El primer ministro cubano, Manuel Marrero Cruz, se refirió ante la Asamblea Nacional a la renuncia de la ministra de Trabajo, Marta Elena Feitó Cabrera, tras el escándalo generado por sus declaraciones sobre la pobreza en Cuba.
Marrero contó que él y otros altos funcionarios acudieron el martes al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, donde la ministra reconoció su "error".
"Me equivoqué, y me equivoqué en lo que nunca debí haberme equivocado, y no me siento en condiciones de mantenerme como un cuadro al frente de un ministerio", admitió ella -según Marrero-.
El primer ministro calificó la actitud de la dirigente como "valiente".
"Fue una ministra que ha trabajado duro", agregó, e insistió en que en estos años Feitó ha propuesto y defendido políticas en favor de personas vulnerables.
Marrero relató que el consejo de dirección del Ministerio estuvo de acuerdo con la salida de la ministra, sin dejar de reconocer sus méritos, pero que entendió "la necesidad de ejecutar ese movimiento", e insistió en que "es ella la que solicita su liberación".
Sin embargo, en su intervención ante el Parlamento, intentó distanciar al gobierno de sus declaraciones más polémicas.
"Lo planteado por la compañera no se aviene con la política del gobierno", aseguró.
Aunque la presencia de mendigos en las calles cubanas es una realidad innegable, el dirigente repitió que el gobierno tiene procedimientos vigentes para "la atención a las personas con conductas deambulantes".
También afirmó que "este asunto es un problema real, existe, no podemos envolverlo en terciopelo ni edulcorantes" y prometió que se trabajará no solo en atenderlo, sino en "resolverlo".
Sus palabras contrastan con la realidad cotidiana de miles de cubanos que enfrentan hambre, desempleo y viven en las calles sin atención médica ni asistencia estatal.
En todas las provincias es común ver personas hurgando en la basura o durmiendo en portales, y las quejas sobre el abandono de personas mayores y enfermas se multiplican.
Lo que dijo la ministra y la reacción pública
La intervención de Marrero llega tras el tsunami de indignación provocado por Feitó Cabrera, quien durante una comisión parlamentaria el pasado lunes negó la existencia de mendigos en Cuba.
Según ella, las personas que piden limosna, limpian parabrisas o revuelven contenedores de basura, lo hacen por "elección", porque "prefieren una vida fácil" a trabajar.
"Están disfrazados de mendigos", dijo, y los describió como "ilegales del trabajo por cuenta propia".
Sus afirmaciones no solo negaron una pobreza ampliamente visible en toda la Isla, sino que también criminalizaron la indigencia, lo que generó un rechazo masivo dentro y fuera del país.
Horas después de sus palabras, la ministra presentó su renuncia, aceptada rápidamente por el Buró Político del Partido Comunista y el Consejo de Estado. Un comunicado oficial la acusó de actuar con "falta de objetividad y sensibilidad".
Tardía reacción oficial
El gobernante Miguel Díaz-Canel, sin mencionar directamente a la ministra, reaccionó un día después diciendo que "ninguno de nosotros puede actuar con soberbia, desconectado de las realidades que vive nuestro pueblo".
Marrero, por su parte, intentó minimizar el daño insistiendo en que "la atención a personas vulnerables siempre ha sido y será una prioridad de la Revolución".
No obstante, muchos interpretaron esas declaraciones como parte de un esfuerzo de contención política, más enfocado en proteger la imagen del gobierno que en asumir responsabilidades concretas.
Las declaraciones de la funcionaria fueron ampliamente rechazadas por intelectuales, activistas, artistas y ciudadanos, que denunciaron su falta de empatía y el desprecio hacia los sectores más vulnerables de la sociedad.
La crisis económica, la inflación, la falta de alimentos y medicamentos, y la creciente desigualdad han dejado a millones de cubanos en situación de extrema precariedad.
De hecho, el Observatorio Cubano de Derechos Humanos estima que el 89 % de los hogares vive en pobreza extrema, y la propia ministra, en febrero de este año, reconoció que más de 1,200 comunidades en el país viven en condiciones de miseria.
A pesar de los discursos oficiales, en las calles de Cuba la pobreza no es una teoría ni un error de comunicación: es una evidencia diaria.
Archivado en:
