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El régimen cubano sigue con inquietud –y mucha preocupación– la creciente presión militar de Estados Unidos sobre Venezuela y la firme postura del secretario de Estado, Marco Rubio, ante el dictador de Nicolás Maduro, una combinación que, según expertos, podría precipitar un nuevo golpe económico para La Habana.
Según un reporte de la agencia EFE, la alarma del régimen cubano se centra en las posibles repercusiones políticas y económicas de un cambio de poder en Caracas, principal aliado energético y financiero de la isla.
Analistas consultados por la agencia señalaron que la pérdida del apoyo venezolano representaría un duro golpe para la debilitada economía cubana.
El exdiplomático y analista Carlos Alzugaray indicó que en La Habana “hay consternación” por la posibilidad de un conflicto entre Estados Unidos y Venezuela que podría “derramarse hacia Cuba”, donde la situación interna ya es descrita como una “policrisis” marcada por la inflación, la escasez y los apagones prolongados.
Por su parte, el cubanoamericano Ricardo Herrero, director ejecutivo del Cuba Study Group, explicó a EFE que el régimen percibe “el riesgo de perder su principal aliado y los subsidios de petróleo” justo cuando enfrenta una economía en colapso.
Cuba recibe actualmente de Venezuela unos 32,000 barriles diarios, cerca de una cuarta parte de sus necesidades energéticas.
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Herrero agregó que, sin ese suministro, la isla se vería obligada a recurrir a fuentes más costosas como México o Rusia, lo que agravaría la inflación, el desabastecimiento y el malestar social.
Además, advirtió que la pérdida de Caracas como socio obligaría a La Habana a una mayor dependencia de Moscú y Pekín en un contexto de creciente rivalidad con Washington.
El canciller cubano, Bruno Rodríguez, calificó recientemente la presencia militar de Estados Unidos en el Caribe como una “locura” y una “violación del derecho internacional”, afirmando que la estrategia de Washington responde a “objetivos guerreristas” que solo traerán “violencia e inestabilidad”.
Alzugaray, sin embargo, cree que la eventual caída del chavismo no necesariamente significaría el fin del régimen cubano.
“Cuba ha tenido una gran resiliencia. Es posible que logre resistir, aunque los desafíos actuales son mucho más graves que en el pasado”, afirmó.
Ambos expertos coincidieron en que la economía cubana se encuentra en una posición de extrema fragilidad, y que la desaparición del apoyo venezolano podría acelerar su deterioro estructural, con efectos directos sobre la energía, el transporte y los servicios básicos.
Impacto de la posible caída de Maduro en el régimen cubano
¿Por qué teme el régimen cubano la caída de Maduro?
El régimen cubano teme que la caída de Maduro podría acelerar su propia crisis económica, ya que Venezuela es su principal aliado energético y financiero. La pérdida del suministro de petróleo venezolano dejaría a Cuba con menos de una cuarta parte de sus necesidades energéticas cubiertas, lo que agravaría la inflación, el desabastecimiento y el malestar social en la isla.
¿Cómo afecta la dependencia energética de Cuba a su situación actual?
Cuba depende en gran medida del petróleo venezolano para mantener su sistema eléctrico. Actualmente, recibe unos 32,000 barriles diarios de Venezuela, aproximadamente una cuarta parte de sus necesidades energéticas. Sin este suministro, la isla tendría que recurrir a fuentes más costosas como México o Rusia, lo que incrementaría aún más la inflación y la escasez en el país.
¿Qué factores internacionales agravan la vulnerabilidad del régimen cubano?
La falta de respaldo internacional efectivo agrava la vulnerabilidad del régimen cubano. Rusia, Irán y China, que en el pasado han sido aliados, ahora enfrentan sus propios desafíos y han reducido su apoyo. Además, la Unión Europea ha optado por distanciarse debido a las denuncias de violaciones de derechos humanos en la isla. Sin el apoyo de estos países, Cuba se enfrenta a una situación crítica.
¿Cuál podría ser el impacto social en Cuba si cesa el apoyo de Venezuela?
El cese del apoyo venezolano podría provocar un estado de parálisis general en Cuba, intensificando los apagones, el colapso del transporte y los servicios básicos, así como una nueva ola de protestas sociales. La población cubana, más informada y menos dócil que en el pasado, podría desafiar al régimen en busca de cambios significativos ante la falta de recursos y oportunidades.
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