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Los distritos escolares de Estados Unidos registran una notable disminución en la matrícula de estudiantes provenientes de familias inmigrantes, como resultado de las políticas migratorias impulsadas por el presidente Donald Trump y de la caída general en el número de llegadas al país.
En algunos casos, los padres de los estudiantes han sido deportados o han regresado voluntariamente a sus países de origen, según un reportaje de CBS News.
Otros, señala el informe, se han trasladado dentro de Estados Unidos en busca de estabilidad ante el aumento del costo de vida en ciudades como Miami.
Pero la principal causa, coinciden los administradores escolares, es que menos familias están cruzando la frontera.
En el condado de Miami-Dade, donde predomina la población latina, especialmente cubana, solo 2,550 estudiantes extranjeros se inscribieron en las escuelas públicas este año, frente a los casi 14,000 del año anterior y más de 20,000 hace dos años.
La miembro de la junta escolar Luisa Santos, quien llegó al país siendo una niña inmigrante, calificó la tendencia como “una triste realidad” y recordó su propia experiencia: “Llegué a los Estados Unidos con ocho años. Este país y nuestras escuelas públicas me lo dieron todo.”
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El descenso en la matrícula inmigrante ha supuesto una pérdida estimada de 70 millones de dólares en el presupuesto del distrito, obligando a los administradores a buscar alternativas para cubrir el déficit.
En Albertville, Alabama, donde cerca del 60% de los estudiantes son hispanos, el superintendente Bart Reeves informó que el programa para nuevos alumnos “no ha recibido ninguna inscripción este año”.
“Eso simplemente no está ocurriendo con el cierre de la frontera”, señaló Reeves, quien calcula que la reducción de estudiantes le costará alrededor de una docena de plazas docentes.
En Palm Beach County (Florida), la matrícula también cayó en más de 6,000 estudiantes. Entre ellos se encontraban siete niños guatemaltecos cuyos padres fueron detenidos por cargos migratorios. La mujer que los cuidaba temporalmente, Edna, una salvadoreña de 63 años, relató entre lágrimas cómo los pequeños regresaron a Guatemala en septiembre. “Mi casa se siente como un jardín sin flores”, dijo.
La tendencia se repite en múltiples estados. En Denver, las escuelas públicas inscribieron solo 400 nuevos estudiantes extranjeros este verano, frente a 1,500 el año pasado.
En Waukegan, Illinois, hubo 100 menos que en 2024, y en Houston, Texas, el distrito escolar cerró la escuela “Las Américas” —dedicada a niños recién llegados— después de que la matrícula cayera de 111 a apenas 21 alumnos.
En Chelsea, Massachusetts, un refugio histórico para inmigrantes centroamericanos, el flujo de recién llegados se redujo drásticamente. Este verano se inscribieron 152 nuevos estudiantes, frente a 592 el año anterior. Además, un número creciente de familias está abandonando el distrito y regresando a sus países de origen.
“Se siente el miedo en el aire”, confesó Daniel Mojica, director del centro de información para padres, aludiendo a la presencia visible de agentes de inmigración en las calles.
En la escuela Perkins K-8 de San Diego, el director Fernando Hernández solía recibir decenas de estudiantes provenientes de América Latina cada año. Sin embargo, en este ciclo escolar no ha inscrito a ninguno. Muchos de los niños que antes compartían clases y recreos con sus compañeros ahora están de vuelta en sus países.
“Esto se siente como una repetición de la pandemia, con los niños aislados, sin socializar. Estos chicos necesitan estar en la escuela”, advirtió Hernández.
Entre las familias que permanecen en el país, el miedo continúa. Natacha, una madre venezolana residente en California, contó que evita salir a la calle por temor a ser detenida. “Cada tarde, cuando recojo a mis hijas, miro por el retrovisor para ver si alguien me sigue”, relató. “Me encomiendo a Dios.”
Los expertos advierten que la reducción de estudiantes inmigrantes afecta no solo los presupuestos escolares, sino también la diversidad cultural y la convivencia dentro de las aulas.
Los programas de inglés y apoyo social, que durante años ayudaron a integrar a las familias recién llegadas, podrían enfrentar recortes ante la caída sostenida en la matrícula.
La disminución marca un cambio profundo en el panorama educativo estadounidense, donde durante décadas los niños inmigrantes han representado una fuente de energía, cultura y esperanza para las comunidades escolares.
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