Ydael Pérez Brito, reveló que, de producir entre cuatro y cinco millones de huevos por día, sólo se llega a 1,200,000, cuando logran alimentar a la masa animal.

Las autoridades del régimen atribuyen la debacle del sector agropecuario a la falta de insumos, la escasez de combustible y las condiciones climáticas. Sin embargo, estas últimas no parecen afectar a la vecina República Dominicana, desde donde se importan cerca de 16,5 millones de posturas mensuales.

Cuba también importa huevos de países como Colombia y Estados Unidos. Incluso, estos últimos se comercializan en las tiendas en divisas propiedad del estado y por las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes).

También las tiendas online venden en la isla huevos procedentes de EE.UU., aunque el régimen sostiene que el embargo estadounidense le impide comprar productos alimenticios básicos.

Debido a la carencia de un alimento históricamente esencial en la dieta de los cubanos, el cartón de huevos ha llegado a alcanzar precios astronómicos en el mercado informal, que exceden en mucho el salario o la pensión mínimos.

En 2024, cubanos denunciaron el exorbitante costo de una “file” de posturas de gallina: 5,000 pesos en el mercado negro, un precio que un trabajador que devenga un salario bajo o un jubilado, con su ínfima pensión, no pueden pagar.

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