La alcaldesa de Cuauhtémoc, una zona que es el corazón político y cultural de la Ciudad de México, donde se ubican el Palacio Nacional, sede del poder ejecutivo, y el Centro Histórico, Alessandra Rojo de la Vega, publicó el miércoles una foto de las estatuas de Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara envueltas en plástico.
Rojo de la Vega acompañó su post con un comentario mordaz donde decía que “nada más ‘democrático’ que rendirle culto a un dictador que fusiló, persiguió y mató de hambre a su pueblo. Pero tranquilos, seguro Fidel también creía en “elecciones libres”… por eso está bien envuelto, no vaya a ser que la democracia lo contagie”.
El post de Rojo de la Vega fue una respuesta directa al académico Jorge Gómez Naredo, quien a su vez había amplificado en X un mensaje del partido oficialista Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) celebrando el natalicio de Fidel Castro con una pieza gráfica y elogios al dictador cubano.
Naredo ironizó con que la alcaldesa “cree que retirando dos estatuas le ganó al comunismo”, y Rojo replicó con la foto de las esculturas envueltas, apuntando al culto a figuras autoritarias.
El gesto ocurre semanas después de que la alcaldía retirara formalmente las esculturas, el pasado 17 de julio, del Jardín Tabacalera, tras detectar irregularidades administrativas y múltiples quejas vecinales.
La obra denominada Monumento Encuentro, popularmente “la banca del Che y Fidel”, del escultor Óscar Ponzanelli, está bajo resguardo y en proceso de catalogación mientras se decide su destino.
Desde su instalación fue objeto de actos vandálicos, pintadas con acusaciones de “asesinos” y hasta intentos de robo. En su defensa, simpatizantes de la Revolución Cubana argumentaron que era un homenaje a la historia compartida entre México y Cuba, evocando el encuentro de ambos líderes en la capital mexicana en 1955.
Tras la retirada, la alcaldesa lanzó una propuesta que encendió aún más los ánimos, al decir que se subastarían las esculturas para que “los comunistas de clóset” las compren con su dinero y no con recursos públicos.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, calificó la medida de ilegal, intolerante e hipócrita, recordando que Rojo de la Vega había vacacionado en Cuba, y advirtió que subastarlas sería un delito de daño patrimonial. Además, el gobierno federal pidió entregarlas para reubicarlas “de forma institucional”.
La controversia está atravesada por la cercanía de Morena con el régimen cubano. En mayo pasado, la secretaria general del partido, Carolina Rangel Gracida, firmó en La Habana un acuerdo de cooperación con el Partido Comunista de Cuba en presencia de Miguel Díaz-Canel.
Para la comunidad cubana opositora en México, el retiro de las estatuas fue un acto de justicia y coherencia democrática, y recuerdan que las manifestaciones en defensa de las figuras han sido impulsados por asociaciones ligadas a la embajada cubana, acusadas de hostigar a disidentes y replicar tácticas de presión política.
Por ahora, las estatuas permanecen fuera del espacio público, a la espera de que se determine su destino. Mientras tanto, la imagen de Fidel y el Che envueltos en plástico se ha convertido en el nuevo símbolo de una batalla que va más allá de una plaza.
Archivado en:
