Jefe del Estado Mayor del Ejército de Bielorrusia visita Cuba en medio de creciente cooperación militar

La visita de Pavel Muraveiko a Cuba forma parte de una red más amplia de colaboración entre La Habana, Minsk y Moscú, que se ha ido tejiendo con sigilo desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania en 2022.

Pavel Muraveiko Foto © president.gov.by

El jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de Bielorrusia y primer viceministro de Defensa, Pavel Muraveiko, realiza una visita oficial a Cuba como parte de la intensificación de los vínculos militares entre ambos regímenes.

El Ministerio de Defensa bielorruso confirmó su llegada, aunque sin ofrecer detalles sobre la agenda ni la duración del viaje, según indicó el medio bielorruso reform.news.

Este nuevo acercamiento se inscribe en una serie de intercambios de alto nivel que han caracterizado la relación entre La Habana y Minsk en los últimos dos años.

En enero de 2024, el ministro de Defensa bielorruso, Viktor Jrenin, viajó a Cuba y firmó un acuerdo de cooperación militar con su homólogo cubano, Álvaro López Miera. El convenio incluyó un plan bilateral de actividades para 2024 y el posible suministro de lanzaderas de misiles Polonez, con un alcance de hasta 300 kilómetros.

Poco después, en marzo de 2024, otro alto mando bielorruso visitó la Isla, en lo que fue interpretado como una continuación del acuerdo castrense. En mayo de 2025, el Comité Estatal Militar-Industrial de Bielorrusia anunció la modernización de sistemas de misiles antiaéreos S-125 pertenecientes a las FAR, transformados a la versión Pechora-2BM por la empresa ALEVKURP.

La alianza militar ha incluido además programas de capacitación. Ya en 2023 se había anunciado que militares cubanos serían entrenados en territorio bielorruso como parte de un proyecto estratégico que ha tomado forma en múltiples etapas.


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El reforzamiento de estos lazos ha sido acompañado por señales diplomáticas como la acreditación del agregado militar cubano en Minsk en enero de 2025 y la apertura de una residencia oficial del cuerpo diplomático militar cubano en esa ciudad.

La visita actual de Muraveiko también sucede tras la gira que realizó el gobernante cubano Miguel Díaz-Canel en junio pasado, cuando viajó a Bielorrusia para asistir al Consejo Económico Supremo Euroasiático por invitación del gobernante Alexander Lukashenko.

En ese contexto, se discutieron temas de cooperación en materia de defensa, energía e industria, mientras en la Isla se vivía una aguda crisis energética y social.

Este nuevo episodio reafirma el posicionamiento del régimen cubano junto a sus aliados más estrechos en Europa del Este, consolidando una cooperación militar que va mucho más allá de lo simbólico, con implicaciones estratégicas en el actual escenario geopolítico global.

Cooperación triangular y señales de compromiso cubano en la guerra de Ucrania

La visita del jefe del Estado Mayor bielorruso a Cuba no puede leerse aisladamente. Forma parte de una red más amplia de colaboración entre La Habana, Minsk y Moscú, que se ha ido tejiendo con sigilo desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania en 2022.

Aunque el régimen cubano ha dosificado sus posicionamientos explícitos en favor del conflicto, sus acciones han trazado un patrón de alineamiento geopolítico que va más allá del discurso.

Uno de los indicios más reveladores surgió en 2023, cuando se anunció que militares cubanos serían entrenados en territorio bielorruso. La iniciativa, presentada como parte de un acuerdo de cooperación técnica, puede interpretarse también como un gesto de compromiso simbólico —y posiblemente operativo— de La Habana ante sus aliados estratégicos.

En el tablero internacional, formar parte de ese tipo de entrenamiento no es una decisión inocua: implica compartir doctrina, afinar tácticas conjuntas y, sobre todo, mostrar disposición a involucrarse, aunque sea indirectamente, en dinámicas de guerra.

Ese aparente compromiso tomó un cariz más turbio cuando en septiembre de 2023 se reveló la identidad de la coronel Mónica Milián Gómez, agregada militar cubana en Moscú, vinculada presuntamente al reclutamiento de ciudadanos cubanos para engrosar las filas del ejército ruso.

La información, respaldada por fuentes ucranianas y publicada por CiberCuba, fue una de las primeras piezas de un rompecabezas que luego dejaría al descubierto una operación de reclutamiento sistemático, en la que más de mil cubanos fueron enviados a la guerra.

Según denuncias de inteligencia ucraniana, muchos de estos reclutados fueron engañados con falsas promesas de empleo o beneficios económicos.

En mayo de 2025, un dossier exclusivo de este medio reveló que al menos 1,028 cubanos habían sido oficialmente identificados como combatientes en Ucrania, algunos incluso mayores de 50 años, lanzados al frente como carne de cañón.

Pese a la magnitud del escándalo, el régimen cubano se ha desentendido de manera pública, calificando estos hechos como acciones ajenas a su control. Sin embargo, la sincronía entre vuelos, acreditaciones militares y diplomacia sugiere una estructura más coordinada de lo que el discurso oficial admite.

En este contexto, la alianza entre Cuba, Bielorrusia y Rusia deja de ser meramente diplomática o simbólica, y se convierte en una cooperación triangular con posibles implicaciones bélicas. Cada gesto, cada visita y cada firma de acuerdo refuerzan la hipótesis de que La Habana ha optado por jugar un papel más activo en el bloque geopolítico liderado por Moscú.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un periodista antes de su publicación.




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