
El turismo internacional en Estados Unidos atraviesa una caída significativa que preocupa a las autoridades locales y a los empresarios del sector.
Ciudades cercanas a la frontera norte, como Buffalo, y grandes destinos turísticos como Las Vegas, Los Ángeles y Washington han reportado menos visitantes extranjeros este verano.
De acuerdo con la agencia Associated Press (AP), el fenómeno se observa con claridad en Buffalo, Nueva York, donde un cartel que rezaba “Buffalo Loves Canada” y una campaña de promoción con sorteos no lograron atraer al público canadiense que tradicionalmente llena hoteles y comercios en la temporada estival.
Expertos atribuyen el desplome al regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y a las medidas adoptadas en su segundo mandato.
Los aranceles, la retórica hostil hacia Canadá y Groenlandia, el restablecimiento de vetos migratorios, la mano dura con las visas y las redadas masivas del ICE han generado un clima de desconfianza en el exterior.
“Es desalentador ver cómo la llegada de visitantes cae por simples cuestiones de discurso”, lamentó Patrick Kaler, director de Visit Buffalo Niagara.
El Consejo Mundial de Viajes y Turismo proyectó que Estados Unidos sería el único país, entre 184 analizados, donde el gasto de turistas extranjeros caería en 2025, recordó AP.
“La mayor economía del turismo mundial va en la dirección equivocada”, advirtió Julia Simpson, presidenta del organismo.
La firma Tourism Economics prevé una disminución del 8,2% en la llegada de visitantes internacionales este año, muy por debajo de los niveles previos a la pandemia de COVID-19.
Datos oficiales señalan que en los primeros siete meses de 2025 llegaron tres millones menos de turistas, con descensos notorios desde Europa, Asia y África.
El impacto se ha hecho sentir en distintos ámbitos. El prestigioso campeonato de baile Lindy Hop, que cada año reúne a competidores de más de 20 países, fue pospuesto después de que decenas de participantes extranjeros declinaran viajar a Nueva York.
En la capital, los responsables de Destination DC calculan una caída del 5,1% en las visitas y lanzaron una campaña para contrarrestar la “retórica negativa” del gobierno federal.
Las consecuencias se reflejan también en los datos de Canadá, tradicionalmente la principal fuente de turistas hacia Estados Unidos.
Este verano, por primera vez en casi dos décadas —con excepción de la pandemia— más estadounidenses cruzaron hacia Canadá que canadienses en dirección opuesta.
En julio, las visitas por carretera desde Canadá cayeron un 37% y los vuelos un 26%, según cifras de Statistics Canada.
Según AP, no todas las regiones han sufrido con la misma intensidad ya que el estado de Wisconsin, la Península de Door reportó un buen verano gracias al turismo local, mientras que las aerolíneas estadounidenses lograron mantener ocupados sus vuelos internacionales con viajeros nacionales que adquirieron pasajes en clase premium.
Pese a esos matices, la tendencia general preocupa a los analistas. Deborah Friedland, especialista en la firma Eisner Advisory Group, resumió la situación: “El sector enfrenta varios obstáculos: mayores costos, incertidumbre política y tensiones geopolíticas. Y en turismo, la percepción es realidad”.
En este escenario, la política exterior del secretario de Estado Marco Rubio y las medidas de Trump en materia migratoria y comercial parecen haber debilitado el atractivo de EE. UU. como destino.
“Cuando los viajeros no se sienten bienvenidos, buscan otros países que sí les abran la puerta”, concluyó AP en su reporte.
El retroceso del turismo en Estados Unidos no se limita a la caída de visitantes en ciudades emblemáticas como Las Vegas o Washington.
La crisis ha alcanzado al sector aéreo, donde importantes aerolíneas europeas redujeron sus vuelos hacia el país ante la disminución de la demanda internacional y el clima de desconfianza generado por las políticas migratorias.
Las repercusiones también golpearon a los gigantes de la hospitalidad. Cadenas hoteleras y aerolíneas estadounidenses reconocieron pérdidas millonarias, reflejo de una contracción que no solo afecta a la llegada de turistas, sino también al consumo interno vinculado a viajes y hospedaje.
El endurecimiento de los vetos migratorios y el regreso de medidas restrictivas llevó a que numerosos vuelos hacia EE. UU. fueran cancelados, tanto por decisión de aerolíneas extranjeras como por falta de pasajeros dispuestos a enfrentar las nuevas trabas impuestas en aduanas y embajadas.
El impacto económico es innegable: más de 230,000 empleos del sector están en riesgo, desde trabajadores de aeropuertos y hoteles hasta pequeños negocios que dependen del turismo.
Lo que alguna vez fue una de las principales fortalezas de la economía estadounidense enfrenta ahora una debacle que amenaza con prolongarse si no se revierten las actuales políticas restrictivas.
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