Miguel Díaz-Canel afirmó que la revolución cubana eliminó "todas las miserias, los males" que existían en la isla y que los cubanos tienen hoy "más cosas y más derechos asegurados que en cualquier otro momento de la historia".
Las declaraciones forman parte de una entrevista concedida al exlíder de Podemos Pablo Iglesias durante su visita a Cuba, un fragmento de la cual fue publicado este lunes en la cuenta de X del comunista español y acumuló más de 142.000 visualizaciones.
La entrevista, que se emitirá en Canal Red América Latina, surgió en el marco del convoy internacional "Nuestra América", que trasladó más de 20 toneladas de ayuda humanitaria a la isla.
En el clip difundido, Díaz-Canel también respondió sobre el gesto viral del cantautor Silvio Rodríguez, quien el 20 de marzo recibió un fusil AKM real en una ceremonia oficial del Día Nacional de la Defensa tras exigir públicamente el arma en su blog ante las amenazas del presidente Donald Trump.
Díaz-Canel calificó el gesto de Silvio de "simbólico" y lo presentó como expresión de la voluntad popular: "Eso que dice Silvio es un símbolo de cuál es la convicción de la mayoría del pueblo cubano".
Al mismo tiempo, insistió en que Cuba no busca el enfrentamiento: "Nosotros no queremos guerra. Nosotros queremos diálogo", aunque añadió que él y su familia están dispuestos a dar la vida por la revolución.
El gobernante invocó "una historia de más de 150 años de revolución" para justificar su discurso y enumeró los males que, según él, el proceso revolucionario erradicó: la humillación colonial, la neocolonia, los gobiernos "lacayos" de Estados Unidos y el dominio de empresas norteamericanas sobre los recursos cubanos.
"Aún en estos tiempos difíciles, en Cuba las personas tenemos más cosas y más derechos asegurados que en cualquier otro momento de la historia. Y eso no se pierde", sostuvo.
Estas afirmaciones contrastan de forma radical con la situación que vive la población cubana. La isla lleva tres meses sin recibir diésel ni fuel oil, con apagones de entre 20 y 30 horas diarias que afectan al 64% del territorio. El Economist Intelligence Unit proyecta una contracción económica del 7,2% en 2026, lo que representa una caída acumulada del 23% desde 2019.
Díaz-Canel también reveló en la entrevista que Cuba ejecuta un "plan de elevación de la preparación para la defensa de todo el pueblo", basado en la doctrina de la "Guerra de Todo el Pueblo".
Describió el plan como defensivo y de participación popular: "Cada cubano sabe qué posición, qué misión tiene que jugar en la defensa y la mayoría de nuestro pueblo está dispuesto". En febrero, el gobernante ya había supervisado maniobras militares en acceso a La Habana.
La visita de Iglesias a Cuba generó una ola de críticas entre cubanos dentro y fuera de la isla, que señalaron la contradicción de relativizar la crisis cubana tras reunirse con el Partido Comunista. Una cubana residente en España llegó incluso a retar a Pablo Iglesias a vivir un mes en una casa cubana.
La entrevista a Díaz-Canel fue calificada por numerosos observadores como un ejercicio de propaganda del régimen en medio de la peor crisis humanitaria que atraviesa la isla en décadas.
Entre el relato oficial y la evidencia histórica
Las afirmaciones de Díaz-Canel sobre una supuesta erradicación total de “miserias y males” en Cuba responden a un relato político que mezcla hechos reales con distorsiones significativas.
La evidencia histórica y los datos de organismos internacionales muestran un panorama mucho más complejo que contradice la narrativa oficial.
Antes de 1959, Cuba no era un país arrasado ni carente de servicios básicos, como sostiene el discurso oficial. Por el contrario, se encontraba entre las economías más avanzadas de América Latina en varios indicadores clave.
A finales de los años 50, la isla registraba una de las tasas de mortalidad infantil más bajas de la región, una esperanza de vida cercana a los 62 años (de las más altas) y niveles de ingreso per cápita que la situaban entre los primeros puestos del continente. El acceso a la educación y la salud existía, aunque no de forma universal ni equitativa.
Es cierto que el país enfrentaba problemas estructurales importantes. Existía una marcada desigualdad entre zonas urbanas y rurales, amplios sectores campesinos vivían en condiciones precarias y la economía dependía fuertemente del azúcar y del mercado estadounidense.
Además, la presencia de capital extranjero, especialmente de Estados Unidos, era significativa en sectores estratégicos. Sin embargo, estas empresas no operaban al margen del país: generaban empleo, inversión y pagaban impuestos, aunque también contribuían a una dependencia económica real.
Tras 1959, el nuevo sistema amplió de manera considerable la cobertura de servicios sociales, especialmente en educación y salud, llevándolos a niveles prácticamente universales. No obstante, estos avances no partieron de un vacío previo, como sugiere la propaganda, sino que se construyeron sobre una base ya existente.
El contraste más relevante aparece en la actualidad. Mientras el gobierno insiste en hablar de “más derechos y más garantías”, organismos internacionales alertan sobre una crisis profunda: contracción económica sostenida, escasez de alimentos, medicamentos y combustible, así como un deterioro general de las condiciones de vida.
En términos relativos, Cuba ha pasado de estar entre las economías más dinámicas de la región a una posición rezagada, con una fuerte dependencia estatal y severas limitaciones materiales.
En este contexto, la narrativa oficial no resiste una comparación rigurosa. La revolución no transformó un país sin desarrollo en uno próspero, sino que modificó un modelo desigual y dependiente, sustituyéndolo por otro que, pese a relativos logros sociales, ha derivado en una crisis estructural prolongada y en la restricción de libertades fundamentales.
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