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En una nueva escalada de su retórica contra la inmigración, el presidente estadounidense Donald Trump ha anunciado que eliminará todos los beneficios y subsidios federales para los no ciudadanos que residen en Estados Unidos.
La medida, comunicada en un mensaje publicado en su red Truth Social durante el Día de Acción de Gracias, se inscribe en un plan más amplio de “migración inversa” con que el mandatario pretende revertir lo que considera una “invasión destructiva”.
“Eliminaré todos los beneficios y subsidios federales para los no ciudadanos de nuestro país”, aseguró Trump en su publicación, que ha sido interpretada por analistas como una declaración de guerra contra cualquier forma de asistencia estatal a migrantes, independientemente de su estatus legal.
Una ofensiva integral: Beneficios, deportaciones y desnaturalizaciones
El discurso de Trump plantea una ofensiva integral contra la migración no solo irregular, sino también regular, con especial énfasis en la población proveniente de países del llamado “Tercer Mundo”.
En sus palabras, la migración ha “socavado” el progreso económico y social de EE.UU., y por tanto es necesario un repliegue radical.
“Suspenderé permanentemente la migración de todos los países del tercer mundo para permitir que el sistema estadounidense se recupere por completo […] y expulsaré a cualquiera que no sea un activo neto para Estados Unidos o que sea incapaz de amar a nuestro país”, escribió.
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Dentro de esa visión, los subsidios federales constituyen -según el mandatario- un incentivo que atrae a personas sin vínculos reales con el país.
En consecuencia, su eliminación se vuelve un objetivo prioritario para “restaurar la funcionalidad” del sistema estadounidense.
A la retirada de beneficios sociales se suma la amenaza de desnaturalización de migrantes ya asentados que -en palabras del presidente estadounidense- “socaven la tranquilidad nacional”, así como la deportación de “cargas públicas”, individuos que reciban asistencia pública o que sean considerados “incompatibles con la civilización occidental”.
Subsidios bajo fuego: ¿Cuáles están en la mira?
Aunque Trump no detalló específicamente a qué subsidios federales se refiere, su administración ha criticado en múltiples ocasiones el acceso de migrantes a programas como:
-Medicaid y otras formas de seguro médico público.
-Asistencia alimentaria (SNAP).
-Créditos fiscales por hijos (Child Tax Credit).
-Ayudas para vivienda subsidiada.
-Becas y subsidios educativos.
En sus propias palabras, el sistema actual “beneficia a los migrantes a expensas de los ciudadanos”:
“Un migrante que gana $30,000 con una tarjeta de residencia recibirá aproximadamente $50,000 en beneficios anuales para su familia”, afirmó en otra publicación.
Más allá del cuestionamiento sobre la veracidad de estas cifras, el mensaje es inequívoco: eliminar cualquier tipo de asistencia pública que llegue a personas no nacidas en EE.UU., incluso si están legalmente en el país.
Un discurso que criminaliza la asistencia social
Trump vincula la migración con múltiples males sociales: desde el colapso de los servicios públicos hasta la criminalidad. En su narrativa, el acceso de migrantes a los subsidios no solo representa un gasto, sino una amenaza existencial para la nación.
“Esta carga de refugiados es la principal causa de disfunción social en Estados Unidos: escuelas fallidas, alta criminalidad, deterioro urbano, hospitales saturados, escasez de viviendas y grandes déficits”, enumeró.
La retórica no distingue entre solicitantes de asilo, refugiados, residentes permanentes o migrantes indocumentados. Todos son presentados como una carga para el sistema, y el objetivo declarado es su eliminación como beneficiarios de cualquier forma de ayuda federal.
El caso afgano como catalizador
El endurecimiento de la postura presidencial coincide con un caso reciente que Trump ha utilizado para reforzar su narrativa. Un ciudadano afgano, Rahmanullah Lakanwal, ingresado a través del puente aéreo humanitario de 2021, disparó contra dos miembros de la Guardia Nacional en Washington D.C., matando a una soldado e hiriendo a otro.
“Esto es parte del horrendo puente aéreo desde Afganistán. Cientos de miles de personas llegaron a nuestro país sin ningún tipo de control ni verificación”, denunció el presidente, junto a una imagen de afganos hacinados en un avión militar.
Trump aprovechó el hecho para reiterar su desconfianza hacia los procesos de refugio y asilo humanitario, y como justificación para endurecer aún más su política migratoria.
Cubanos, venezolanos y una “lista negra” bajo revisión
Dentro de esta cruzada, su gobierno ha ordenado revisar miles de Green Cards concedidas a ciudadanos de 19 países, entre ellos Cuba, Venezuela, Irán, Somalia, Haití y Afganistán.
La medida abarca incluso casos de reunificación familiar, asilo y parole humanitario, y puede derivar en la revocación de residencias ya otorgadas.
Simultáneamente, el Departamento de Seguridad Nacional revisa casos de asilo aprobados bajo la administración anterior, con atención especial a “países sensibles”.
Las declaraciones de Trump cristalizan una ideología que concibe la migración no como fenómeno humano, sino como una amenaza a eliminar.
La suspensión de visados, la deportación masiva, la desnaturalización y ahora la eliminación de subsidios federales a no ciudadanos, apuntan a un horizonte político sin precedentes.
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