En menos de 24 horas, el humorista cubano Ulises Toirac ha desmontado por segunda vez con ironía y lucidez el discurso oficial del gobierno sobre la crisis.
En una nueva y extensa publicación publicada en Facebook, el también actor y guionista ha arremetido contra el llamado a resistir más sacrificios en un país donde -según apunta- ya no se vive, se sobrevive.
Lejos del sarcasmo superficial, Toirac lanza una estocada directa al triunfalismo gubernamental, al cuestionar la legitimidad de seguir exigiendo esfuerzo a quienes ya lo han dado todo, mientras otros viven en una burbuja de privilegios.
Toirac ha puesto el foco donde más duele: no es posible seguir pidiendo sacrificios en un país donde millones sobreviven con hambre, apagones e inflación, mientras una minoría permanece en la opulencia.
“La situación personal cuenta, claro”, escribe, antes de resumir el drama de muchos cubanos: “Ya está malcomiendo una vez al día, con más apagón que un cocuyo disléxico y una inflación por la cual gasta más en transporte pa' ir al trabajo que lo que cobra”.
Pero no se queda en la queja. El humorista propone “un esfuercito” de abstracción para pensar el país, aunque el panorama no mejora con distancia.
La frase de Díaz-Canel “vendrán tiempos difíciles” no es para él un punto de partida, sino una confirmación de que el país lleva tiempo en crisis y ahora se prepara para hundirse aún más.
“Ya desde hace dos años, la falta de combustible ha venido renqueando”, señala; y describe cómo eso paraliza el país: “No hay quien trabaje donde el combustible no permite moverse, o conectarse, encender una computadora o… Se jodió la riqueza”.
El sacrificio como abuso: Desigualdad disfrazada de épica
La crítica más demoledora de Toirac no es técnica, sino moral. Cuestiona la legitimidad del discurso oficial que insiste en convocar al sacrificio nacional cuando la mayoría ya no tiene nada más que ofrecer.
Y lo resume en una frase lapidaria: “Sacrificio (ya va siendo hora de decirlo) es sacrificar la vida”.
A partir de ahí, lo que desnuda es la inmoralidad de la desigualdad, no como resultado, sino como punto de partida de un sistema que no reparte ni el dolor ni la responsabilidad.
“Cuando hay gente en el más absoluto desamparo mientras otros viven en una opulencia que les hace desconectarse del resto”, advierte, el discurso épico pierde toda autoridad.
La economía ignorada, la política desconectada
Toirac también recuerda cómo la conducción del país ha ignorado durante años voces, propuestas e ideas que se salían del libreto.
“Nunca se oyó la opinión diferente, no se escuchó al opuesto (que en muchos muchísimos casos no era opuesto al sistema sino a ‘algo’ que se quería imponer)”, y a quienes alertaban se les tachaba de estar “al servicio del enemigo”.
A ese desprecio por el conocimiento económico, Toirac le contrapone una verdad simple: “La economía no es capitalista ni socialista, es simplemente economía”.
E ironiza con una cita del cantautor Carlos Varela, al que inmortaliza como "académico": “La política no cabe en la azucarera”.
El resultado, dice, es que los planes actuales no están pensados para sacar al país del abismo, sino para ganar tiempo, lo cual solo agrava el daño,“porque de lo contrario… es dilatar la agonía. Y seguir la exterminación”.
La advertencia final: cuando el país ya no da más
Ulises Toirac no está haciendo humor... Su mensaje no es solo un desahogo personal: es un llamado a la lucidez colectiva.
La Cuba de hoy no está resistiendo: está agotándose, y persistir en pedirle más al pueblo mientras se protege a los privilegiados, no es gobernar: es dejar morir.
Y ahí, precisamente, lanza su advertencia más dura: seguir exigiendo más al que ya no tiene nada no es resistencia, es una forma de exterminio social.
Es dilatar la agonía de un país al borde del colapso. Es pretender que de este guion pueda salir otro final, cuando hace tiempo ya se acabó la película.
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