Este 24 de febrero se cumplen cuatro años del inicio de la invasión rusa a gran escala contra Ucrania, el mayor conflicto armado en Europa desde 1945.
Lo que el Kremlin presentó como una “operación militar especial” para doblegar rápidamente a Kiev se transformó en una guerra prolongada de desgaste que ha redefinido la seguridad del continente, ha provocado millones de desplazados y ha dejado miles de víctimas civiles.
En este contexto, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, volvió a poner cifras al precio que, según Kiev, está pagando Rusia en el campo de batalla.
“Ucrania mata entre 30,000 y 35,000 rusos al mes desde el pasado diciembre. Vemos una pérdida neta de 8.000 a 10.000 efectivos por mes en el ejército ruso. Un kilómetro les cuesta 157 soldados muertos”, afirmó en declaraciones difundidas por Clash Report.
El mandatario ya había ofrecido cifras similares el 16 de diciembre de 2025 durante un discurso ante el Parlamento de los Países Bajos. “Putin no cree en la gente. Solo cree en el poder y el dinero. Pierde la vida de unos 30,000 soldados en el frente cada mes. 30.000 muertos al mes, sin heridos. Hubo un mes en el que murieron 25,000 rusos. Otro mes, 31,000”, declaró entonces.
Según Zelenski, aunque Rusia moviliza hasta 44,000 soldados mensuales para sostener el esfuerzo bélico, el balance actual refleja una pérdida neta de entre 8,000 y 10,000 militares rusos cada mes en territorio ucraniano. De confirmarse, estas cifras indicarían no solo un alto nivel de letalidad en el frente, sino un desgaste estructural en la capacidad operativa rusa.
Si bien estos datos no pueden verificarse de forma independiente en tiempo real y forman parte de la narrativa oficial de Kiev, coinciden con evaluaciones de centros de análisis que describen el conflicto como una guerra de desgaste de altísima intensidad, con avances territoriales limitados y enormes costos humanos.
Avances recientes y dinámica del frente
Zelenski aseguró además que Ucrania ha recuperado aproximadamente 300 kilómetros cuadrados desde comienzos de 2026.
El dato contrasta con 2024, cuando Kiev perdió alrededor de 4,200 kilómetros cuadrados en el conjunto del año, lo que sugiere un cambio en la dinámica de algunos sectores del frente.
Informes recientes del Institute for the Study of War (ISW) y otros centros especializados apuntan a que las fuerzas ucranianas han logrado avances tácticos puntuales al explotar vulnerabilidades en las comunicaciones y en la cadena de mando rusa.
Problemas en sistemas de coordinación, incluidos los relacionados con el acceso a tecnologías como Starlink en el campo de batalla, habrían reducido temporalmente la capacidad de respuesta rusa en determinadas zonas.
No se trata de un vuelco estratégico decisivo, pero sí de movimientos que reflejan la capacidad de adaptación del ejército ucraniano tras cuatro años de guerra. En un conflicto donde cada kilómetro se disputa con artillería, drones y asaltos de infantería, pequeñas rupturas pueden traducirse en ganancias relevantes.
Rusia, por su parte, mantiene una estrategia de presión constante mediante ataques con drones y misiles de largo alcance contra infraestructuras energéticas y objetivos urbanos.
Estas ofensivas, especialmente intensas durante el invierno, han provocado cortes de electricidad y daños en instalaciones críticas, afectando a millones de civiles y generando nuevas denuncias por ataques indiscriminados.
Cuatro años de denuncias por crímenes de guerra
Desde los primeros meses de la invasión, organismos internacionales y organizaciones de derechos humanos documentaron presuntas ejecuciones extrajudiciales, torturas, bombardeos indiscriminados y ataques contra infraestructura civil.
La ciudad de Bucha se convirtió en símbolo de estas denuncias tras el hallazgo de civiles muertos en sus calles luego de la retirada de tropas rusas en la primavera de 2022. Mariúpol, prácticamente arrasada tras un asedio devastador, y Járkov, sometida a bombardeos reiterados, figuran entre los casos más citados en investigaciones sobre posibles crímenes de guerra.
Moscú ha rechazado sistemáticamente estas acusaciones. Sin embargo, investigaciones siguen abiertas en instancias internacionales, mientras Ucrania insiste en que los responsables deberán rendir cuentas.
El patrón de ataques contra infraestructuras energéticas y zonas residenciales ha sido uno de los puntos más controvertidos del conflicto. Kiev sostiene que estas acciones buscan quebrar la resistencia civil mediante el desgaste y el terror, más que obtener ventajas militares directas.
Inteligencia, tecnología y negociación
En sus declaraciones más recientes, Zelenski también abordó la cooperación con Estados Unidos en materia de inteligencia. Subrayó que Washington sigue proporcionando información vital, especialmente alertas sobre ataques con misiles, misiles balísticos y drones.
No obstante, reconoció que Ucrania no siempre recibe todo lo que solicita, en particular en relación con objetivos de largo alcance.
El presidente dejó claro que no responsabiliza a Washington por estas limitaciones y recordó que Ucrania ahora dispone de capacidades de producción nacional de armas de mayor alcance, algo que no tenía al inicio del conflicto.
En el plano diplomático, Zelenski reveló que interlocutores estadounidenses y rusos han sugerido que un final rápido de la guerra implicaría que Ucrania se retire del Donbás. El mandatario reiteró que la integridad territorial no es negociable y que la soberanía del país incluye tanto el territorio como la infraestructura estratégica.
Estas declaraciones subrayan que, pese a los contactos diplomáticos, las posiciones centrales siguen alejadas. Mientras Moscú mantiene reivindicaciones territoriales, Kiev insiste en la restitución de su integridad territorial.
El costo para el Kremlin
Zelenski ha insistido en que el liderazgo ruso no presta atención al número de muertos, pero sí al impacto financiero de la guerra.
“Los rusos no cuentan sus muertos, sino cada dólar, cada euro que pierden. Por eso se necesita una decisión contundente sobre el dinero ruso”, afirmó en diciembre ante parlamentarios neerlandeses, en referencia a los activos rusos congelados en Europa, según el medio Ukrainform.
Las sanciones occidentales, el aislamiento financiero y las restricciones tecnológicas han presionado a la economía rusa. Aunque el Kremlin ha buscado mitigar el impacto mediante nuevas alianzas comerciales y energéticas, el esfuerzo militar sostenido durante cuatro años supone una carga significativa.
Cuatro años después del inicio de la invasión, el balance es devastador: miles de civiles muertos, ciudades destruidas, infraestructuras críticas dañadas y millones de desplazados. En el frente, las bajas continúan acumulándose mes tras mes.
Sin una solución diplomática clara en el horizonte y con un conflicto que sigue activo, el cuarto aniversario encuentra a Ucrania resistiendo y a Moscú enfrentando un desgaste militar, económico y reputacional que, según Kiev, no deja de crecer.
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