Residentes de Ciego de Ávila afirmaron que "fue maravilloso" presenciar la aparición pública del general de ejército Raúl Castro durante el acto central nacional por el 72 aniversario de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes el pasado 26 de julio.
“Este acto del 26 ha sido maravilloso. La alegría, el orgullo de los avileños es inmenso porque el pueblo dio muestras de lealtad a la Revolución. Estamos satisfechos y agradecidos de la dirección del país y de ver a Raúl, ha sido algo maravilloso para nosotros”, declaró una mujer emocionada a la Televisión Nacional.
Otra entrevistada reiteró el entusiasmo por ver al anciano nanogenario, quien ha espaciado sus apariciones públicas en los últimos años.
El evento rindió homenaje al dictador Fidel Castro y al propio Raúl, quien asistió al acto junto a líderes del régimen.
Sin embargo, muchos consideraron que la actividad volvió a escenificar un teatro político cuidadosamente montado que contrasta radicalmente con la dura realidad que enfrentan los cubanos.
En medio de un país sumido en apagones generalizados, inflación incontrolable, desabastecimiento y más de 1.000 presos políticos, muchos cubanos cuestionan las declaraciones como las de las residentes avileñas.
Consideran que, más que representar una reacción espontánea, tales afirmaciones parecen una pieza reciclada del libreto propagandístico con el que se pretende reforzar la narrativa de una supuesta conexión emocional entre el pueblo y los máximos responsables de la crisis.
La presencia de Raúl Castro, Ramiro Valdés y José Ramón Machado Ventura, todos nonagenarios, evidencia no solo el envejecimiento de la cúpula histórica, sino también la imposibilidad del régimen de renovar su legitimidad.
La imagen de los mismos rostros que llevan décadas al frente del poder solo refuerza la sensación de estancamiento.
A ello se suma la retórica de Manuel Marrero, que lejos de presentar soluciones concretas, apeló a frases vacías como "la dignidad nacional no es negociable", mientras prometía —sin explicación alguna— que en 2026 se solucionarán los problemas más graves del país.
Mientras transcurría la gala cultural, millones de cubanos enfrentaban apagones de más de 24 horas, escasez de alimentos, falta de medicamentos y represión.
Varios activistas coincidieron en que el acto del 26 de Julio en Ciego de Ávila, con tribunas coreografiadas y la presencia simbólica de Raúl Castro, no fue un homenaje al pueblo, sino a una estructura de poder que se niega a rendirse, aunque se haya quedado sin respuestas.
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