Cuba volvió a quedarse a oscuras.
El 10 de septiembre, Cuba sufrió un apagón general tras el colapso del Sistema Eléctrico Nacional, que dejó a gran parte del país a oscuras y evidenció los problemas acumulados en la generación eléctrica.
Ayer, decenas de vecinos salieron a las calles con cazuelas y linternas para protestar contra los apagones y la crisis. Entre consignas de unidad y reclamos de libertad, los manifestantes denunciaron haber pasado más de 24 horas sin electricidad, con un restablecimiento de apenas media hora durante la jornada.
Cada cierto tiempo, como un reloj macabro, el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) de Cuba se desploma y arrastra al país entero al apagón absoluto. No es un hecho aislado ni un accidente excepcional: es un patrón, una condena repetida que desnuda la fragilidad extrema del sistema energético cubano.
En el último año, los cubanos han vivido cinco desconexiones totales del SEN:
- 18 de octubre de 2024, la salida de la termoeléctrica Antonio Guiteras dejó a toda la isla a oscuras.
- 6 de noviembre de 2024, el huracán Rafael tumbó la red y sumió al país en otro apagón general.
- 4 de diciembre de 2024, un disparo automático en la Guiteras desconectó todo el sistema a las 2:08 de la madrugada.
- 14 de marzo de 2025, una avería en la subestación de Diezmero provocó la caída total del SEN en pleno horario nocturno.
- 10 de septiembre de 2025, otra vez la Guiteras: su salida imprevista arrastró al sistema completo y dejó al país entero sin electricidad.
Cinco colapsos en menos de un año. Cinco apagones generales que no fueron consecuencia de un cataclismo nuclear ni de un meteorito, sino del deterioro crónico de una infraestructura obsoleta y mal gestionada.
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No se trata solo de unas horas sin luz. Cada apagón general significa alimentos echados a perder, hospitales al borde del colapso, comunicaciones interrumpidas, ancianos que no pueden usar equipos médicos y familias enteras que vuelven a la penumbra medieval. Cada vez que el SEN se desconecta, Cuba se hunde en un abismo de tinieblas que parece no tener fin.
Una repetición que mata la esperanza
La gravedad no está solo en el apagón mismo, sino en la repetición constante, en la certeza de que volverá a suceder. La rutina del desastre ha normalizado lo inaceptable. El futuro no se mide en proyectos de desarrollo, sino en cuántas horas habrá de luz o cuántos días tardará en colapsar otra vez el sistema.
Rumbo sin retorno
Así, la isla navega a oscuras hacia un destino siniestramente claro: un infierno de tiniebla eterna, donde el único horizonte es la repetición de la caída. Cada desconexión del SEN es un recordatorio brutal de que el país no solo está en crisis, sino que parece haber asumido como normal vivir al borde del apagón total.
Mientras el SEN siga cayendo una y otra vez, mientras las tinieblas se repitan como rutina y el país entero se acostumbre a medir sus días por las horas con electricidad, no habrá salida dentro del mismo esquema que nos ha traído hasta aquí. Los apagones generales no son accidentes, son el síntoma de un sistema corroído hasta la médula.
Por eso, la verdad desnuda es esta: solo un cambio de régimen podrá sacar a Cuba de este infierno de tiniebla eterna, no solo para devolverle la luz eléctrica, sino para devolverle la esperanza a millones de cubanos. Porque lo que está en juego no es solo el kilowatt que falta, sino el futuro mismo del país.
Artículo redactado con ayuda de ChatGPT.
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