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La administración del presidente Donald Trump estaría trabajando activamente para provocar un cambio político en Cuba antes de que concluya el año, según una extensa investigación publicada por The Wall Street Journal.
De acuerdo con funcionarios estadounidenses citados por el diario, Washington ve una “ventana de oportunidad histórica” para presionar al gobierno cubano hasta su colapso, en un contexto de deterioro económico sin precedentes y creciente aislamiento regional.
Aunque no existe un plan militar declarado ni un cronograma oficial, la estrategia de la Casa Blanca apunta a una intensificación de las presiones económicas, diplomáticas y simbólicas sobre el régimen cubano, al tiempo que busca interlocutores internos dispuestos a negociar una eventual transición.
Contactos discretos y búsqueda de interlocutores en La Habana
En paralelo a las medidas de presión pública, el gobierno estadounidense ha intensificado sus contactos discretos con la comunidad cubana en el exilio y con líderes cívicos en ciudades como Miami y Washington.
¿El objetivo?: Identificar posibles figuras dentro del aparato estatal cubano que “vean lo que se avecina” y estén dispuestas a negociar una salida pactada.
De acuerdo con el Wall Street Journal, se han celebrado múltiples reuniones privadas en las que se habría solicitado información sobre funcionarios o militares cubanos “dispuestos a entender el momento histórico” y romper con la cúpula.
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Una economía “al borde del colapso” y sin el salvavidas venezolano
Las evaluaciones de inteligencia estadounidenses describen un panorama sombrío en Cuba: escasez crónica de productos básicos, falta de medicamentos, apagones prolongados y una contracción productiva severa.
A esto se suma la pérdida del respaldo venezolano tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el pasado 3 de enero, un hecho que, según altos funcionarios, dejó a Cuba sin su principal proveedor de petróleo subsidiado.
“Cuba parece que está a punto de caer. No sé cómo van a poder mantenerse, no tienen ingresos. Recibían todos sus ingresos de Venezuela, del petróleo venezolano”, declaró Donald Trump en días recientes en una entrevista a bordo del Air Force One.
El gobierno estadounidense considera que este debilitamiento extremo del modelo cubano crea condiciones favorables para empujar una salida política.
“La economía de la isla está cerca del colapso”, dijeron al Journal personas familiarizadas con las discusiones internas.
La operación en Venezuela como modelo de advertencia
Funcionarios de la administración Trump reconocen que la operación militar en Caracas -que resultó en la captura de Maduro y la muerte de al menos 32 soldados y agentes cubanos- sirvió como un “modelo exitoso” de acción encubierta con participación de informantes desde dentro del régimen.
Según el Journal, la Casa Blanca espera replicar una estrategia similar en Cuba.
“Los gobernantes de Cuba son marxistas incompetentes que han destruido su país”, expresó un alto funcionario de la Casa Blanca, subrayando que “deben hacer un trato antes de que sea demasiado tarde”.
La advertencia quedó también plasmada en redes sociales. El pasado 11 de enero, Trump publicó en su plataforma Truth Social: “Sugiero encarecidamente que lleguen a un acuerdo, ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE”.
Sanciones económicas y castigos simbólicos
La estrategia de Washington se apoya también en un endurecimiento de las sanciones económicas. Entre las medidas más recientes destacan:
-Restricciones migratorias contra funcionarios cubanos vinculados a las misiones médicas en el exterior, consideradas por EE. UU. como una forma de trabajo forzado estatal.
-Presión diplomática sobre países receptores de médicos cubanos para limitar el alcance del programa.
-Amenaza de corte total del petróleo mediante vigilancia naval reforzada y presión sobre posibles suministradores alternativos.
El Departamento de Estado señaló en un comunicado que es de interés estratégico para la seguridad nacional de EE. UU. que Cuba “cuente con un gobierno democrático y no albergue servicios militares ni de inteligencia de potencias adversarias”.
La reacción de La Habana y los apoyos externos
Desde Cuba, Miguel Díaz-Canel rechazó de forma tajante cualquier negociación bajo presión.
“No hay rendición ni capitulación posible”, afirmó en un acto reciente.
El régimen también ha movilizado manifestaciones oficiales y mensajes de unidad ante lo que describe como una “agresión imperialista”.
A nivel internacional, Rusia expresó su respaldo a La Habana y calificó la estrategia de Washington como “chantaje y amenazas”, en línea con su fortalecida alianza geopolítica con la isla.
Un legado político para Trump y sus aliados en Florida
Según el Journal, Trump considera que lograr el fin del régimen cubano consolidaría su legado histórico en política exterior.
La causa del anticastrismo ha sido una bandera constante en su discurso, en sintonía con sectores influyentes del exilio cubano y figuras clave de su administración, como el secretario de Estado Marco Rubio.
“Los halcones anticomunistas de la administración siempre han tenido la sensación de que este lugar es tan pequeño y tan cercano que es una verdadera humillación que se permita que siga como está”, opinó David Smith, experto en política exterior de la Universidad de Sídney, entrevistado por Al Jazeera.
¿Un “hueso más duro de roer” que Venezuela?
Pese al optimismo en Washington, algunos analistas advierten sobre las diferencias estructurales entre Cuba y Venezuela. Ricardo Zúñiga, exfuncionario de la administración Obama que participó en el deshielo bilateral entre 2014 y 2017, subrayó: “El régimen cubano es un hueso mucho más duro de roer”.
A diferencia de Caracas, en Cuba no existe una oposición organizada ni protestas frecuentes que pudieran alimentar una salida negociada interna.
Además, como señaló Smith, el régimen cubano ha sobrevivido seis décadas de sanciones, intentos de asesinato, aislamiento diplomático y crisis económicas profundas.
La lealtad del aparato represivo y la opacidad del funcionamiento interno del poder en la isla siguen siendo factores que dificultan cualquier apuesta externa por el colapso.
La Casa Blanca parece decidida a jugar su carta más ambiciosa en América Latina: forzar el fin del comunismo cubano, algo que numerosos presidentes estadounidenses no lograron.
En palabras de un funcionario citado por el Wall Street Journal: “Este es el momento. Si no actuamos ahora, quizás no tengamos otra oportunidad en décadas”.
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