
Vídeos relacionados:
El viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, publicó un mensaje en redes sociales en el que arremetió contra las sanciones de Estados Unidos y acusó a los promotores de las políticas hacia la isla de “pensar que los cubanos tienen la cabeza hueca”.
Según el funcionario, las críticas sobre el destino del combustible importado por Cuba forman parte de una “guerra cognitiva” para confundir a la población.
En su texto, defendió que el petróleo que llega al país se usa “para producir energía eléctrica, transportar al pueblo y mantener los servicios básicos”, y sostuvo que quienes denuncian desvíos o privilegios simplemente “repiten sandeces extraordinarias”.
Pero el discurso de Fernández de Cossío, más que aclarar, confirmó el desgaste del lenguaje oficial del régimen.
Habló de una guerra “cognitiva”, pero no respondió por qué el pueblo cubano sigue viviendo asediado por los apagones, con transporte colapsado y hospitales sin combustible para operar sus plantas eléctricas.
Afirmó que el petróleo “se destina al bienestar del pueblo”, aunque la población lleva años soportando cortes de luz diarios, largas colas en gasolineras y una economía paralizada por la falta de energía.
La narrativa de la “agresión externa” volvió a aparecer como coartada para justificar lo injustificable: un Estado incapaz de gestionar sus propios recursos, atrapado en la retórica de los años 80, entrampado en sus propias mentiras y manipulaciones, y corrupto hasta la médula.
El problema para el régimen es que ese relato ya no convence a nadie. Los cubanos saben que no hace falta una “guerra cognitiva” para comprender lo que viven a diario: la ineficiencia, el despilfarro y la falta de transparencia de un sistema que se aferra a un discurso desgastado mientras el país se apaga.
En Cuba, las cabezas no están huecas. Lo que está hueco es el poder totalitario, y también el discurso oficial que intenta justificarlo.
Archivado en: