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Las autoridades del régimen cubano detuvieron a dos ciudadanos en la ciudad de Matanzas acusados de “actividad económica ilícita”, tras ocuparles 625 litros de gasolina que trasladaban en un auto particular.
El arresto, ocurrido en el puente de Versalles, fue dado a conocer por la página oficialista en Facebook Con todos la Victoria, que celebró la acción como parte de la campaña estatal contra “las ilegalidades y la indisciplina social”.
Según la publicación, los detenidos son Yasimel Pérez Falcón, cuentapropista con antecedentes penales por robo con fuerza, hurto y sacrificio de ganado mayor; y Pedro Roberto Cañete Sánchez, un ciudadano sin antecedentes y que actualmente no ejerce actividad laboral.
Ambos permanecen detenidos y, de acuerdo con la versión oficial, “responderán ante la ley”.
La publicación fue acompañada del lema oficialista “¡Frente al delito, las ilegalidades e indisciplinas sociales, tolerancia cero!”, en un tono claramente propagandístico que busca reforzar el discurso de mano dura del régimen ante cualquier intento de sobrevivencia económica al margen de sus restricciones.
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Un caso que revela la crisis estructural del sistema
Lejos de generar apoyo unánime, la noticia provocó una avalancha de comentarios en redes sociales, muchos de ellos críticos con la realidad que empuja a los cubanos a este tipo de actividades para poder subsistir.
Las reacciones exponen las contradicciones de un país donde conseguir gasolina legalmente es prácticamente imposible para la mayoría, y donde los revendedores llenan un vacío que el propio Estado no cubre.
“Ellos no producen gasolina. Eso salió de una gasolinera”, denunció una usuaria, aludiendo al origen del combustible que, con toda probabilidad, proviene de circuitos de corrupción interna en instalaciones estatales.
“Si no saben cómo obtuvieron la gasolina, no hacen nada. ¿Ok?”, apuntó otro internauta, señalando la falta de investigación profunda para llegar a los responsables reales dentro del aparato gubernamental.
La falta de transparencia en la distribución del combustible es un secreto a voces en la isla. Aunque el gobierno insiste en que la gasolina está disponible mediante una aplicación de reservas llamada Ticket, la realidad es que apenas se reparte, es limitada y muchas veces ni siquiera llega.
“¿Dónde puedo comprar toda la que necesito? Porque que yo sepa es por la aplicación Ticket y la venden limitada”, cuestionó una usuaria con evidente frustración.
¿Delincuencia o supervivencia?
Muchos cubanos se preguntan si estos casos deben tratarse realmente como delitos o si, por el contrario, son consecuencias inevitables del caos económico que vive el país.
“Mentiras y más mentiras. Dejen a los pobres muchachos que están tratando de sobrevivir. Si tú pudieras, lo hicieras también”, escribió una comentarista resumiendo el sentir de quienes no ven criminales, sino ciudadanos atrapados en la miseria.
Otros comentarios fueron más sarcásticos y señalaron la hipocresía del discurso oficial. “Detrás de las hormigas, y los elefantes acabando”, expresó una usuaria aludiendo a que mientras se persigue al ciudadano común, los verdaderos corruptos dentro del régimen siguen impunes.
En esa misma línea, otro internauta fue directo: “Lo que tienen es que profundizar hasta llegar de dónde lo sacaron. Ellos deben ser receptores, pero como parte de la corrupción. Ese combustible sale de algún lugar”.
El uso político del castigo
Para algunos usuarios, la publicación de este caso en redes sociales forma parte de una campaña de escarmiento público y manipulación, típica del oficialismo.
“Si lo miras de otro ángulo, no es delito, solo negligencia por transportar combustible sin protección. Ese combustible no creo que sea robado. Eso es pago en garajes de La Habana, donde único se consigue”, explicó un internauta, recordando que muchas familias dependen de ese combustible revendido para hacer funcionar plantas eléctricas y conservar alimentos.
Para muchos lo que este caso evidencia, más allá de la narrativa oficial, es el colapso del modelo de distribución centralizado impuesto por el régimen.
Mientras se culpa a dos ciudadanos de acaparar gasolina, miles de cubanos no tienen acceso regular a combustible, ni siquiera para mantener equipos médicos, refrigerar alimentos o transportar productos.
“Gracias a los revendedores se resuelven las cosas. Nada es sin revender, ni el pan de cada día”, confesó un comentarista.
Otra usuaria advirtió: “Este país está tan asqueroso que si tú pudieras hacer lo mismo, lo hacías también”.
Frente a una economía quebrada, salarios simbólicos, desabastecimiento crónico y una población cada vez más empobrecida, lo que el régimen llama “actividad económica ilícita” no es más que el reflejo desesperado de una ciudadanía buscando sobrevivir ante la ineficiencia y el control absoluto del Estado.
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