Contraste revelador: “Mis amigas cubanas afuera exploran el mundo; las de aquí esperan a que pongan la luz”

El abismo entre las que se fueron y las que se quedaron (imagen de referencia) © CiberCuba
El abismo entre las que se fueron y las que se quedaron (imagen de referencia) Foto © CiberCuba

Este artículo es de hace 1 año

La decisión de irse o quedarse, tomada por muchas mujeres cubanas en las últimas décadas, no fue un privilegio para todas ni una línea que defina quién tiene más valor o fortaleza, pero el tiempo se ha encargado de mostrar que el lugar donde viven hoy determina cuánto pueden descansar, cocinar, dormir o simplemente vivir con un poco de respiro.

Así lo describió en su cuenta de Facebook la traductora y editora cubana Marcia Gasca quien recibió, por estos días, mensajes de varias amigas “que viven regadas por este mundo. Cubanas y extrajeras”.

En su testimonio, Gasca refirió que algunas amistades se fueron hace años, otras nacieron fuera, muchas dejaron atrás a sus padres o hijos para buscar estabilidad.

Captura de Facebook/Marcia Gasca

“Se fueron en los últimos 30 años o nacieron en los países donde aún viven, todos tienen una casa decente donde viven, propia o de alquiler, ninguna se queja de goteras, tienen auto o viven en una ciudad donde el transporte público funciona a la perfección. Ninguna es rica. Son personas laboriosas, trabajaron 40 años o trabajan aún”, subrayó.

También se refirió a las amigas que se quedaron en Cuba, profesionales, algunas ya jubiladas “porque ya no resistían ir a trabajar sin transporte o están muy obstinadas de no tener con qué trabajar. Otras se jubilaron por enfermedad. Y unas cuantas se han reincorporado porque la pensión... ya saben. Algunas siguen luchando en sus trabajos con los salarios que conocemos porque no hay más opción para ellas a esta edad”.

Pero mientras unas comparten fotos de sus paseos, conversaciones sobre libros, recetas o nietos, las que siguen en Cuba solo hablan del apagón, de si hay agua para lavar, de si podrán cocinar. La rutina es una cadena de obstáculos: una hora de corriente, tal vez de madrugada, y después el regreso a la oscuridad y al calor infernal.

Solo una de ellas fue a la playa, gracias al sacrificio de su esposo. El resto ni lo sueña. “Todas están estresadas por los apagones y la escasez generalizada. Están desaliñadas, con el cabello sin teñir. Su único tema de conversación es ʻNo tengo luzʼ o ʻCuándo me pongan la luz voy a lavar... si ponen el aguaʼ”, confesó.

Las palabras finales de Gasca muestran una dolorosa diferencia: “Mis amigas en el extranjero andan de viaje por Europa, suben a los Pirineos o se escaparon a la playa miamense una semana. Sufren, aman, viven... Mis amigas de Cuba solo están esperando que les pongan la luz”.

Y quienes lo viven desde dentro también lo dicen. “Es frustrante lo que nos ha tocado vivir”, escribió en uno de los comentarios a la publicación Elena Zayas al ver cómo sus amigas afuera disfrutan fines de semana normales, sin lujos, pero sin penurias.

“No hay que ser millonario para pasar unas lindas vacaciones en familia”, afirmó Mérida Niebla, residente en otra nación, reconociendo que la diferencia no está en el dinero, sino en el país que te permite tener vida.

“Cuánto dolor en saber que nuestra patria está así, con sus gentes, por el capricho de un grupúsculo egoísta. No tienen perdón”, sentenció Carlos Espinosa. Balbina Rey fue más lejos: “En Cuba, mientras exista la dictadura, lo único que se puede esperar cuando uno es anciano es que se apague la luz de los ojos”.

Numerosos testimonios en redes sociales confirman cómo un elevado porcentaje de los cubanos que emigran encuentran nuevas oportunidades al establecerse en países que les brindan protección y posibilidades laborales acordes a su formación.

Los profesionales en Cuba ven limitado su desarrollo por el sistema político y económico socialista, el cual impone restricciones, sesgos y barreras -muchas de ellas ideológicas-, las cuales les niegan la posibilidad de prosperar a través de sus conocimientos y habilidades en su propio país.

Una joven cubana, residente en México, Lietty Piña, publicó un video en el que agradece el cambio positivo que experimentó desde que vive fuera de su país natal. Con una mezcla de alivio, gratitud y pesar, la joven explicó que mejoró su alimentación, rutina, piel y hasta el estado de ánimo desde que se instaló en territorio mexicano.

Leandro Hernández, un ingeniero mecánico refugiado en Perú, compartió en un video cómo ha logrado integrarse profesionalmente en el país andino, ejerciendo en la rama para la que se formó en Cuba.

En febrero, otro de sus videos conmovió a miles al mostrar cómo había logrado montar su primer cuarto desde cero: una cama, una mesa y una silla tras semanas durmiendo en el suelo. “Otro pasito en este país”, tituló el clip.

En días recientes, un cubano en Uruguay destacó a través de redes sociales las oportunidades que ese país le ofreció “de tener una vida mejor, de vivir mejor, y de echar para adelante”.

Asimismo, una pareja de cubanos que reside en Estados Unidos compartió en redes sociales la alegría de haber adquirido su primera casa en Cuba, un sueño cumplido que no dudaron en mostrar con orgullo.

El esposo, según menciona la propia autora del video, trabaja como conductor de camiones en Estados Unidos, un empleo común entre emigrados cubanos por las oportunidades económicas que ofrece. Gracias a su esfuerzo y sacrificio, lograron reunir los fondos necesarios para invertir en una propiedad en su país de origen.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



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