Tres años después del incendio en la Base de Supertanqueros, Cuba y China levantan nuevos tanques en Matanzas

La tragedia de 2022 dejó profundas heridas en la memoria colectiva del país, y las labores continúan sin plazos claros debido a la crisis económica y la dependencia tecnológica.

Tanque en la Base de Supertanqueros, Matanzas © Periódico Girón
Tanque en la Base de Supertanqueros, Matanzas Foto © Periódico Girón

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A casi tres años del trágico incendio que devastó la Base de Supertanqueros de Matanzas, una de las infraestructuras energéticas más importantes de Cuba, avanzan, aunque lentamente, las labores de reconstrucción, impulsadas por una colaboración entre fuerzas cubanas y operarios chinos.

Según reportes del periódico local Girón, se han comenzado a levantar cuatro nuevos depósitos identificados como los tanques 88, 49-1, 86 y 87. El tanque 88, construido por fuerza cubana, se encuentra a un 60% de ejecución, mientras que los tres restantes son responsabilidad de brigadas chinas, quienes avanzan en estructuras distribuidas entre dos explanadas, a diferencia de los tanques originales que se ubicaban juntos.

“La obra está avanzando... estamos en la fase de terminación mecánica para después pasar a la de pintura”, explicó el ingeniero Richard Daniel Martínez Sánchez, al frente de la Dirección Integrada de Proyectos.

La Empresa Comercializadora de Combustibles (CUPET) lidera la inversión, que incluye siete kilómetros de asfalto en los accesos, dos de cercado perimetral, mayor distanciamiento entre los tanques y modernos sistemas de pararrayos. El objetivo: construir una terminal más segura, menos vulnerable y con imagen renovada.

Dolor, pérdidas y un país en duelo

El 5 de agosto de 2022, una descarga eléctrica impactó un tanque lleno de crudo, provocando una cadena de explosiones que arrasaron con cuatro de los ocho depósitos en la base matancera.

Las llamas, que ardieron durante más de una semana, cobraron la vida de al menos 17 personas, entre ellas bomberos jóvenes y personal de rescate, además de dejar decenas de heridos y causar daños medioambientales severos que todavía no han sido del todo cuantificados.


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Familias enteras vivieron días de angustia, sin noticias de sus seres queridos desaparecidos entre el humo tóxico que envolvía el cielo de Matanzas. Las redes sociales se llenaron de fotos, rezos y llamados desesperados de auxilio. La tragedia impactó profundamente la memoria colectiva de la nación.

A nivel logístico, el siniestro comprometió gravemente la capacidad de almacenamiento y distribución de combustible en la isla, en un momento de ya marcada crisis energética. La pérdida de 200 mil metros cúbicos de capacidad de almacenamiento afectó no solo el suministro de electricidad, sino también el transporte y la vida cotidiana de millones de cubanos.

Reconstrucción sin plazos claros

A pesar de los avances actuales, no hay fechas oficiales para la culminación de la obra. En febrero de este año, una escueta información en redes sociales de CUPET reflejaba el ritmo lento de los trabajos, condicionado por la crisis económica, la escasez de materiales y la dependencia tecnológica de aliados extranjeros como China.

En abril de 2024, otras imágenes publicadas por CUPET mostraban apenas la base construida del tanque 88. Las labores de soldadura vertical y la instalación de muros cortafuegos seguían siendo el “cuello de botella” del proyecto.

Aunque funcionarios del Ministerio de Energía y Minas habían anunciado que solo se levantarían dos tanques nuevos por razones de seguridad, el reciente informe local habla ya de cuatro depósitos en construcción. Todos contarían con cubetos de retención y mayores distancias entre sí para evitar otro desastre de magnitud similar.

Memoria, fuego y futuro

El incendio en Matanzas es, para muchos cubanos, una herida abierta. Una tragedia que desnudó vulnerabilidades estructurales, improvisaciones oficiales y una gestión de crisis que dejó más preguntas que respuestas.

Hoy, los nuevos tanques se alzan entre andamios, grúas y obreros vestidos con trajes de protección. Pero más allá del acero y el cemento, el país sigue esperando certezas: ¿cuándo terminarán las obras?, ¿qué garantías existen para evitar otro desastre?, ¿cuánto ha costado en vidas, recursos y memoria colectiva esta tragedia?

La reconstrucción de la Base de Supertanqueros avanza, sí, pero aún lejos de cerrar un capítulo que marcó profundamente a Cuba. Y cuya llama, simbólicamente, todavía no se apaga.

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