¿Todo es por el petróleo?



Si el petróleo sirve para explicar la actuación de Estados Unidos en Venezuela, entonces también debería servir para explicar, con la misma honestidad, lo que han hecho China, Rusia, Irán y Cuba con el petróleo venezolano durante todos estos años.

Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA) © bilaterals.org
Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA) Foto © bilaterals.org

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En estos días, con todo lo que está pasando en Venezuela y el conflicto abierto con Estados Unidos, vuelve una explicación que muchos repiten casi de manera automática: “Todo esto es por el petróleo”.

Y sí, el petróleo está ahí. Siempre ha estado. Venezuela tiene una de las mayores reservas del mundo y eso nunca ha sido irrelevante. Pero cuanto más escucho esa frase, más claro tengo algo: usar el petróleo como explicación única no es análisis, es simplificación.

Porque si el petróleo sirve para explicar la actuación de Estados Unidos, entonces también debería servir para explicar, con la misma honestidad, lo que han hecho China, Rusia, Irán y Cuba con el petróleo venezolano durante todos estos años. Y ahí es donde el debate suele quedarse corto.

CHINA convirtió el petróleo venezolano en garantía de préstamos multimillonarios. Durante años prestó dinero que se pagaba, o se comprometía, con barriles futuros. Eso no es una teoría: es un modelo financiero conocido como préstamos por petróleo, que ató la producción venezolana a la deuda y condicionó su margen de maniobra económica. Fue negocio, fue estrategia energética y fue influencia política.

RUSIA, por su parte, actuó como intermediaria y sostén logístico. Facilitó la comercialización del crudo cuando PDVSA ya estaba debilitada, ayudó a mover petróleo en mercados difíciles, cobró deudas en barriles y aseguró presencia estratégica. No salvó a Venezuela: aseguró sus propios intereses en medio del colapso.

IRÁN entró en escena como socio de supervivencia. Intercambió combustible, tecnología y asistencia técnica por petróleo venezolano y alineamiento político. Ayudó a mantener refinerías operativas y a sortear sanciones, pero siempre bajo un esquema de intercambio claro: crudo a cambio de apoyo. Fue cooperación, sí, pero basada en necesidad e interés mutuo.


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CUBA tampoco fue un actor pasivo. Durante años recibió petróleo venezolano en condiciones preferenciales. Pero no sólo para consumo interno o intercambio de servicios. Parte de ese crudo fue utilizado como activo económico, revendido o integrado en esquemas comerciales con terceros países para obtener divisas. Un modelo que recuerda, con otros actores, a la dependencia que tuvo del petróleo de la Unión Soviética durante la Guerra Fría. No fue altruismo: fue supervivencia económica usando el petróleo como negocio.

Y mientras todo esto ocurría, hay un actor que no se puede seguir dejando fuera del análisis: el propio poder interno venezolano.

El deterioro brutal de PDVSA no fue una fatalidad histórica ni una conspiración externa. Fue el resultado de corrupción, politización, mala gestión y del uso del petróleo como herramienta de control y permanencia en el poder, no como motor de desarrollo. Ahí también hubo expolio. Desde dentro.

Por eso, cuando ahora algunos reducen todo lo que ocurre a “Estados Unidos quiere petróleo”, siento que se está contando sólo una parte de la historia. Una parte cómoda. Una parte que evita hablar de cómo el régimen encabezado por Nicolás Maduro utilizó la riqueza petrolera para mantenerse mientras el país se desmoronaba.

Y también evita reconocer algo clave: la captura de Maduro y el conflicto actual van más allá del petróleo, aunque el petróleo esté sobre la mesa. Hay acusaciones graves, años de tensiones acumuladas y un colapso institucional previo que explica por qué Venezuela llegó a este punto de vulnerabilidad extrema. Reducirlo todo a una sola causa no aclara nada; lo oscurece.

Esto no va de defender a Estados Unidos ni de justificar intervenciones. Estados Unidos actúa por intereses, como todas las potencias. Pero creer que los demás actores fueron “buenos”, mientras sólo uno fue “malo”, no es pensamiento crítico: es relato ideológico.

Y termino con algo que creo necesario decir con claridad. Quien, después de todo esto, siga viendo el problema venezolano sólo desde una parte, negando el papel de unos y exagerando el de otros, no se está posicionando con la verdad histórica ni con la realidad de lo que ha sucedido durante todos estos años. Se está posicionando política o ideológicamente.

Eso es legítimo. Pero no es lo mismo que ser honesto con los hechos. Yo, al menos, prefiero incomodarme con la realidad completa antes que tranquilizarme con una consigna. Porque sólo entendiendo el cuadro entero se evita repetir la misma historia.

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Lázaro Leyva

Médico cubano, especialista en Medicina Interna. Reside en España y escribe con mirada crítica sobre la crisis sanitaria y social de Cuba.


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