
La esposa del gobernante cubano Miguel Díaz-Canel, Lis Cuesta Peraza, se autoproclama ahora "profesora enamorada" en el Instituto Superior de Arte (ISA).
Desde su cuenta de X, celebró el inicio de un curso de Gestión Cultural con frases dulzonas y fotografías sonrientes, como si su presencia en un aula universitaria fuera un gesto de entrega y sacrificio, y no el resultado de los privilegios que ostenta por ser parte de la cúpula gobernante.
"Ha comenzado nuestro curso. El ISA abraza la Gestión Cultural. Muy buen grupo, muy buen ambiente. ¡Nada como enseñar y aprender con nuestros alumnos! Soy una profe enamorada", escribió en tono festivo.
Mientras ella posa como pedagoga carismática, en Cuba millones sobreviven entre apagones de más de 20 horas, hospitales sin insumos, niños sin leche y familias que cocinan con leña.
Su desconexión con la realidad nacional es tan obscena que sus publicaciones funcionan como un insulto.
Las reacciones en redes no se hicieron esperar. "Debe ser aberrante tener que recibir clases de la imbécil esta", respondió un usuario con crudeza.
Otro ironizó: "Qué suerte tienen esos estudiantes, aprenden gestión cultural directamente de quien gestiona privilegios en un país en ruinas".
Para muchos, que la esposa de Díaz-Canel enseñe "gestión" es un acto de cinismo, pues lo único que ha gestionado es su propia vida de lujos en un país hundido en la miseria.
Otros internautas señalaron la incongruencia entre su discurso y su estilo de vida: "Puedes enseñarles a progresar para que puedan tener un teléfono de mil dólares como el tuyo".
"Enamorada de las compras con el dinero del pueblo… mientras los niños no tienen comida", escribió alguien más.
Otro comentario apuntó directamente a la falta de libertades en Cuba: "Uno no puede dar lo que no tiene. Al pueblo cubano pueden enseñarle de todo, pero si no le dan libertad, siempre vivirá en la oscuridad".
El show de Cuesta como profesora universitaria no es nuevo.
En agosto anunció que el músico Israel Rojas, líder del grupo oficialista Buena Fe, sería invitado a su aula como parte de un debate sobre industrias culturales.
El gesto llegó justo después de que Rojas intentara un "reacomodo discursivo" hablando de reconciliación nacional, pero sin nombrar nunca la represión del 11J ni reconocer la existencia de presos políticos.
La estrategia es clara: reciclar figuras desgastadas del oficialismo dándoles tribuna en espacios académicos. Y quién mejor que Lis Cuesta, símbolo del privilegio y la desconexión, para liderar esa operación.
La trayectoria de Lis es conocida.
De funcionaria cultural en Holguín pasó a organizar eventos, dirigir instituciones locales y más tarde integrarse a la estatal Agencia Paradiso, donde se desempeñó como jefa de Servicios Académicos. Desde allí elaboró su tesis doctoral, en la que proponía modelos de exportación de servicios académicos.
Con la llegada de Díaz-Canel al poder en 2018, su presencia se disparó: acompañante en giras, anfitriona de eventos y rostro recurrente en actos oficiales, aunque nunca reconocida formalmente como primera dama.
Lejos de representar austeridad, Cuesta se ha convertido en un emblema de la ostentación de la élite cubana.
En giras internacionales se le ha visto con celulares de última generación, relojes de lujo y accesorios que contrastan brutalmente con la pobreza del país. "Mientras ella viaja en aviones climatizados, el pueblo cocina con leña y duerme sin corriente", reprochó un ciudadano en redes.
A pesar de no ostentar cargo de alto nivel, Cuesta se atribuye en X la autoridad de hablar en nombre de universidades e instituciones, y anuncia nexos con entidades extranjeras como si fuera una representante oficial.
Su narcisismo digital, acompañado de frases como "dictador de mi corazón" dirigidas a su esposo, ha alimentado la percepción de que actúa más como primera dama consorte de una monarquía caribeña que como académica seria.
La contradicción es insalvable: mientras artistas independientes son censurados, encarcelados o empujados al exilio, Lis Cuesta pretende consolidar el ISA como "espacio para el debate". En la práctica, ese espacio se reduce a un círculo de propaganda donde solo participan figuras alineadas con el poder.
El caso de Cuesta resume con crudeza la esencia del régimen: un pequeño grupo de privilegiados que predican resistencia y sacrificio, mientras disfrutan de lujos impensables para la mayoría.
Ella, sin cargo oficial, es la cara visible de esa élite que viaja en vuelos climatizados y se pasea con relojes de miles de dólares, mientras en la isla la inflación pulveriza los salarios y los hospitales se caen a pedazos.
Con su estreno como profesora en el ISA, Lis Cuesta no hace más que prolongar la burla: disfrazar de gestión cultural lo que en realidad es gestión de privilegios y adoctrinamiento.
Vídeos relacionados:
Archivado en: