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¿Cómo es posible que el régimen cubano hable ahora de un “porciento” de pacientes con secuelas del chikungunya, cuando hace apenas un mes su propio portal de la Presidencia de Cuba reportaba que, solo en Matanzas, 5,000 personas habían sido atendidas y el 60% de ellas necesitaba rehabilitación?
El contraste entre ambas informaciones oficiales no solo revela una falta de coherencia, sino una estrategia deliberada de opacidad que el gobierno emplea para maquillar su fracaso en el control de la epidemia.
El 24 de diciembre, en una reunión de expertos encabezada por el gobernante Miguel Díaz-Canel, el matemático Raúl Guinovart aseguró que los modelos predictivos “pronosticaban el control total de la epidemia a inicios de año”.
La viceministra de Salud, Carilda Peña García, reforzó el mensaje con cifras supuestamente alentadoras: una reducción del 25% en los síndromes febriles y el ingreso del país en un “canal de éxito” epidemiológico.
Sin embargo, el mismo reporte incluyó —casi escondido al final— un párrafo que desmentía esa euforia: “En Matanzas, por ejemplo, se han atendido a más de 5,000 pacientes, y cerca del 60% ha necesitado algún servicio de rehabilitación”.
Ese dato, que equivale a unos 3,000 enfermos con secuelas crónicas solo en una provincia, bastaba para cuestionar la narrativa triunfalista de “control total”.
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La magnitud del daño ya era entonces evidente. Si existían miles de afectados con secuelas persistentes en un solo territorio, la extensión nacional del problema debía ser mucho mayor.
Un mes después, el 19 de enero, en otra reunión de expertos también dirigida por Díaz-Canel, la Presidencia omitió por completo las predicciones de Guinovart y el tema de los modelos matemáticos.
En su lugar, el encuentro se centró en presentar los “alentadores resultados” del fármaco Jusvinza, un medicamento experimental reposicionado para tratar la inflamación postviral.
Fue allí cuando el reumatólogo Miguel Hernán Estévez del Toro habló de un “porciento” de pacientes que desarrollará una artropatía crónica inflamatoria.
La expresión, vaga e imprecisa, sustituyó las cifras concretas del mes anterior.
De las cifras al silencio
La comunicación oficial pasó así de los números al discurso vacío.
Lo que en diciembre eran miles de casos con necesidad de rehabilitación se convirtió en enero en una estimación abstracta imposible de verificar. Ni el MINSAP ni el portal de la Presidencia ofrecieron explicación alguna sobre esa pérdida de información.
Tampoco se publicaron actualizaciones epidemiológicas, ni se evaluó el incumplimiento de las predicciones de Guinovart, que hablaban de un control “a principios de año”.
Esta mutación narrativa no es un error: es una estrategia de comunicación del régimen. El gobierno alterna el triunfalismo técnico con la ambigüedad informativa para mantener la ilusión de control sin reconocer su ineficacia.
Cuando las cifras son favorables, se exhiben como éxitos nacionales; cuando se vuelven comprometedoras, se diluyen en frases como “un porciento” o “resultado de país”.
El silencio sobre los modelos matemáticos y la desaparición de los datos de Matanzas confirman que el régimen sabía desde diciembre que enfrentaba una ola de casos crónicos.
Sin embargo, eligió ocultar la magnitud del problema y reemplazar el debate sanitario por un mensaje propagandístico en torno a Jusvinza, presentado como símbolo de “resiliencia científica”.
Propaganda sanitaria en lugar de transparencia
El cambio de tono entre ambas reuniones no solo evidencia contradicción: expone la manipulación sistemática del discurso de salud pública en Cuba.
El régimen no busca informar ni rendir cuentas, sino controlar el relato y proteger la imagen del gobernante. El resultado es una comunicación que se aleja de la verdad científica y abandona a la población a la incertidumbre.
De los 3,000 pacientes con secuelas documentados en Matanzas, el país pasó a un “porciento” que nadie se atreve a precisar.
Una transformación que no responde a la ciencia, sino al cálculo político de un régimen que convierte cada epidemia en propaganda y cada dato en un secreto de Estado.
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