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Oscar Pérez-Oliva Fraga, ingeniero en electrónica y sobrino-nieto de Fidel y Raúl Castro, fue promovido a viceprimer ministro de Cuba, según un acuerdo del Consejo de Estado ratificado esta semana.
La designación confirma el peso creciente del clan familiar y los “herederos” de los Castro en los niveles más altos del poder político y económico del llamado gobierno de la “continuidad”, que aparentemente lidera Miguel Díaz-Canel, al que muchos observadores consideran una marioneta de la “famiglia”, cada vez más cerca de su sustitución por parte del núcleo duro del régimen.
De técnico a ministro
Además de sus nuevas funciones, Pérez-Oliva Fraga se mantiene como ministro del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera (MINCEX), cargo que asumió en mayo de 2024 tras una carrera de más de 15 años vinculada al comercio exterior y la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZED Mariel).
Antes había sido director de empresas estatales y viceministro primero del propio MINCEX. Como director de Evaluación de Negocios de la ZED Mariel, el nuevo viceprimer ministro de Cuba trabajó a las órdenes del zar de GAESA, el difunto general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, exyerno de Raúl Castro y figura clave en las opacas finanzas y las corruptelas de una familia que controla el país desde hace más de 60 años.
Graduado de la Universidad Tecnológica de La Habana (CUJAE), es descrito oficialmente como un cuadro “disciplinado y con dominio de las relaciones económicas internacionales”, aunque su ascenso político ha sido meteórico incluso para los estándares de la burocracia cubana.
La huella familiar
La genealogía de Pérez-Oliva Fraga ha pesado tanto como su hoja de servicio. Es hijo de Mirsa Fraga Castro, nieto de Ángela Castro, hermana del dictador y el nonagenario y retirado general de ejército.
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En otras palabras, pertenece a la tercera generación directa del linaje Castro-Ruz, un apellido que sigue marcando la jerarquía de la élite del régimen cubano más de seis décadas después del triunfo de la llamada “revolución”.
Con su promoción, el poder de la familia se extiende ahora a la esfera económica más estratégica del país: las inversiones extranjeras, el comercio exterior y la gestión de divisas, un espacio vital en la crisis estructural que atraviesa Cuba.
Continuidad, más que renovación
El ascenso de Pérez-Oliva Fraga se inscribe en el discurso de “relevo generacional” promovido por Díaz-Canel, una operación propagandística que en la práctica refuerza la continuidad del poder familiar y militar.
La promoción coincide con un intento del gobierno por relanzar la inversión extranjera, aunque los resultados han sido hasta ahora insignificantes: el país sigue atrapado en la combinación de falta de liquidez, desconfianza internacional, recelos hacia los emprendedores e inversores nacionales y una burocracia paralizante.
Sombras y más sombras de su gestión
En el año que lleva al frente del MINCEX, Pérez-Oliva Fraga ha impulsado una narrativa optimista sobre la “cartera de oportunidades” para inversores, sin ofrecer cifras concretas sobre proyectos materializados.
Fuentes empresariales consultadas por medios independientes describen un ministerio más orientado a la captación de divisas, pero igualmente opaco en la ejecución e ineficaz en la gestión y atracción de inversión extranjera directa.
El nuevo viceprimer ministro carga con la tarea de atraer capitales a una economía en recesión, y de hacerlo sin alterar los dogmas del sistema socialista. En ese equilibrio se juega su futuro político: un tecnócrata de “rancio abolengo” que debe convencer a inversores extranjeros de que Cuba puede ofrecer garantías… sin dejar de ser la Cuba de los Castro.
La mancha de un apellido que no se va ni con lejía
Con esta designación, la sombra de los Castro vuelve a figurar de forma visible en la estructura gubernamental del régimen totalitario.
Aunque Raúl Castro se mantiene formalmente retirado, su influencia persiste en los nombramientos clave, y la promoción de un sobrino-nieto consolida la idea de una dinastía política que se resiste a ceder espacio.
Pérez-Oliva Fraga representa, así, la nueva cara de un viejo sistema: joven, técnico y moderno en apariencia, pero unido por la sangre y la lealtad a una élite casposa que ha gobernado Cuba con puño dictatorial durante más de medio siglo.
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